Monday 16 de January de 2017

Catástrofe humanizadora

     5 Nov 2012 03:30:00

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El liberalismo económico ha anclado el proceso de humanización a la idea de progreso material. Su mantra, fundado en una metáfora espacial y arquitectónica, sacraliza la producción de bienes y servicios, otorgándole un protagonismo desmesurado.
Acaso por este motivo, la expansión de la vida espiritual y de las actividades mundanas no vinculadas al vértigo monetario tiende a ser concebida como un proceso secundario, dependiente de la buena marcha del mercado capitalista.
Incluso, es común escuchar a los modernos cínicos decir que primero es la panza y luego la cultura, sobre todo cuando los ciclos eugenésicos de la economía se plantan eternamente en entornos de crisis. Para éstos el inveterado retorno de la catástrofe es una ley natural del sistema de generación de valor mercantil. Ya se sabe que para re-construir algo es necesario previamente crear ruinas y arruinar la vida de miles de familias, según esto, en aras de un futuro promisorio.
Los retóricos del momento cargan siempre contra los bolsillos de trabajadores y empleados. Su argumento es una oda a la estulticia: no se puede vivir por encima de las posibilidades. Claro que no, en España los bancos no prestaron a pagadores imposibles sino a los que tenían ingresos adecuados al nivel de sus gastos, y si no lo hicieron así es responsabilidad suya.
Se necesita ser muy crápula para socializar las pérdidas y privatizar las ganancias. A los señores del billetazo nada los conmueve, les tiene sin cuidado, por ejemplo, la cruel tragedia que padecen diariamente miles de familias que son desalojadas de sus hogares. Más sensibles se han mostrado los miembros del poder judicial español, cuestionando la voracidad de los bancos y el uso desmedido y abusivo que hacen del sistema legal.
Los mexicanos sabemos mucho de estos sinsabores que nos trajo la crisis de diciembre de 1994. Muchos perdieron casas y ahorros, millones se quedaron sin empleo, pero nuestro sistema bancario es hoy ejemplo mundial de sanidad financiera.
Pero qué le vamos a hacer, primero es la economía, atrás viene lo restante. Libros, películas y bienes de consumo espiritual son tratados con los mismos métodos de la razón calculadora. Impuestos por igual para todos, como si todo fuese homogéneo, como si todos percibieran los mismos ingresos, como si todos sintieran el mismo asco por la cultura.
Ahora que el fantasma de la abundancia y el bienestar mostró su monstruoso rostro, ¿cuál será la nueva zanahoria que diseñarán los alquimistas de la utopía?

*Miembro del Sistema Nacional de Investigadores
consolovin@hotmail.com




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