Thursday 19 de January de 2017

Celebración vigilada. Ni la lluvia apagó el entusiasmo

     16 Sep 2011 11:02:41

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Calderón ondeó el lienzo tricolor en 21 ocasiones.
Calderón ondeó el lienzo tricolor en 21 ocasiones.

CIUDAD DE MÉXICO.-  Sobrio, sin agregado, en apego a la tradición, el quinto Grito de Independencia del sexenio del presidente Felipe Calderón tuvo sólo el distintivo de una intensa lluvia que, sin embargo, no desvaneció el entusiasmo de los asistentes a la plancha del Zócalo capitalino.

El agua había ahuyentado a quienes llegaron temprano a la Plaza de la Constitución, dejando amplios claros que, sin embargo, la transmisión televisiva sustituyó con las coloridas tomas de banderas desplegadas, que resistieron, empapadas, hasta el final.

Calderón ondeó el lienzo tricolor en 21 ocasiones y de inmediato se activaron los juegos pirotécnicos.

Ya sin la bandera, el Presidente de la República regresó al palco acompañado de Margarita Zavala y sus hijos María, Juan Pablo y Luis Felipe.

Pronto se sumó el presidente del Senado, el panista José González Morfín. Y enseguida el ministro Juan Silva Meza, al frente de la Suprema Corte de Justicia, confirmando con la imagen lo que había declarado por la mañana en Los Pinos: “En democracia, ningún poder está por encima de otro”.

Y sí, ahora, sonrientes, los titulares del Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial compartían el escenario.

La asistencia del Ministro en Palacio era algo más que un acto protocolario, toda vez que hace diez días el Consejo de la Judicatura protagonizó una pública inconformidad por el señalamiento del Presidente de que los jueces  desafían el esfuerzo del Ministerio Público cuando lograba detener a los delincuentes.

Tampoco fue una presencia rutinaria la del presidente de la Mesa Directiva de San Lázaro, el diputado priista Emilio Chuayffet, pues en años anteriores nunca hubo eco a las invitaciones de Los Pinos cuando ese cargo lo ocupaba un legislador de la oposición.

Pero la atención de los invitados se concentró en otro político que también había rechazado las convocatorias a compartir la cena del 15 de septiembre  con los calderonistas: el ex candidato a la Presidencia y ex senador  Diego Fernández de Cevallos, el mismo que vivió las fiestas del Bicentenario de la Independencia, en 2010, en cautiverio, durante sus ocho meses de secuestro.

Igualmente estaban ahí las nuevas promesas electorales blanquiazules, los presidenciables cercanos a Calderón: la diputada con licencia Josefina Vázquez Mota, vestida de rosa mexicano, y el ex secretario de Hacienda, Ernesto Cordero, ambos cobijados por sus respectivos seguidores.

Mas como lo dictan las mediciones de popularidad, el personaje más requerido para la foto y el abrazo fue Margarita Zavala, quien esta vez se vistió de seda negra.

Diseñado por Macario Jiménez, el atuendo lucía una tira bordada  y que fue extraída de un huipil yucateco correspondiente a los atuendos de fiesta de la región maya. Para sortear  el frío, subrayado por la tormenta, Zavala se envolvió en un reboso potosino color coral.

Los hijos del Presidente, con atuendos de Chiapas, se sumaron a los saludos que su padre realizó en Salón de Embajadores con comensales VIP.

Cerca de las 12, la fiesta continuó en el patio principal de Palacio, a donde el Presidente había llegado siete horas atrás  para encabezar ahí una reunión de trabajo con su gabinete, mientras se difundían las versiones de que la página de Internet del gobierno federal había sido hackeada.

Más tarde sus colaboradores, la mayoría en compañía de sus familias, se ubicaron en los balcones del recinto histórico para atestiguar la algarabía de la verbena que transcurrió en el Zócalo.

Pero cerca de las 22 horas, el paisaje de la plancha capitalina fue opacado por una lluvia intensa que no paró hasta después del Grito.

Dos horas más tarde, sin embargo, cuando el Presidente y su familia dejaron los balcones para convivir con diplomáticos, funcionarios, artistas y deportistas que participaron en la noche mexicana, no hubo más incomodidades, y si las copas de tequila, vino, whiskey, agua de Jamaica y horchata y los mini antojitos mexicanos.

A tono con el discurso presidencial enfocado en enfatizar que hay un México más allá de la violencia criminal, la frase espectacular de la tarima central  fue “Héroes de todos los días”.

Una decena de fotografías  —una maestra, un indígena, un estudiante, una ama de casa, un médico, un abogado—, ilustraban la intensión de traer hasta aquí a los mexicanos de a pie.

Además, efectiva resultó la reacción del Estado Mayor Presidencial cuando supo detectar la procedencia de tres señaladores de láser, cuya luz verde cayó sobre el balcón central de Palacio Nacional, una vez que el mandatario nacional se asomó para lanzar la arenga patria.




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