Monday 23 de January de 2017

Acepta la Iglesia aires nuevos, no vendavales

     1 Nov 2012 04:00:00

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El padre Gabriel Medina respondió a las preguntas del equipo editorial del periódico. (Bryan Rostro)
El padre Gabriel Medina respondió a las preguntas del equipo editorial del periódico. (Bryan Rostro)

Con más de 2 mil años de existencia, la Iglesia Católica requiere ponerse al día porque el mundo corre demasiado rápido, advierte el padre Gabriel Medina Magallanes.
Acepta que en esta dinámica la Iglesia es mucho más lenta y como decía el Papa Juan XXIII, es necesario que la institución abra sus ventanas para que entren aires nuevos.
El sacerdote sabe que el fenómeno de la globalización ha contribuido a ello, pero no siempre de manera positiva.
Por eso se declara como un férreo defensor de tres cosas: la familia encabezada por heterosexuales; el derecho a la vida de un ser humano desde su concepción y la promoción de la charrería como parte fundamental de la cultura de los mexicanos.
Como invitado a La Mesa de Imagen, Medina Magallanes responde sin evasivas todas y cada una de las preguntas con argumentos en los que involucra vocación, estudios, fe y los valores que le inculcó su familia.
Es consciente de una crisis social a la cual la Iglesia no escapa pues está conformada por seres humanos que sirven a los seres humanos, de ahí sus defectos y sus errores.
Pero va más allá, la Iglesia Católica no es sólo la jerarquía, “somos todos los que estamos bautizados” y por ello se toma la libertad de recordar a los cristianos que también tienen obligaciones con Dios y sus semejantes.

La vocación es un proceso
Nacido en una familia del medio rural originaria de la Villita de San José, Jalpa, comparte que es uno de 14 hijos, de los cuales crecieron 11 y sobreviven nueve.
En ese lugar, una de las figuras que más lo impactó fue el párroco y desde entonces le nació la inquietud de ser sacerdote.
Sin embargo, luego de más de 40 años de sacerdocio, Gabriel Medina explica que la vocación es todo un proceso: “Primero comienza como una especie de deseo, de ganas, pero hasta ahí no hay nada en forma”.
Agrega que en su formación se dio cuenta de que la vocación por el sacerdocio no es una cosa personal, “uno pone lo que está de su parte”, pero en la Iglesia Católica es un llamado del que el obispo hace responsable a cada seminarista.
El padre cuenta que ahora la vocación involucra un proceso diferente, pues a raíz de las reformas promovidas por el Papa Juan XXIII mediante el Concilio Vaticano II, que inició en 1962; ya no se exige el Latín y se acepta a hombres que incluso terminaron previamente una carrera.

¿No es más difícil enseñar a un hombre que a un niño?
La vocación sacerdotal es una especie de misterio porque hay muchos elementos humanos y sobre esto viene la vocación.
Pudiera suceder que un niño que desde pequeñito entra al seminario se deje llevar por una especie de inercia.
Pero después de haber estudiado una carrera, de haber estado en la universidad, como que el hombre ya tiene una riqueza humana más grande sobre la que puede llegar el sacramento del orden sacerdotal.

De sabios y necios
Al abundar sobre la familia y la influencia que tiene en la formación de los hijos, el sacerdote recurre a su elemento favorito, el ejemplo.
Cita los evangelios en los que se establece que una casa (el hijo) se puede construir de dos maneras: como lo harían loss sabios y como lo harían los necios.
La primera involucra construir cimientos con una base sólida, la piedra viva, y así cuando vengan los torrentes o los ventarrones se mantendrá en pie.
En la segunda, los necios comienzan a pegar adobes sobre tierra suelta, por ello la casa se derrumba.
“En una persona sus cimientos son los que la van a mantener de pie, la construcción es su propia personalidad”, detalla.
Por ello defiende a las familias encabezadas por un hombre y una mujer; otras formas, considera, son sólo uniones.

¿Qué pasa con las familias monoparentales como las de las madres solteras?
Si una dama, sin casarse, tiene un hijo, creo que será una bendición de Dios y será un aliciente para luchar en la vida, para tener por quien vivir y por quien morir.
Eso no es antinatural, pero sí es antinatural que dos mujeres se casen, que dos hombres se casen y que quieran adoptar hijos. Se les respeta, pero no se comparte.

¿Y si una pareja con esas características llega a su iglesia con un hijo, le cerraría las puertas?
No, siguen siendo hijos de Dios y creo que necesitan ayuda. Si llegan a mi parroquia yo no les voy a decir: “¡Ave María purísima, ustedes están excomulgados, ustedes tienen el diablo!” No, no, no, son personas, toda persona tiene una dignidad, la dignidad de ser hijo de Dios.

