Friday 20 de January de 2017

¿Basura urbana o basureros habitados?

     15 Feb 2012 04:00:00

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Indudablemente, no todas las fincas antiguas o con rasgos de antigüedad que forman un centro histórico son semejantes en su valor y autenticidad.

"No siempre ha sido bueno el fruto
de la buena semilla”
Renato Leduc

La singularidad de algunas justifica los cuidados extensivos a las demás que de menor valía pueblan un sitio, la catalogación de las fincas sí es una certificación individualizada de aquellas y es muy importante pero bajo una idea selectiva y fragmentaria, ceñida sólo a las más notables construcciones del ayer no habría centros históricos en pie, sino sólo monumentos aislados perdidos entre las muy variadas expresiones construidas modernas.
Como ejemplo, Chihuahua cuya bella catedral coexiste con edificios recientes, moles de cemento y cristal que le robaron a lugar la belleza de conjunto, ahora es un sitio cualquiera, o si requiere forzar la imaginación una versión del “Guernica urbano” formado por las partes que quedaron de lo bueno y lo bello, mezclado con lo feo y lo postizo que ahí pusieron unos inconscientes.
Lo que hizo que Zacatecas fuera digna de una consideración de sitio especial es el conjunto de sus edificaciones: templos, extemplos, palacios, y los caseríos que monumentados, en esa trama de formas semejantes de sus casas en la que imperan notas de concordia en tonalidades y texturas (materiales, alturas, diseños de puertas y balcones, herrajes, pretiles, cornisas, claraboyas y hornacinas…), daban esos registros visuales de armonía, esa cualidad extraordinaria que para León Batista Alberti era la clave de la armonía: “(…) arquitectura y urbanismo eran para Alberti un problema de armonía, correspondencia y concordancia de las partes con el todo (…)”.
Citando a Alberti, Guillermo Tovar de Teresa señalaba además: “En ese sentido la ciudad es una gran casa y una casa una pequeña ciudad”.
Los sitios históricos se defienden en su integralidad arqueológica o arquitectónica. Se defiende el conjunto que expresan y eso es más valioso inclusive que la unicidad de sus componentes; en el caso de Zacatecas, la catedral es el monumento más importante, pero eso no resta al paisaje lo que aporta el Templo de la Compañía de Jesús (hoy Santo Domingo, mucho más sobrio en su exterior) o San Agustín, acaso que fue tanto o más como joya arquitectónica que la misma catedral, su interior era una muestra de la mejor labranza en arte religioso y el exterior una proeza. No se deben establecer comparaciones absurdas entre los monumentos una vez que el tiempo y la sedimentación arquitectónica los solidificó como partes de una estampa bella y memorable, su pertenencia los hace ser objeto de una tutela igual de ambiciosa si se quiere su preservación.
Cualquier finca vieja arrumbada es vista como un montón de escombros, como material desechable que se puede tirar o sustituir por algo nuevo sin problemas, porque precisamente la idea impetuosa de lo nuevo empuja a justificar esa clase de decisiones, Don Federico Sescosse explicaba que, Zacatecas se había salvado (vaya que hay que decirlo en pasado), porque no hubo dinero, ni para destruir, ni para construir…. Qué pena que tengamos que reconocer que el exceso de dinero o el que ha corrido por la plaza local hace una década para acá ha sido suficiente para darle de hachazos a la fisonomía urbana.
Y naturalmente como tiburones rodean las fincas añosas que integran un bloque protegido los desarrollistas y los mercenarios que lo que quieren es vender terrenos o construir en ellos lo que sea, lo que de más réditos, un rascacielos, o una bodega inmensa como la que se iba a alzar en Sombrerete. Si se lleva a cabo la bodega esa de qué sirve la declaren “pueblo mágico”, eso sería mera hipocresía. La mejor manera de defender un lugar es como el movimiento, andando.
Otra cosa es que precisamente esta racha de desventuras coincida con la progresiva acumulación de basura sólida a la vista en toda la Ciudad de Zacatecas, de suyo ventosa que es, papeles y plásticos, envases vacíos y latas son mecidos por el viento de puerta a puerta y aquella otra cualidad que tenía el sitio el de ser una limpísima urbe también se perdió. En vez de remediar la basura, su recolección y traslado a los rellenos sanitarios, el alcalde quiere poner un jardín sobre el Mercado González Ortega. Mejor dirían los de Río Grande: que se ponga a bailar “el mono de alambre”.

fjacuqa@hotmail.com
Twitter @f_javier_acuna
 




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