Saturday 21 de January de 2017

Aceptan perredistas errores

Militantes reconocen que el peor error fue alejarse de la gente

     5 May 2012 03:30:00

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  • Amalia García recibe las riendas del estado del gobernador saliente, Ricardo Monreal Ávila. Amalia García recibe las riendas del estado del gobernador saliente, Ricardo Monreal Ávila.
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Víctima de lo que más criticó, el PRD en Zacatecas enfrenta en su 23 aniversario las consecuencias de haberse convertido en la continuidad del “antiguo régimen” al no impulsar un cambio desde la sociedad.
El partido obtuvo la gubernatura en 1998, pero se olvidó de la formación de nuevos cuadros, se alejó de las demandas sociales y comenzó a depender por completo de su relación con el gobierno, reflexionan los propios perredistas.
El exceso de confianza los hizo olvidar una cosa: “La sociedad juzga hechos, no discursos”, sentencia Luis Medina Lizalde, quien agrega que los perredistas no fueron capaces de construir un sello propio de gobierno ni ser congruentes con sus principios.
De un ascenso histórico en la elección a gobernador en 1998 en la que lograron 213 mil votos, el PRD vivió también una caída histórica en 2010 al obtener sólo 152 mil 897 votos, luego de haber gobernado 12 años el estado.
De hecho, el partido ni siquiera fue capaz de ofrecer esos votos históricos a sus candidatos presidenciales.
En el 2000, pese al avasallante triunfo de Ricardo Monreal dos años antes, el candidato perredista Cuauhtémoc Cárdenas perdió la elección en el estado frente al priísta Francisco Labastida, quien obtuvo 197 mil 336 votos.
El dato es relevante si se considera que ese año el tricolor quedó fuera de la Presidencia de la República, luego de más de 70 años en el poder, la cual perdió ante el panista Vicente Fox.
Para la elección del 2006, el candidato perredista, Andrés Manuel López Obrador, ciertamente ganó en el estado, pero con 187 mil votos, nada qué ver con los 231 mil 979 que en 2004 le dieron el triunfo a Amalia García.
“Se esperaba más de Zacatecas porque éramos gobierno”, asume Gilberto del Real Ruelas.
Sin embargo, la respuesta a esos resultados “alarmantes” fue el “enorme pasmo” de los perredistas, reconoce.
Para Gerardo Espinoza Solís, actual presidente del partido, hubo omisión y falta de vinculación social, “no construimos ciudadanía”, acepta.


Nada de coyunturas
Si bien el PRD no tenía la presencia electoral ni la estructura partidista para ganar la elección en 1998, la salida de Ricardo Monreal del PRI le dio la oportunidad histórica de obtener la gubernatura ese año.
Luis Medina Lizalde, dirigente del partido del 2000 al 2002, asegura que el triunfo del PRD no fue un asunto coyuntural.
“Monreal no hubiera existido en el partido sin el trabajo de tres décadas de la izquierda”, por lo que considera que el triunfo de 1998 fue el resultado de la unión de dos mitades.
“Monreal contribuyó con su carisma e indudable inteligencia política”, agrega, pero la lucha que dieron las personas de izquierda, primero desde la universidad y luego desde el partido, contribuyó a la apertura democrática del estado y del país.
Para Espinoza Solís fue vital la racha triunfadora del sol azteca al lograr ganar la jefatura del gobierno del Distrito Federal con Cuauhtémoc Cárdenas en 1997.
En esto coincide Del Real Ruelas, quien quedó al frente del PRD del 2004 al 2005.
Asegura que en 1998 el partido ya se había vuelto muy atractivo para los expriístas progresistas que estaban abandonando al tricolor por la pérdida de la ideología nacionalista y porque fueron desplazados por una generación de tecnócratas.
Además, dice, la sociedad quería un cambio debido a que sus bolsillos resintieron las malas políticas económicas de los gobiernos priístas.
“Eso no tiene nada de coyuntural”, manifiesta, lo coyuntural fue la renuncia de Ricardo Monreal al PRI.

