Tuesday 24 de January de 2017

Alonso Lujambio

     1 Oct 2012 04:00:00

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Quiero pensar que Alonso tuvo todavía la fuerza de voluntad y de espíritu en el año que ‘vivió muriendo’ (como describió Chistopher Buckley los últimos días de Christopher Hitchens) para elegir las condiciones de su muerte. Pudo regresar del hospital en Arkansas a   morir con su familia, en México y en una de las instituciones que él más respetó, el Congreso de la Unión. Con ello, completó un recorrido lineal, consistente, o sea, congruente al servicio de la idea que él mismo se forjó de la vida pública, en la política democrática.

“Lo importante no es estar lejos sino estar dentro… Ayudar a que se hagan las cosas buenas y fomentarlas” Manuel Gómez Morín, 1925.
Como estudiante e investigador, primero, buscó en las trayectorias de figuras históricas de nuestra vida cívica los atributos que, según Alonso, debían tener los políticos. Después, como Consejero Electoral del IFE, Presidente del IFAI, Secretario de Educación Pública y precandidato presidencial, intentó apegarse a dichos principios y referentes políticos y éticos. En la forma, actúo siempre como un funcionario público profesional, serio, respetuoso de la institución en la que ejerció cargos de dirección y, en general, de las instituciones de nuestra democracia. Por eso fue respetado por el PRI cuando presidió la Comisión de Fiscalización del IFE y por el sindicato de maestros cuando estuvo al frente de la SEP.
Alonso Lujambio nunca dejó de ser leal en dos ámbitos distintos de la política: en el plano institucional, siempre mantuvo su compromiso con su propia concepción meditada, sincera, del perfil de político que conoció mediante las historias de Manuel Gómez Morín y Adolfo Christlieb, así como de la trayectoria contemporánea de Luis H. Álvarez y de otros políticos, que primero conoció como parte de su trabajo académico y después siguió a pesar de tener ideologías distintas a las suyas. En el plano personal siempre le fue fiel a Felipe Calderón, como Presidente de la República y líder del PAN por supuesto, pero incluso antes, desde los tiempos previos a su ingreso a la política formal.
Como resultado de su visión de la política y lealtad con principios y personas, Alonso siempre hizo lo que tuvo que hacer en los cargos que ocupó. Enfrentó sus tareas con profesionalismo. Cuando tuvo que aprender nuevas materias, estudió más, y cuando tuvo que resolver problemas complejos, hizo él personalmente los ejercicios que se requería que alguien hiciera. Su disciplina profesional y laboral se impuso siempre a cualquier circunstancia, por eso nadie dudó jamás que él cumpliría con las tareas que la ley, su partido o el Presidente le encomendaron a lo largo de su trayectoria política.
Así fue en el Consejo General del IFE, el IFAI y la SEP. Y, lo más admirable, realizó tareas que en condiciones normales no hubiera necesariamente elegido hacer. En la división del trabajo y en los conflictos políticos que nos tocaron enfrentar como miembros del Consejo Electoral siempre aceptó y estuvo al nivel de los retos históricos que enfrentamos, aun cuando su inclinación personal hubiese sido otra. De este modo, procesó la fiscalización de Amigos de Fox y fue el candidato de la mayoría de los Consejeros para presidir el IFE cuando hubo en un momento el riesgo de un quiebre institucional poco antes del 2000.
Pero hizo todo con sobriedad, sin ambiciones desmedidas. Por eso, supongo, pudo renunciar a sus pretensiones de ser el candidato presidencial del PAN sin dramatismos cuando confirmó que no era el preferido del Presidente. Asumió su papel como precandidato con madurez, antes, durante y al concluir el proceso. Fue lo suficientemente inteligente como para reconocer siempre los alcances que tenía cada etapa de la política en la que le tocó actuar -desde su inicio en el IFE hasta su fin en el Senado. Y, en particular, en el proceso de selección del candidato panista a la Presidencia le fue leal, como siempre, al PAN y al Presidente Calderón. Y no se equivocó, llegó hasta donde pudo llegar. Su profesionalismo estuvo por encima de todo lo demás, tenía gran talento personal, pero siempre actúo como parte de un equipo más amplio.
Justamente, su sentido de equipo contribuyó a la construcción del IFE cuando comenzaba la transición y no había demasiados referentes políticos o jurídicos que guiaran el trabajo del nuevo Consejo General. Alonso le dio solidez al grupo de Consejeros en torno a los cuales se definió la autonomía del árbitro electoral, y al Consejo General en su conjunto durante el tránsito a un nuevo régimen.
Desde entonces, su trabajo continuó en una línea recta, dándole valor a la vida democrática de nuestro país. Aprecio por ello, en lo personal, la solidaridad que compartimos en los años que trabajamos juntos en el IFE, por ello, mi reconocimiento a Alonso Lujambio como persona y como político. Su muerte fue prematura en más de un sentido, que descanse en paz.

*Presidente de la fundación SNTE
emilio.zebadua@hotmail.com




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