Friday 20 de January de 2017

Ancianos en asilos, entre las carencias y el olvido

La vida en un asilo de ancianos

     28 Aug 2011 03:30:00

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  • Los huéspedes del asilo Juan Diego disfrutan todos los días  del aire libre en el jardín de Guadalupe. (Oscar Baez) Los huéspedes del asilo Juan Diego disfrutan todos los días del aire libre en el jardín de Guadalupe. (Oscar Baez)
  • Chuyita, con su perra de peluche y muy chapeteada. Chuyita, con su perra de peluche y muy chapeteada.
  • Juliet Prather es originaria de Dallas, Texas. Juliet Prather es originaria de Dallas, Texas.
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Los abuelos de los asilos se sostienen de la caridad de las personas, sufren soledad por la ausencia y falta de familiares que acudan a alegrar sus días.
Muchos pasan la recta final de su vida entre enfermedades y sin ser dueños de su voluntad.
La Divina Providencia, de Guadalupe, es uno de los que más demanda tiene a nivel estatal. En el asilo viven 16 mujeres y 18 hombres.
Por lo menos, dijo la madre Alicia Delgado, responsable del lugar, están en lista de espera 12 hombres que quieren ingresar, pero para aceptarlos se necesita la rehabilitación de un área, que ya tienen, pero presenta deficiencias en drenaje, pisos y techos.
Como el nombre del espacio lo dice, Alicia Delgado comentó a Imagen que recurre a la Divina Providencia para que la gente, que es de la que más reciben ayuda, no deje de socorrer la estancia y le ayuden a completar los cerca de 30 mil pesos mensuales que se requieren para la manutención de los viejitos.
Por la caridad de los ciudadanos, los abuelos tienen verduras, carne, pañales y cloro.
Explicó que una de las obras que recientemente se ha hecho en el asilo es la construcción de criptas, para la que ayudaron el gobierno estatal y la sociedad.
El lugar tiene espacio para 60 cadáveres y más de 90 para colocación de huesos. La idea de construirlo fue que la mayoría de los ancianos viven en el abandono y por lo menos ahí quedarán sus restos, como parte de una familia, y no se irán a la fosa común.

Sin una palabra de aliento
Muchos de los ancianos del asilo tienen familiares, pero no se hacen cargo de ellos.
Hay ocasiones en que sólo acuden para entregar algo de despensa y ni siquiera pasan a ver a su pariente, reconoció Alicia Delgado.
Hay quienes prometen también llevar alguna cuota mensual de 500 pesos o el recurso que les entregan en 70 y más, pero no vuelven.
Algunos de los abuelos que dijeron no tener ningún familiar, de repente son visitados por gente que dice ser su pariente, pero sólo acuden a verlos media hora y se van.
Otros más, aunque no tienen a dónde ir, siguen soñando con regresar a su hogar, como Antonino, de 97 años, quien perdió a su esposa en junio.
Vivieron 70 años de su vida juntos y un día que Catalina le preparaba un cafecito, provocó un incendio y murió quemada.
Cuando el hombre quedó solo, un grupo de niños provocó la ira de un enjambre de abejas que tenían su panal en casa de Antonino y llegó al hospital con severas picaduras; de ahí lo enviaron directo al asilo.

Las historias
De carácter alegre y bullanguero, Chuyita, originaria de Cañitas de Felipe Pescador, se desplaza en su andadera por el asilo. Se detiene para zapatear mientras tararea una canción. Sabe que por la tarde, en la víspera del Día del Abuelo, serán festejados con una comida y música.
Ataviada con su “perra de peluche”, como le llama al abrigo negro que porta, una diadema, un collar y sendos aretes, sin par, la mujer de estatura bajita no deja de tararear alguna canción mientras platica y dice que todavía tiene buena vista para tejer bufandas y mañanitas.
Recuerda que tuvo tres hijos, que al quedar viuda sus hermanos se llevaron a Chihuahua. A ella también desean llevársela, pero no quiere.
Marcelino Colón llegó al asilo porque lo llevó un sobrino, pero asegura que ya se quiere ir porque él está acostumbrado a comer bien y ahí come puro arroz.
Su familia, asegura, fue de las más ricas de Jerez y él tiene sus ahorritos en el banco, pero sus hijos, quienes en tres años han venido a verlo dos veces, la última vez le pidieron el dinero. Al no darles esperanza, los muchachos, quienes viven en México, no han vuelto.

En el Juan Diego
Una de las 18 huéspedes del asilo de ancianas Juan Diego es Juliet Prather, originaria de Dallas, Texas. Aunque dijo que era complicado explicar por qué está aquí, en parte, comentó, es porque un hijo suyo es maestro en Zacatecas, da clases de español, inglés y japonés.
Con un español fluido platicó que llegó hace cuatro meses y no le gusta nada que desde hace tres semanas no pueda caminar porque está enferma. Dice convencida que pronto caminará porque se va a aliviar.
A Juliet le gusta leer y no deja un libro de la historia de Zacatecas, “es maravilloso el libro”, dice al mencionar un pasaje de la vida de Pancho Villa.
En ese asilo también vive “el amor”, Toñita, quien ya cumplió 101 años, reclama cuando alguien la llama por su nombre. Ella prefiere hablar a todos de “amor” o “mi vida” y quiere ser correspondida.
Aunque es difícil comprender lo que dice, entiende lo que la gente le habla. Al preguntarle si está a gusto en el asilo, dice que si por ella fuera, se habría ido desde hace mucho. Del “amor” vive pendiente una sobrina, que acude de manera constante a visitarla, pero siempre sale regañada de la visita.
Cómo se siente, se le pregunta. “Pos vieja, cómo me siento, vieja”, responde con una singular risotada.
La religiosa, Brenda Mendoza, encargada del asilo, explica que como en todo, nunca es suficiente con lo que se tiene, pero el lugar se sobrelleva bien por la caridad de las personas que acuden a llevar sobre todo alimentos.
Contrario al asilo La Divina Providencia, no hay sobrecupo, al contrario, hay espacio para siete personas más, pues el espacio es apto para 25, que son atendidas por 10 auxiliares.
Mendoza asegura que la mayoría de los familiares se hace cargo de sus viejitos, salvo dos personas que están en completo abandono.
Uno de los requisitos es que los familiares se hagan cargo de ellos, pero a veces no se logra el propósito.
Los abuelos son recibidos sólo si no padecen de sus facultades mentales.

La atención
En el estado existen nueve asilos de ancianos en los que habitan cerca de 173 personas.
Cuatro se ubican en Guadalupe, y uno en Fresnillo, Jalpa, Juan Aldama, Villanueva y Río Grande, dijo el director del DIF estatal, Héctor Pastor.
La Coordinación de Casas Asistenciales del DIF estatal tiene estrecha vinculación con esos espacios.

Con información de María Hernández, Raúl Silva, IvánLópez y Jesús Hernández

Cada vez con menos ayuda, el asilo de Fresnillo




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