Thursday 19 de January de 2017

A conquistar la esfera pública

     15 Mar 2012 04:00:00

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El filósofo alemán Jürgen Habermas ha trazado como ruta para el desarrollo y el bienestar la descolonización de la esfera pública por parte de las mayorías.

Señala que los ciudadanos son parte de lo público en la medida que “se ocupan de los temas de interés general sin ser coaccionados”, garantizando coordinarse y reunirse libremente “y al mismo tiempo, expresar y hacer públicas sus opiniones también libremente”.
Ante el colapso de la política partidista, Raymundo Cárdenas Hernández me convenció, hace ya algunos años, de que el nuevo paradigma para orientar nuestra vida pública debía ser la construcción de ciudadanía.
Se trataba de renunciar a la tradicional conquista del poder; de entender que la transformación de México requería, como Fernando Escalante escribió en su ensayo “Ciudadanos Imaginarios”, de dejar de suponer que hay ciudadanos donde no existen, y particularmente de ampliar públicos.
Raymundo Cárdenas dedicó los últimos años de su etapa como senador a combatir al duopolio televisivo con intensidad. Entendió, cuando “el canto de las sirenas” atrapaba a la plana mayor de la izquierda mexicana (encabezada por Andrés Manuel López Obrador) que una reforma del Estado y un cambio de modelo económico serían imposibles mientras los poderes fácticos mantuvieran capturada a la opinión pública.
Afortunadamente, esa lucha ha convocado cada vez a más mexicanos, y esta semana tuvimos una muestra de ello en Zacatecas. Con el voluntarismo que caracteriza a Sergio Octavio Contreras, y la solidaridad de Imagen, la AMEDI y la “Open Society Foundations” se presentó el reporte que esta última organización preparó sobre medios digitales en México.
El informe advierte que los medios digitales y, especialmente, los hábitos de los usuarios, están cambiando a pasos agigantados.
Una primer transformación tiene que ver con la cobertura: entre 2005 y 2009, la televisión pasó de una cobertura del 92.8% a una del 95.1%, los aparatos de radio del 92.2% al 88.9% y las computadoras personales del 18.6% al 26.8%. La telefonía móvil pasó de una cobertura del 45.1% de la población en el 2005 a un 80.2% en el 2010, y ya son más del 5% de los mexicanos los que tienen acceso a internet desde su teléfono.
Asimismo, el día de hoy 22.5% de los mexicanos ve televisión de paga, aunque sólo el 2.5% lee revistas. El internet lo utiliza el 9%, y de sus usuarios, el 22% ven en leer el periódico su principal actividad.
¿Cuál es mi interpretación de estas tendencias? Que los mexicanos están apostando por la pluralidad, aun en medio de condiciones (como lo describe el reporte) de una exagerada concentración en los mercados y una conformación oligopólica de las industrias de la radio y la televisión.
Y la acotación pesimista tiene que ver con que, aunque es evidente una transición de la televisión abierta a la televisión de paga, también es alarmante que incluso en ese sector el Estado mexicano sea cómplice y promotor de la falta de competencia. Tan sólo a manera de ejemplo, el 40% del mercado de la televisión de paga le pertenece a empresas de las que Grupo Televisa es propietario.
Por eso es importante insistir en democratizar los medios de comunicación. El acceso a información de calidad no puede ser, exclusivamente, producto de un esfuerzo personal de aquellos a quienes su posición económica se lo permita.
La defensa de la sociedad de la información tiene muchos frentes. Uno de ellos es universalizar el acceso a la banda ancha, lejos de aquellos que quisieran gravar su uso. El país que no cobra impuestos a las ganancias de capital y que subsidia la gasolina de las Suburban, no puede dificultar el acceso a la herramienta más importante de empoderamiento que existe en la actualidad.
Otro frente de batalla tiene que ver con el duopolio televisivo y el oligopolio radiofónico, y especialmente con su financiamiento.
Un dato esclarecedor es que mientras la publicidad oficial a nivel federal pasó de 700 millones de pesos en el año 2005 a casi 5 mil millones de pesos en el año que transcurre, el presupuesto asignado al Canal Once y al Canal 22 prácticamente no se modificó y, por el contrario, se redujo.
Es decir: el Gobierno Federal gasta cuatro veces más en la publicidad que contrata con TV Azteca y Televisa (que acaparan el 29.4% del gasto oficial), que en la operación de los medios del Estado. Una competencia desleal similar a la que se aplica a Pemex a través de su régimen fiscal). Tan sólo en publicitar un programa de gobierno (el Seguro Popular) se gasta lo mismo que en Canal Once y Canal 22.
Y lo mismo sucede con el radio, donde unas cuantas familias acaparan más de mil 500 millones de pesos en publicidad oficial del Gobierno Federal. A ello, habría que agregarle el también desmedido gasto en publicidad oficial de los gobiernos estatales, que según Fundar AC aumentó en un 150% en los últimos cinco años, y que ronda los 4 mil millones de pesos, concentrándose en los mismos beneficiarios.
Ello, mientras prácticamente no se realiza ningún esfuerzo por promover opciones públicas y/o comunitarias de radio y televisión desde los estados.
Pero, más allá de capturar rentas y recursos públicos, el peor daño del oligopolio en medios es que, desde la esfera cultural, capturan el debate público.
Afortunadamente, hay esperanza de que el movimiento de construcción de ciudadanía pueda ampliarse. El mismo reporte nos indica que seguimos siendo el país que ha logrado colocar al noticiario de Carmen Aristegui como el más escuchado en México. Y eso, al menos para mí, es una señal de esperanza.

*Diputado local
jorge.alvarez.maynez@gmail.com
   




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