Tuesday 17 de January de 2017

“Bendito sea Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo porque nos ha mostrado un amor inmenso”

El Día del Señor

     19 Jun 2011 03:40:00

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INTRODUCCIÓN
Hace ocho días cerramos el tiempo de la Cincuentena Pascual con la Solemnidad de Pentecostés. Hoy continuamos el tiempo ordinario de nuestra liturgia católica, que se interrumpe con las celebraciones de Cuaresma y Pascua.
Precisamente la Solemnidad de la Santísima Trinidad abre este nuevo período de nuestras celebraciones dominicales y feriales.
Esta solemnidad es como una síntesis del misterio cristiano, que nos hace saber el ser de Dios Uno y Trino.
Misterio revelado por el mismo Dios y que no es producto del mero razonamiento del hombre o como si fuera “un invento” de orden meramente natural con visos de religiosidad.
Es Dios mismo quien se nos ha revelado para que le conozcamos como Él nos conoce y le amemos con el mismo amor que nos ha dado por medio de su Hijo encarnado y con la acción del Espíritu Santo.

DIOS ES UNO EN SU SER DIVINO, COMO PADRE, HIJO Y ESPÍRITU SANTO
Nuestra religión católica esta fundada en la revelación que Dios ha hecho de sí mismo.
Es un solo Dios lleno de todas las perfecciones que podamos conocer e imaginar de él pero simultáneamente es trinitario en sus personas: es Padre y es Hijo y es Espíritu Santo, sin que se rompa por ello la unidad de su ser divino.
La primera lectura tomada del Libro del Éxodo nos hace saber:
“En aquellos días, Moisés subió de madrugada al monte Sinaí, llevando en la mano las dos tablas de piedra, como le había mandado el Señor.
“El Señor descendió de una nube y se le hizo presente. Moisés pronunció entonces el nombre del Señor, y el Señor pasando delante de él, proclamó: ‘Yo soy el Señor, el Señor Dios, compasivo y clemente, paciente, misericordioso y fiel’”.
He aquí una descripción de quién es Dios y qué atributos fundamentales lo definen. Pero esto no es todo, porque Dios mismo se manifiesta lento a la ira, rico en piedad y se apiada de todo hombre pecador y mortal.
San Juan en su primera carta nos dice que Dios es amor. A partir de esta esencial revelación de lo qué Dios es, podemos intentar desglosar aún más lo que Dios realmente es.
Es amor Uno y Trino. Amor que se da en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Entonces, amor paterno, Amor filial y amor espiritual. Desde la raíz del único ser divino.
El amor único y trinitario, como lo acabamos de expresar, es totalmente gratuito y dado de esta manera a los hombres y al Universo entero por creación y elevación al orden sobrenatural.
Es amor total, perfecto desde siempre, ahora y para el futuro en el camino de nuestra comprensión que nunca abarcará lo qué es Dios.
Este amor es liberador del pecado de los hombres y de la condenación merecida y eterna, de lo cual nos viene a salvar con esta dignación de la revelación de sí mismo.
Dios amor es eminentemente libre y soberano, no está sujeto a nadie a no ser más que a sí mismo.
Amor que nos hace vivir y desarrollar todas las virtualidades de cada uno en la presencia histórica en su creación y redención.
Desde luego que este amor es un misterio. Es algo que definitivamente nos rebasa, nos trasciende.
Sin embargo, es amor que nos pone en la existencia temporal y eterna.
Amor providente, sabio que nos alienta sin cesar y nos sostiene en medio de los retos, pruebas y experiencias en este mundo que pasa y por él, abiertos a la eternidad que nos aguarda.

DIOS AMOR Y PADRE, SE NOS DA POR JESUCRISTO, EL HIJO HECHO HOMBRE CON LA PRESENCIA Y ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO
Escuchemos al evangelista San Juan en la lectura del evangelio de hoy.
“Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él.
“El que cree en Él no está condenado; pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios”.
He aquí la máxima revelación que Dios nos ha hecho en el decurso de la historia de la salvación. Esta revelación es vida nuestra.
Es nuestra comunión trinitaria entre nosotros y con Dios mismo quien gratuitamente, ya lo decíamos, se nos da y pide de todos y cada uno, respuesta filial, libre, amorosa, generosa y fiel.
Renovemos hoy, con esta eucaristía cuyo contenido es el misterio de Dios Uno y Trino, nuestra fe incondicional en Él.
Llenémonos de su gracia, su perdón misericordioso y su vida indestructible, mientras caminamos a su encuentro por toda la eternidad.
Entonces nuestro amor será asumido por el amor imperecedero e inmortal del Dios vivo, clemente y misericordioso.
Amor inagotable que nos hace ya desde ahora felices como adelanto y arras de la comunión perfecta que esperamos alcanzar  para siempre en comunión del Padre, de Cristo y todos los santos en el Paraíso... sellados con el fuego de su Espíritu Santo...

*Obispo Emérito de Zacatecas




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