Monday 16 de January de 2017

Basta de sangre

Desde el exilio

     17 Jan 2011 00:35:21

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Salvatore fue el único de los esbirros de Fredo que se atrevió a denunciar las tropelías del despiadado y cínico jefe suyo. A cambio, el exilio le había dado la oportunidad de expiar los pecados cometidos durante su estancia en villa “El Hades”.
Había sido el sicario consentido de Fredo Malatto por la frialdad racional asumida a la hora de cumplir los sangrientos encargos que éste le ordenaba. Una gitana de Palermo lo bautizó con el apodo de Salvatore Occhi Gelati (Ojos Helados) y, en verdad, dos témpanos parecían reinar en aquellas profundas cavidades de la cara. No se inmutaban esas dos piedras congeladas cuando asesinaba, a bocajarro, a cualquiera de sus víctimas: viejos, jóvenes, mujeres, sacerdotes, policías o niños.
Sin embargo, Salvatore comenzaba a padecer severas migrañas, acompañadas de frecuentes episodios de insomnio y ataques nocturnos de pánico. Ojos Helados no encontraba razones a estas dolencias suyas que crecían día a día, haciendo insoportable la existencia misma.
Una noche tuvo una revelación sagrada. En ésta aparecía la virgen Santa Rosalía llorando sobre su cabeza y las lágrimas que salían de sus ojos se cristalizaban en cuanto ingresaban a los helados ojos de Salvatore. De la boca divina de la Madonna brotaba una palabra que se repetía al infinito: piedad, piedad, piedad...
Acto seguido, Salvatore vio desfilar delante suyo las imágenes de los rostros de las personas que había asesinado despiadadamente durante los años que había servido al jefe Malatto. Conforme se intensificaba el despliegue de las caras, se expandían los cristales congelados y aumentaba la intensidad de la migraña hasta volverla insoportable.
Ojos Helados comprendió, entonces, el misterio del sacro anuncio. Al día siguiente fue a misa y prometió a Santa Rosalía la restitución del ciclo virtuoso de la indestructible raíz de la vida, para contribuir a erradicar el culto a la muerte.
Saliendo de la iglesia, Salvatore dispuso, por última vez, de su helada voluntad de sicario y se enfiló a villa “El Hades”, con la firme convicción de subvertir aquella cruenta profanación. Acabó rápidamente con los guardias, tomó a Malatto por sorpresa y se entregó junto con él a los fiscales.  
Desde la cárcel, Ojos Helados mandó mensajes a los grupos de sicarios suyos invitándolos a dejar las armas, amenazando con un castigo ejemplar a quienes desoyeran sus palabras.
Los fiscales le ofrecieron protegerlo como testigo privilegiado para que atestiguara en contra de Fredo Malatto. Él aceptó con la condición de que lo dejaran elegir el lugar donde residiría para siempre.
Salvatore vive hoy en el convento “El Purgatorio” y dedica su vida al esclarecimiento del jubiloso misterio de la vida.

*Miembro del Sistema
Nacional de Investigadores




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