Sunday 22 de January de 2017

Aterra a lugareños de El Mezquite la mujer de la noria

Un espectro con rostro de calavera

     20 Nov 2012 03:30:00

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Se nota el miedo entre los habitantes del lugar. (Tomás Vázquez)
Se nota el miedo entre los habitantes del lugar. (Tomás Vázquez)

De entre todas las historias y leyendas que se cuentan en El Mezquite, una de ellas sobre sale a causa de un hecho que hace años marcó a la comunidad. Se trata de un joven que perdió la cordura cuando vio de frente a un espectro bañándose en la noria de la localidad.
La mujer de blanco o la mujer de la noria es como los habitantes de la comunidad conocen la historia de una dama que viste de blanco y que por las noches entra al ojo de agua para bañarse.
Cada noche, varios hombres del lugar se reunían a jugar baraja a varios metros de la noria, hacían sus apuestas, bebían un poco de alcohol y platicaban, entre muchas cosas, de mujeres.
En una ocasión, los hombres vieron como se materializaba una figura humana sin explicación lógica en las orillas del ojo de agua.
Los hombres no lo podían creer, así que siguieron observando desde la distancia a ese extraño ser que, como si supiera que la estaban observando, comenzó a desnudarse lentamente para provocar a los sujetos.
Ignorando toda advertencia, ya sea por morbo o curiosidad, uno de ellos intentó espiar a la dama de blanco más de cerca.
El joven se acercó lentamente pisando con cuidado para no hacer ruido, pensó que podía encontrar un mejor lugar para ver de frente a la mujer desnuda.
Mientras se acercaba el sujeto, sus colegas se quedaron petrificados en sus asientos viendo como se perdía entre la hierba.
Al poco tiempo escucharon a su amigo que le decía a la mujer en tono de burla: “yo te ayudo a bañarte y a tallarte la espalda”. Los hombres un poco más relajados rieron entre dientes por las bromas de su amigo.
Pero de entre la callada velada y las tímidas risas un grito desgarrador partió la noche en dos. El valiente llegó hasta sus amigos con los zapatos encharcados de lodo y el rostro blanco, estaba en shock y sólo pudo balbucear cuatro palabras: “Su rostro… ¡Una calavera!”.
Después de eso, el hombre perdió la cordura y los lugareños, siguieron reuniéndose a las cercanías de la noria y, aunque todavía ven a esa dama de blanco, saben que no deben acercarse.

cynthia@imagenzac.mx
 




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