Tuesday 24 de January de 2017

Ambulantaje, sector informal y turismo

     4 May 2013 04:00:00

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La problemática del sector informal en el estado y su repercusión en la industria turística, restaurantera y comercial es un tema complejo que toma varias vertientes: tenemos el apoyo de los gobiernos a este fenómeno por ser una válvula de escape al desempleo, además de los bemoles implícitos que trae consigo expender alimentos en la calle o mercancía de dudoso origen, sin contar la falta de ingresos al fisco por parte de las familias que laboran en la informalidad y la competencia desleal con el sector comercial y restaurantero.
La tendencia actual del ambulantaje parece crecer sin frenos y regulación. Según datos del INEGI de diciembre del 2012, hay 29 millones 300 mil ambulantes en la Ciudad de México, que representan un 61% del total nacional. Esta cifra sirve para medir el tamaño del problema y tal vez indagar o deducir su desmedido crecimiento. Actualmente vemos puestos de todo tipo de productos en cualquier lugar del país, y causan serios problemas sanitarios, de imagen urbana para los centros turísticos y una desleal competencia para quienes se establecen con todas las de la ley.
La razón principal de este crecimiento es que, según datos de El Economista, durante 2011 se generaron 590 mil fuentes de ingreso formales, mientras que la población en edad de trabajar aumentó a 2.4 millones de personas. Observamos que la demanda de empleo se cubrió sólo en un 25% orillando a 1.62 millones de personas a poner su propio negocio. Sin ser un erudito en la materia, se puede deducir que esta la razón por la que los gobiernos permiten este tipo de actividad sin barrera alguna.
Aclaro que no estoy en contra de esta actividad, que da de comer a muchas familias; con lo que sí tengo problemas es con su manera de operar, particularmente en los municipios. La anarquía de estos comerciantes ha logrado que los “puestos”, en vez de levantarse a diario, como debería de ser, se conviertan en una obstrucción visual al paisaje urbano y pasen a la categoría de semifijos o permanentes, generando contaminación de todo tipo.
Me queda claro que miles de negocios familiares han comenzado operaciones de esta forma y se han convertido en fuentes de autoempleo legítimas, que pagan impuestos y servicios de forma legal, siempre buscando la manera correcta de hacer las cosas. En el mundo real este tipo de negocios son los más castigados por la competencia desleal que provoca el ambulantaje desmedido.
Definitivamente el problema existe y no se puede ocultar, aparte es una práctica que se da en todo el mundo, con la diferencia que en nuestro país parece no tener freno ni control. La falta de voluntad política en perseguir a este sector ha sido una constante de los últimos años, y se marca por no asumir el costo político que costaría retirar o reglamentar el ambulantaje, o por la disputa entre autoridades por saber quién debe llevar el mando para combatir dicho fenómeno.
Cito como ejemplo una parte de la avenida Hidalgo, en Fresnillo, mi ciudad natal. En el pasaje peatonal tienen más de cinco puestos una sola familia, que aparte deja los armazones de sus negocios, provocando la acumulación de basura, obstrucción comercial, de peatones y mercancías de los comercios establecidos, y lo peor: que el Mercado Hidalgo luce abandonado porque todos sus locatarios están en la calle.
Lo mismo se ve en la capital y Guadalupe, tenemos muchas zonas invadidas por este tipo de comercio. Desafortunadamente este género comercial es regulado mediante líderes de organizaciones de ambulantes que negocian las plazas con los gobernantes, que les cobran cuotas y asignan lugares para llegar a un “arreglo” con los inspectores de plazas.
Es una pena observar las condiciones de puestos que generalmente ponen las refresqueras fuera de sitio, como Ciudad Administrativa, sin regulación alguna y que se convierten en parte del paisaje urbano sin el menor de los miramientos a políticas ambientales, de seguridad, protección civil y urbanas.
Quienes hemos tenido la fortuna de salir del país y ver cómo se manejan en otros lugares podemos notar que siempre hay un horario, los comercios informales son uniformes, principalmente los expendios de comida están regulados en transportes que llegan y se van a determinadas horas, dejando el lugar limpio y sin rastro de su presencia. Sin ir tan lejos, en el Centro Histórico de San Miguel de Allende los ambulantes están bien regulados y su trato es muy bueno, orientado a la satisfacción del turista.
Espero de verdad que los candidatos a presidencias municipales en el estado tengan en sus planes y proyectos de trabajo regular este tipo de comercio para subsistir en todos los ámbitos como ciudades reales y no como pueblos atrapados en épocas de antaño. Les recuerdo que ustedes, futuros presidentes, serán el ejemplo para conducirnos los ciudadanos con todas las de la ley. Para terminar, sólo agradecer a Pierina Paoloni los datos tomados como base para la realización de esta columna y, por supuesto, a usted que me hace el favor de leerme. Hasta la próxima.

*Presidente de la Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles de Zacatecas (Amhmzac)
rmunozc1970@hotmail.com
Twitter: @rmunozc1970




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