Monday 23 de January de 2017

Café Voltaire

Cartas desde el exilio

     25 Jul 2011 04:00:00

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Esperaba Franco a Julio en el café Voltaire, como lo hacía desde la adolescencia sin permanecer más allá de los 5 minutos de la hora pactada en su anterior reunión.
 La disciplina partidaria, comuno militarista y burocrática, a la que había sido sometido durante décadas, provocaron que la fachada suya se convirtiese en una suerte de roca pétrea y solemne.
Julio lo molestaba siempre con sus guasas irónicas y hasta crueles; le decía, señor robot, nosotros los pobres, que nos vemos en la imperiosa necesidad de padecer el transporte público de esta esperpéntica ciudad, no podemos computar con exactitud la hora en que llegaremos a los lugares de destino elegidos o que nos han impuesto por los administradores del poder.
Perdón, señor, no quise ofenderlo, sé que usted pertenece a esa élite porque los imperativos categóricos del bien común se lo exigen y no a causa de que sea un vulgar ambicioso sin escrúpulos. Así concluía Julio el acre saludo a Franco.
Éste apenas esbozaba una tenue sonrisa y le respondía entre dientes: ché, nos has madurado, lo tuyo es el juego de palabras, y debo reconocer que lo hacés de maravilla, pero así no se construye un mundo mejor. ¡Mejor!, pero qué decís, flaco. Mirá a tu alrededor, esto es un desastre y vos seguís usando palabras abstractas y cursis para seguir adormeciendo a las masas que, según vosotros, van a liberar del monstruo capitalista.
¿Te parecen abstractas las palabras libertad, igualdad, fraternidad, humanidad, pobreza, explotación, trabajadores, capitalistas?, le inquiría Franco. No me hinchés las pelotas, flaco. Sabés, decía Julio, porque no sos un boludo, que esos clichés son los más abstractos del planeta. Es inexistente la humanidad porque lo real son las personas concretas, con nombre y apellido. Algunos son buenos obreros, excelentes padres y ciudadanos ejemplares, pero no todos lo son, mas tu cobija conceptual los homologa y los iguala ficcionalmente.
Vosotros sos injustos hasta la médula debido a que no reconocés la diferencia. ¡Dale de nuevo con tu perorata franchute!, Julio. No sabés otra cantaleta. El nihilismo europeizante y academicista no lleva a ningún lado.
Y vos Franco sos brillante para poner etiquetas y huir al debate argumentativo. No ves el sufrimiento individual, perseguís fines imaginarios que nada tienen que ver con el dolor terrenal. Por eso el Partido siempre posterga las soluciones particulares y se dedica a fabricar pobres que mañana serán carne de cañón para sus luchas fraticidas.
No te pido que dejés tu ideario, Franco. Sólo que te comás la tierra, que mordás el polvo, que toqués la tragedia viva y real.

*Miembro del SNI




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