Friday 20 de January de 2017

425 aniversario de Zacatecas ¿celebración?

     21 Dec 2011 04:00:00

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Se entera uno que, con la frescura de una lechuga, el cabildo del honorable Ayuntamiento de Zacatecas celebrará el próximo 4 de enero la fundación de la ciudad.

Es curioso, al menos la oportunidad sirve para distinguir entre lo que es la fundación de un villorrio o asentamiento/fundo minero, y muy otro lo que es la condecoración de ser aquel lugar una ciudad y mucho más que eso todavía, ser reconocida por la máxima autoridad de la época, una ciudad singular por sus características y el perfil de sus habitantes.
Al margen de las disquisiciones históricas de si la fundación (el arribo de los conquistadores fue en un septiembre de 1546 o de 1548), lo que sí se sabe es que en 1585 el Rey Felipe II extendió el título de Ciudad a Zacatecas y que tres años después el título de Ciudad Muy Noble y Leal, así las cosas, en su primer momento el afán de los conquistadores fue meramente una empresa basada en la codicia por la plata que hubiera bajo los cerros de esta comarca, lo trascendente es que aquello evolucionó y la ciudad permaneció aunque hubo vaivenes en los ciclos de la bonanza minera.
Fue hasta ese 1585, cuando esa villa o fundo minero alcanzó el rango de ciudad a la vista y contemplación de la corona española, por eso se otorga el título y en 1588 se perfeccionan los merecimientos de la ciudad y obtiene el máximo galardón, que en esa época dispensaba el Rey la declaratoria de “Muy Noble y Leal”, que era una suerte de protección real a la categoría de la urbe y a sus aportaciones portentosas en la extracción de plata y en el esplendor del arte amerindio, que en el Siglo 18 alcanzara los momentos gloriosos y que se condensan en la fachada principal de la Catedral, primero Parroquia Mayor.
Luego vinieron los lastres del Siglo 19 con la bestialidad radical del General Jesús González Ortega exponente del expolio masivo de templos, la fundición de las pilas bautismales y los altares de plata maciza para “costear el gasto público”, la quema de libros de los acervos de los conventos jesuíticos y franciscanos y tantas barbaridades cometidas bajo ese furor por la desacralización jacobina de los monumentos religiosos, el caso más representativo la humillación del Templo de San Agustín, entregado a una logia masónica, raspadas sus fachadas y derruidas sus esbeltas torres campaniles.
El último momento crítico que reconocen los historiadores es el de 1914, tras la “Toma de la Ciudad” por el indómito Francisco Villa y sus huestes de forajidos que destruyeron la formidable Real Caja, la saquearon, amenazaron con profanar la Capilla alzada -como dijo el poeta al patrocinio de la Virgen- en la Bufa, de ahí que los fieles a hurtadillas hubieran bajado la imagen y alojada en los hogares para protegerla.
Y si después de cada crisis se puede explicar o justificar la refundación de la Ciudad, cabría preguntar ¿cuántas veces ha sido refundada Zacatecas? Formalmente acaso ninguna vez, después de ese 1546 o de ese 1585, pero lo que ha ocurrido en los recientes años merecerían una refundación, aunque ya no proclamada por los oficios gubernativos, que han sido más veces fuente de destrucción permisiva y de tolerancia destructiva, que de regeneración y rescate de los iconos que se han salvado de la incuria y de la ignorancia. Ojala que surgiera un movimiento cultural, libre de los gobernantes tan imantados a los intereses para dejar hacer y dejar pasar, y que declare en protesta enérgica clausurada la Ciudad por el vacío de autoridad, que la ha dejado irse al precipicio ante la mirada inútil de unos y de otros que se conforman y resignan con el paisaje burlado y ofendido.
Indudablemente, es válido hacer de la fecha un motivo de remembranza cívica, es pertinente aprovechar los aniversarios de la sedimentación urbana, ahí donde se originó un sitio que en su momento tuvo la relevancia que la hizo llegar a obtener la denominación de la “Civilizadora del Norte”. La interrogante es, si el asunto debe verse como una solemnidad de políticos que se toman la foto para fines personales y se toman el vino de honor con una suficiencia como si hubieran hecho algo digno de considerarse para asegurar que la ciudad heráldica -la que se evoca con el recuerdo de su advenimiento histórico-, naturalmente la ciudad y sus baluartes y el deber que perduren para así entregar a las generaciones venideras, el derecho a celebrar la efeméride con miras al ilimitado futuro.
Lo desalentador es que, en esto del festejo hay harto oportunismo y una frivolidad escandalosa. Deberían aprovechar la ocasión para celebrar el aniversario con un plan integral de rescate efectivo y visible que concilie a todos los actores públicos y privados, especialmente a la ciudadanía a recuperar la ciudad, acaso una verdadera refundación, pero a lo visto es mucho pedir.

fjacuqa@hotmail.com
twitter @f_javier_acunas
 




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