¿Qué tipo de ayuda considera que necesitan?
Lo que necesitan es mucho amor, porque los datos que yo tengo es que no son, se hacen, y con frecuencia se hacen en la misma familia.

Crisis en la Iglesia
Al tocar el tema de la crisis que padece la sociedad, así como la perdida de valores, el padre Gabriel reconoce que estos problemas también afectan a la Iglesia Católica como institución.
“Jesús fundó una Iglesia visible, santa, universal y pecadora, cuya misión es anunciar el Evangelio, continuar la misión de Cristo”, comenta.
El problema es que también ha sido afectada por una crisis que ha dado como resultado la desviación y abusos de algunos sacerdotes, reconoce.
“Creo que a la Iglesia se le ve como algo que debe ser modelo en todos los sentidos y por eso las desviaciones se destacan con más fuerza, de forma un poquito amarillista, se le da más publicidad”, considera.
El sacerdote comenta que en estos casos la Iglesia Católica impone penas y sanciones a los padres que se desvían, pero además permite que las autoridades civiles hagan su parte cuando se trata de algún delito.
Aunque escucha y acepta con tranquilidad la critica, el sacerdote también revira los cuestionamientos y advierte que referirse a la Iglesia Católica no sólo involucra a la jerarquía, sino a todos los cristianos.
“Como bautizados tenemos obligaciones y quizá no las cumplamos y entonces también eso es parte de una situación generalizada”, comenta.
“Yo preguntaría quién de los que están aquí va todos los domingos a misa”, plantea.
Un silencio generalizado es la respuesta.

Ilustrado no es educado
Medina Magallanes reconoce los logros y avances que han aportado a la sociedad la globalización, la tecnología y la educación, pero advierte que esta última pudiera ser mal entendida.
“Yo digo que ahora se tiene un pueblo más instruido, pero discutiría un poco si es más educado”, plantea.
Educación proviene de educere, refiere, que significa sacar lo que la persona tiene internamente, no lo que le viene de fuera.
“Yo lo comparo con lo que hace un artista porque un maestro debe hacer una obra de arte de cada uno de sus alumnos, no sólo llenarle la cabeza de conocimientos, sino llenarle el alma de vida para que sea lo que tiene que ser”, explica.
Agrega que la labor implica encauzar a los alumnos de acuerdo a las capacidades, posibilidades y gustos del niño, para lo cual considera muy importantes materias como civismo, urbanidad, caligrafía y ortografía, pero desafortunadamente ya no se imparten.
Además, lamenta, se ha perdido el sentido patrio y es común ridiculizar a los gobernantes.

Escuelas deben impartir charrería
En este punto, el padre Gabriel expresa la fatiga que le representa responder tantas preguntas.
“Ya déjenme ir, a poco creen que no tengo qué hacer”, bromea, pero al tocarle el tema de la charrería se le ilumina el rostro y agarra nuevos ánimos para responder.
Inicia con una introducción que se remonta a 1521, cuando los españoles colonizaron América y trajeron consigo el caballo.
Luego relata cómo poco a poco se convirtió en uno de los principales auxiliares del trabajo y surgieron los arrieros y los chinacos.
Entonces, dice, la charrería se convirtió en un elemento que define la cultura y la historia de los mexicanos.
La pasión que le inspira es tal, que incluso considera que debe convertirse en una materia para impartir en las escuelas.
“La charrería es el modo de vivir de un pueblo, es parte de nuestra historia, de nuestra identidad”, explica.
Por ello, como sacerdote se ha valido de este deporte para reforzar no sólo la fe, sino recuperar las tradiciones del pueblo.
“No se contrapone con mi oficio de sacerdote, al contrario, soy capellán de la charrería del estado de Zacatecas y tengo que ver lo de las misas de los congresos nacionales y los torneos estatales”, cuenta emocionado.
Además, dice, en Tlaltenango, donde está asignado actualmente, cada primer domingo se organiza una cabalgata a un cerro para oficiar la misa, lo que hace montado en su caballo Vicente, al que le puso este nombre porque nació en el rancho del cantante ranchero, Vicente Fernández.
“Eso es mantener nuestra identidad, nuestras tradiciones, nuestra historia”, destaca, además de advertir que es una tradición tan mexicana que ningún charro usa aretes o pantalones de cholo, como son las modas importadas de otros países.
Tiene tan presente esta actividad que antes de despedirse recomienda: “Si pueden vayan al Congreso Charro el domingo”; luego reflexiona y agrega: “A las 10:30 va a ser la misa”.

Participantes en La Mesa de Imagen: Carmen González, Fernando Quijas, Lucía Dinorah Bañuelos, Mayela Ortega, Claudia Maltos, Alejandro Wong, José Manuel Barrón, Abraham Cabrales y Beatriz Martínez

carmeng@imagenzac.com.mx

Las preguntas díscolas que el entrevistado elige al azar...




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