Monday 23 de January de 2017

Blanquet, El Aguerrido

Los días del Bi-100

     13 Nov 2012 04:00:00

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Aureliano Blanquet.
Aureliano Blanquet.

Conte Corti escribió en el libro Maximiliano y Carlota (1944): “(En Querétaro) Llegó la mañana del 19 de junio de 1867. Radiante se elevó el sol, ni una sola nube manchaba el cielo del amplio valle y en el aire fresco del amanecer una fragancia primaveral invitaba a la vida”.
En otro párrafo, Conte asentó: “sonaron siete disparos y el emperador Maximiliano, atravesado por cinco balas, cayó al suelo con la cara hacia delante… Un soldado se aproximó y en el lugar indicado disparó a quemarropa.”
El soldado mexicano, el que cegó la vida del emperador, fue descrito por Albert Wolff. Redactó: “el que mató a Maximiliano, es un chico guapo, tiene un rostro dulce que contrasta con la tarea lúgubre a la que fue asignado”.
El relato lo publicó en Le Figaro. El texto lo elaboró con base en las fotografías tomadas, en secreto, el día del fusilamiento.
Si atendemos el decir de la historia antihuertista, el chico mexicano tenía nombre: Aureliano Blanquet. Él fue nacido en la ciudad de Morelia, en 1849. Sea cierta, o no, su intervención en el fusilamiento, Blanquet ascendió en el ejército mexicano conforme a escalafón. Y fue leal al régimen.
En 1912, con el grado de general, Blanquet estuvo al frente de las fuerzas que defendieron al gobierno de Madero, lo hizo ante la rebelión del antiguo revolucionario Pascual Orozco. Blanquet atendió la zona norte de Zacatecas y las partes colindantes de Coahuila, Durango y Chihuahua. Su labor fue triunfante.
El levantamiento del general porfirista Félix Díaz en Veracruz y el recrudecimiento de la revuelta zapatista en Morelos obligaron al gobierno maderista a aumentar los efectivos leales para defender la Ciudad de México. En esta situación, el general Blanquet fue convocado para concurrir a la capital del país. De allí lo enviaron a Morelos. Él y su contingente transitaron por Zacatecas, el domingo 20 de octubre de 1912.
Su arribo capitalino causó entusiasmo, sobre todo en las buenas conciencias, las que miraban al zapatismo como una “insolencia inmoral e inculta, que como erupción de acrídidos están devastando las sementeras, las industrias y los hogares de la región que azulean”.
El escritor de esos enunciados, Ramón López Velarde, agregó: “El aguerrido jefe militar ha comenzado a maniobrar en Morelos, y mucho espera el país de la experiencia y del talento del general”.
Más todavía, recuperando aires patrióticos, cerró el texto con la siguiente oración: “Que Blanquet extermine la hidra del bandolerismo y sumará otro laurel a los que ciñen su frente veterana” (La Nación, 11 de noviembre de 1912).

*Historiador y profesor universitario




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