Monday 23 de January de 2017

Bendito sea Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, porque nos ha mostrado un amor inmenso

El Día del Señor

     3 Jun 2012 03:40:00

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La misericordia de Dios y la fe nos salva de cualquier peligro.
La misericordia de Dios y la fe nos salva de cualquier peligro.

INTRODUCCIÓN
Con este Domingo, en el cual celebramos la verdad real del único Dios verdadero como Padre, Hijo y Espíritu Santo, recomenzamos el tiempo ordinario de nuestras celebraciones litúrgicas.
Podemos decir ahora en esta celebración, que el pueblo de Dios, la Iglesia vive y se difunde evangélicamente con la fuerza y la sabiduría de nuestra fe, esperanza y amor en Dios, Uno y Trino.
Es el dogma fundamental de nuestra religión católica como cristianos que llenos de la vida de Dios, a partir de nuestro bautismo, estamos llamados a proclamar, siendo Iglesia que “aparece como una muchedumbre reunida por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, según nos enseña el Concilio Vaticano II.
Meditemos y reflexionemos en la verdad de nuestra fe en Dios, Uno y Trino, y saquemos algunas aplicaciones prácticas de este misterio, que podamos llevar a cabo en nuestra vida personal, familiar y comunitaria.

DIOS ES PADRE, HIJO Y ESPÍRITU SANTO
PADRE: Es el ser que da la vida, la trasmite. En el ser divino, el Padre es principio sin principio de la vida que posee desde siempre y para siempre. Esta vida es Amor, perfecto, generoso, abierto a la trasmisión de ese Amor.
HIJO: Es el ser de la filiación que surge desde siempre y para siempre. Es la imagen del Padre que le da la vida, no creado sino engendrado en el seno de la unidad divina.
EL ESPÍRITU SANTO: El Padre y el Hijo se conocen y se aman desde toda la eternidad y para siempre.
De ese Amor como un fuego potente, es espirado el Espíritu Santo. Espíritu Santo que derrama ese Amor divino sobre la creación entera y en el mundo sobrenatural, los  dones, carisma y frutos.
Esta verdad no es fruto del razonamiento humano. No es un invento, ni tampoco una elucubración fantástica.
 Dios, a través de la historia de la salvación se ha manifestado progresivamente en el cosmos creado por él y a toda la humanidad, elevada al orden de la gracia sobrenatural.
Dios ha revelado su ser íntimo, trascendente y de suyo inalcanzable con las solas fuerzas humanas  de la inteligencia y de la voluntad. La revelación divina de su ser oculto a nuestros ojos físicos y espirituales, es un don; es pura gracia que no se obtienen con las solas fuerzas naturales del ser humano.
Aquí podemos decir lo que la misma Escritura nos enseña que: “ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre lo que Dios tiene destinado a los que lo aman y lo aceptan, llenos de fe que es adoración y total entrega en la alabanza y la acción de gracias”.

SOMOS IGLESIA ÚNICA Y TRINITARIA A PARTIR DEL SER DE DIOS, UNO EN SU DIVINIDAD Y TRIPLE EN SUS PERSONAS
Cada uno de los creyentes en Cristo y en su Padre y en su Espíritu Santo, se nos da participar semejantemente  de la vida de cada Persona divina y desde la unidad irrompible del ser amoroso de Dios, único y verdadero.
En efecto, somos del Padre desde el bautismo sus hijos adoptivos en los cuales ha derramado su amor por creación y elevación a la vida íntima del mismo Dios.
Somos íntimos comensales de su banquete celeste, como puro don y gracia inmerecidos.
 Del Hijo hecho hombre para salvarnos del pecado y de la muerte temporal y eterna, somos hermanos del único y primogénito que es Cristo, quien por su Pascua dolorosa, de muerte y de gozosa resurrección, nos hace ser hermanos más allá de las exigencias de la carne y de la sangre.
Por esto hemos recibido el máximo precepto de su amor: Amar a Dios por sobre todas las cosas y a nuestros prójimos como a nosotros mismos, sin distinción de razas, culturas y condición social.
Y del Espíritu Santo somos su “templo”.
El nos inhabita y de acuerdo a su beneplácito y de acuerdo a la capacidad de cada creyente, lo llena de sus regalos: los siete dones, los carismas para la construcción de la Iglesia, nueva humanidad, en y por el amor que nos invade.
 “La caridad de Dios ha sido derramada en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado”.
   
ACTUAR EN CONSECUENCIA COMO HIJOS DEL PADRE ETERNO, COMO HERMANOS DE CRISTO Y COMO MORADA SANTA DEL ESPÍRITU SANTO
Si somos por adopción hijos del Padre, debemos realizar la comunión de todos los hombres sin acepción de personas. Debemos construir la convivencia de la filiación divina en nosotros para desterrar los odios, las venganzas y las divisiones criminales y que son fruto del egoísmo y de la colaboración humana con el Maligno.
Si somos hermanos de Cristo por los méritos de su Pascua, debemos construir la civilización fraterna de la justicia, de la dignidad de las personas, hechas a imagen y semejanza de Dios Uno y Trino, la verdad debe imperar en toda relación humana y desde luego el bien integral de cada uno y de toda la comunidad humana, especialmente en el ámbito de la comunión eclesial.
Por último, si somos templo espiritual del Espíritu Santo, debemos acoger y desarrollar en nuestras vidas los siete dones que el Espíritu Santo nos da: inteligencia, sabiduría, ciencia, fortaleza, piedad, consejo y santo temor de Dios.
Además de todos los carismas que nos capacitan de acuerdo a la vocación y misión de cada uno para construir o edificar a nuestra Iglesia en y por el amor.
Y para el desarrollo de nuestra vida de santidad cristiana, aprovecharnos de los frutos del Espíritu Santo que nos hacen ser santos.
 ¡Que toda nuestra vida personal y comunitaria, sea una profesión gozosa y agradecida, por ser hijos adoptivos del Padre.

*Obispo Emérito de Zacatecas




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