Monday 23 de January de 2017

Apología de los inútiles

Cartas desde el exilio

     18 Mar 2013 03:30:00

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Es extraño, las adicciones al alcohol, a las drogas, al sexo, al tabaco y a las calorías son penalizadas duramente por nuestros censores sociales, mientras que la obsesión compulsiva por el dinero es aplaudida. Cada año las revistas nacionales e internacionales exhiben sin rubor a los millonarios más destacados del planeta y del país, es decir, a los que tienen una manía de acumular fortunas sin ton ni son.
A los gorditos les toca sufrir el bullying social; los fumadores empedernidos viven en la periferia de bares y restaurantes; los borrachos son vistos como apestados, igual que drogadictos y voyeurs. Pero las personas obsesionadas con la marmaja son tratados con bombo y platillo; festejados universalmente y paseados en la alfombra roja de los medios masivos de comunicación, señoras y señores que no tienen llenadera monetaria son hoy destacados semidioses de la mitología moderna.
Está bien que el sueño capitalista exige una narrativa heroica para convencer a la ciudadanía de que es posible ser alguien si se trabaja de sol a sol, aplazando para mejor ocasión los placeres mundanos. Desconozco la cantidad de incautos e ingenuos que pueden tragarse dicha ilusión, pero lo que realmente me produce cierto asquito es que existan vicios alabados. Eso es pura discriminación e hipocresía: ¡o todos parejos o todos chipotudos!
Me temo que la vertiente materialista de la cultura moderna es proclive a transformar lo prodigioso en actividad marginal, acaso porque el valor mercantil sea lo que determine el lugar que personas y cosas deben ocupar en el mundo. Ese tipo de manipulación social y política ha experimentado el arte. Ha dejado de ser el hogar del Ser para transformarse en una praxis, un trabajo o una acción de igual rango que los gestos laborales inscritos en la producción de valor de cambio y riqueza material.
Incluso algunos padres que tienen hijos visionarios, proclives a gozar con el placer estético, sufren lo indecible cuando éstos les confiesan que han tomado el camino maldito de la creación artística. ¿De qué van a vivir los pobres inútiles? De eso, contestaría yo. La vida no puede reducirse a las penurias del trabajo de reproducción biológica.
Acumular compulsivamente tesoros para las generaciones venideras es una adicción deplorable y mezquina. Prefiero a los viciosos enigmáticos y endiablados; por el contrario, los viciosos de pedigrí salen todos los días en los medios, necesitan convencernos de su heroísmo vitalista, de su férrea voluntad, de su injusta tragedia cotidiana.

*Miembro del Sistema Nacional de Investigadores
consolovin@hotmail.com




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