El ascenso al poder
Cuando Ricardo Monreal Ávila asumió el gobierno en 1998, Medina Lizalde reconoce que los perredistas no se hicieron ilusiones ni esperaban mucho de él, “era un priísta químicamente puro”.
Para su sorpresa, el exgobernador mantuvo cierto respeto por el partido al no tratarlo como una dependencia más de su administración.
Además, concedió algunas secretarías a los perredistas históricos como de Gobierno, que asignó a Raymundo Cárdenas.
Lo más importante, agrega Medina Lizalde, es que Monreal Ávila supo entender que el suyo, era un gobierno de transición.
Cuenta que una virtud es que aprendió y se mantuvo en el campo progresista, lo que le permitió encabezar un gobierno que en general ofreció buenos resultados.
Según Espinoza Solís la administración de Monreal Ávila fue de transición a la democracia, pero también se destacó porque logró que a Zacatecas se le considerara en el plano nacional.
Comenzó una intensa lucha por la gestión de recursos, al grado que de un presupuesto aproximado de 5 mil millones de pesos que tenía Zacatecas, se llegó hasta los 20 mil millones de pesos. Esto permitió un despunte en la infraestructura carretera y grandes proyectos de obra pública.
Con el triunfo de Amalia García en 2004, los perredistas históricos, formados en la izquierda, pensaron que por fin había llegado su oportunidad de gobernar, por lo que se generaron grandes expectativas en torno a la nueva gobernadora.
Sin embargo, García Medina no sólo evitó incorporarlos a su gabinete, sino que incluyó entre sus funcionarios más allegados a personas que ni siquiera eran del estado.
Medina Lizalde asegura que la culpa no fue totalmente de García Medina, sino de los propios perredistas por ponerle expectativas tan altas.
Advierte que un error de la exmadataria es que se alejó de personas que pudieron ayudarla y se allegó de gente que por el contrario terminó perjudicándola.
“Los que venimos de la izquierda nunca hemos aprendido a darle por su lado al gobernante”, comenta.
Su problema, agrega, es que están acostumbrados a una cultura política más horizontal y menos jerárquica, por lo que no atienden lo que se conoce como “disciplina”.
Pese a esta situación, Medina Lizalde, Del Real Ruelas y Espinoza Solís coinciden en que la exgobernadora supo dar continuidad a la construcción de infraestructura carretera, médica y educativa.
Los líderes perredistas han detectado que uno de sus principales errores fue precisamente concentrarse en las obras del gobierno para refrendar el poder.
El partido creyó que su papel era ganar gobiernos, no generar cambios sociales, explica.

Rupturas internas
Cuando Ricardo Monreal Ávila renunció al PRI, hubo renuencia por parte de algunos perredistas para que fuera postulado como candidato a la gubernatura, pues a ese cargo aspiraban Amalia García Medina, José Guerrero y Juan José Quirino, El Chivo.
Según declaraciones publicadas de García Medina fue ella quien habló con el entonces dirigente nacional del PRD, López Obrador, para postular a Monreal Ávila, a lo cual accedió luego de ver que en las encuestas el expriísta se ubicaba a la cabeza.
El acuerdo fue que en la siguiente elección la candidata sería ella, pero a finales del sexenio de Monreal Ávila la intención era postular a Tomás Torres Mercado, entonces diputado federal por el PRD.
Aunque la perredista se convirtió en la candidata y retuvo la gubernatura para el partido, fueron públicas las diferencias con el exgobernador.
En 2007 la familia Monreal rompió con la dirigencia estatal del PRD, luego de que el partido se negara a que David fuera candidato a la alcaldía de Fresnillo para sustituir a su hermano, Rodolfo.
David Monreal Ávila se postuló como candidato por el PT y obtuvo la presidencia municipal.
Además, el partido ganó los dos distritos locales gracias al intenso apoyo que recibieron de Ricardo Monreal Ávila, a quien el PRD amenazó con expulsar.
En febrero de 2009 el sol azteca sufrió una nueva ruptura.
Los entonces diputados locales Miguel Alonso, José María González Nava, Artemio Ultreras y Jorge Luis Rincón se declararon independientes.
En 2010, Alonso fue postulado como candidato a la gubernatura por la coalición PRI-Verde-Panal, la cual ganó con 284 mil 372 votos, la cantidad más alta en unas elecciones locales.
El candidato por el PRD, Antonio Mejía Haro, obtuvo 152 mil 897 votos, paradójicamente la cantidad más baja del partido en los últimos 12 años.


No somos santos
Medina Lizalde, Del Real Ruelas y Espinoza Solís no se desgastan en hablar de culpables, reconocen que hubo traición y deslealtad de varios militantes que sólo buscaban un puesto, pero saben que el mayor error del partido fue alejarse de la gente.
Asumen que cuando más se requería de una escuela de nuevos cuadros, formados en la doctrina e ideología perredista, fue cuando más se abandonó esta tarea.
Gilberto del Real explica que no se puede culpar al gabinete de García Medina, pues fue una omisión de todos y el PRD inevitablemente cayó en los errores y excesos del poder.
“No somos santos, la tentación igual existe”, agrega, por ello considera indispensable que la honestidad se debe imponer en el partido como un valor.
Para Medina Lizalde la descomposición de los cuadros del partido viene desde mucho antes. Se remonta a los años en que recibieron las primeras prerrogativas, lo que generó una cultura del “botín”.
Lamentablemente, dice, conoce compañeros que no sabrían qué hacer si el partido desapareciera, pues no saben vivir de otra cosa.
Si bien es sumamente autocrítico, aclara que la crisis interna no sólo es un problema del PRD en Zacatecas, sino de todos los partidos a nivel nacional.
Espinoza Solís es optimista respecto al futuro del partido, por ello, dice que ha iniciado una restructuración desde la base para poder retomar la reconstrucción de la conciencia ciudadana.
Los perredistas también coinciden en que el PRD no está muerto, que han aprendido de sus errores y pueden reposicionarse en la preferencia electoral.
Sobre todo, aseguran, ante el mal gobierno que a su juicio ha desempeñado el PRI.

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