Tuesday 24 de January de 2017

Año sin historia

Los días del Bi-100

     15 Jan 2013 03:20:00

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Callejón de las Campanas, 1913. (Cortesía)
Callejón de las Campanas, 1913. (Cortesía)

Para Javier Botello
Valerio, un nuevo
historiador zacatecano

El jesuita Antonio Dragón escribió, en el libro que postulaba la causa del santo Miguel Agustín Pro, que 1913 fue “un año sin historia”.
Con la expresión describía el transcurrir del hermano Pro: los estudios, las bromas con sus compañeros, los juegos de béisbol y las pruebas cotidianas para notar su vocación.
En enero de 1913, estando en el noviciado de El Llano, en Michoacán, el hermano Pro sabe poco latín y menos griego. Desde septiembre de 1913 se avocará a ello.
Respecto de los desmanes políticos, los que sucedían en el país eran rumores lejanos; pero en los meses por venir serán noticias alarmantes.
Por cierto, el hermano Pro tiene un imperceptible punto de contacto con Ramón López Velarde. Pro tiene una hermana en el Convento de las Misioneras Hijas de la Purísima Virgen María, de Aguascalientes; López Velarde tendrá a su prima Panchita.
La congregación era conducida por Julia Navarrete. Ella fue la primera persona en saber que Miguel Pro deseaba ingresar a la compañía de Jesús.
Julia de las Espinas del Sagrado Corazón Navarrete y Guerrero, así se llamaba, era directora del colegio La Inmaculada, y hermana del sacerdote Juan Navarrete, cura de la parroquia de San Juan Nepomuceno. El padre Navarrete, futuro obispo de Sonora, en enero de 1913 era el guía para implementar el catolicismo social en Aguascalientes.
En la primera quincena de 1913, Ramón López Velarde atiende un tema recurrente en sus notas políticas: el gobierno de San Luis Potosí. En cada texto publica una crítica en La Nación. Lo hace sobre dos de los actores del escenario potosino: el gobernador, Rafael Cepeda, y el director general de Educación, David Berlanga.
Con motivo de una reforma al reglamento para el uso de las campanas, López Velarde escribió:
“Para individuos de mediano sentido político y de una educación artística siquiera regular, las campanas son cosas que no quitan el sueño y que, por el contrario, constituyen una nota pintoresca. Pero los hombres célebres del cepedismo son muy quisquillosos en todo lo que ofrezca el más vago aspecto católico. Y así… ¡duro con las campanas!
“El reglamento es muy pormenorizado. Manda que no suenen las campanas sino entre 6 de la mañana y 6 de la tarde, como un homenaje a la cosmografía; que los toques no se prolonguen más de un minuto, como una atención a la dedicada trompa de Eustaquio de don David, y que no suenen dos a un tiempo, no sabemos por qué misterio melódico o sinfónico”.

*Historiador
y profesor universitario




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