Thursday 19 de January de 2017

Centros históricos y lenguaje. Errores engañosos

     9 Nov 2011 04:00:00

A- A A+

Compartir:

El genial Gabriel García Márquez vino en 1997 a Zacatecas a inaugurar el Primer Congreso Internacional de la lengua española, se quejó del cautiverio que la gramática ha impuesto al español al grado de irse disecando:  (...) enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revólver con revolver (...)

Y sí, en parte por las excesivas reglas ortográficas y por la falta de lectura, nuestra sociedad va perdiendo el dominio del lenguaje heredado y ha disminuido el uso de muchos vocablos genuinos, libres y espontáneos, bellos conceptos asociados a palabras notables en vías de extinción porque desde hace tiempo, muy pocos, o casi nadie las invoca o reivindica, la vitalidad de las palabras como el movimiento se demuestran andando.
El lenguaje de hoy es una jerga de “lugares comunes” muletillas y modismos, neologismos procedentes de las nuevas tecnologías que amenazan con volvernos monolingües como en la prehistoria. Acontece algo similar con los espacios urbanos, se plagan de basura visual y se diluyen sus rasgos singulares.
La gente de cada época habla y escribe como viste y decora sus hogares y sus ciudades, la morada humana se transforma de modo inevitable; lo preocupante es que a estas alturas se tolere y hasta se premie la fobia por lo antiguo como en cada época pasada respecto de la anterior; la conciencia crítica de las artes debiera obligarnos por sabiduría histórica a no seguir cometiendo los errores que han sucedido y que nos han enajenado, nos han vuelto ajenos a lo nuestro por el complejo de inferioridad  respecto de lo de los otros y eso ha incluido a la arquitectura oriunda de las sedes emblemáticas que nos parece insignificante o anticuada (desechable) y la subestimamos o la derribamos para poner la nueva.
En esa inercial tendencia se perdieron incalculables joyas arquitectónicas y si hoy en día subsisten ciudades museo o al menos ciudades antiguas con fisonomía uniforme en su primer cuadro, es casi de milagro.
 Al igual que en el urbanismo el lenguaje correcto o fiel a sus raíces se vuelve raro y decadente, en esa escalada de degradación de los nombres de las cosas surgen “términos prohibidos”, como durante largo tiempo estuvo proscrita la palabra Amapola, la sugerente flor y por extensión al personaje central de la  bellísima zarzuela  “La Leyenda del Beso”.
Aunque nos duela es inevitable reconocer que también los sitios o los lugares aún los históricos y heráldicos pueden resultar desprestigiados por acontecimientos  o por los estragos del desgobierno o del autoritarismo, por ejemplo Cuba es sinónimo de prisión tropical, Ciudad Juárez y casi toda Chihuahua suenan a “tierra sin ley” y como concepto México ha reemplazado a Colombia en ese lamentable estereotipo de lugar peligroso.
Zacatecas resultó afectada por la supresión de la “z” del “abecedario de las palabras convenientes” por considerar que la última letra del alfabeto está ligada (coludida) a la inicial del grupo delincuencial que atemoriza con impunidad la zona del centro norte de México, y, en la boca de ociosos dueños de un hiriente humor negro, Zacatecas ha mutado a “saca-zetas” (por la fuga masiva de reos del penal de Cieneguillas durante el sexenio anterior ), en Michoacán se ha llegado a desaconsejar utilizar el término de “la familia” porque lo encarna otra banda del crimen organizado  y a Tamaulipas se le dice con similar sarcasmo: “mataulipas”.
El mensaje del Nobel de Literatura puede ser mal entendido, si se cree que así como la ortografía y sus exigencias extremas asfixian el lenguaje brioso y popular, algunos creen que el paisaje urbano se debe ir transformando sin riendas, ni límites y se equivocan, eso es anarquía que devora los sitios naturales e históricos, como está ocurriendo con Zacatecas.
Gabriel García Márquez añadía en su protesta de esa ocasión  (…)¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?(...)
 Nosotros agregaríamos y qué de la k de kilo o de la q de queso que a veces se confunden porque suenan igual y especialmente cuando se escribe “quilos” con q, para referir que esos kilos no existen que son una palabra hueca aparentemente mal escrita porque tampoco concuerda que se hayan utilizado kilos de oro macizo –al parecer cinco- para dorar el nuevo Altar Mayor de Catedral de Zacatecas.

fjacuqa@hotmail.com  
 twitter @f_javier_acuna
 




Lo más leído
Choque entre camión de arena y autobús en India deja 20 niños muertos 
Google se 'viste' de luto tras ataque en colegio de Monterrey
Analizan implementación del operativo mochila en Zacatecas 
Se reúne Alejandro Tello con Rosario Robles 
Balean una casa en la colonia Alma Obrera durante la madrugada 
#Video ‘No hay pena más grande que ver sufrir a nuestros hijos’: EPN 
Disney confirma que todas las cintas de Pixar están conectadas
Clausura la Profeco una mina en el Estado de México por irregularidades 
Evalúan factibilidad para edificar un campus de la UAZ en Monte Escobedo 
Dejan una cabeza humana en la colonia Ojo de Agua de la Palma, Guadalupe 
Aplicaciones


Servicios
$ Dolar
Compra 22.00
Venta 22.5
€uro
Compra 23.29
Venta 23.79

Multimedia



©Todos los derechos reservados
GRUPO EDITORIAL ZACATECAS, S.A. DE C.V.- De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la Publicación,
retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos de este portal.




Aviso de privacidad