Tuesday 24 de January de 2017

Con el PRD, el fin de la democratización

La dependencia de alianzas, ocultas o semiocultas con el poder público, es evidente ahora

     30 Mar 2011 04:00:00

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Ahora que el perredismo logra salir adelante en una elección interna sin conflictos rudos que obligan a demoradas negociaciones proponiendo la decisión, el producto es el de la peor calidad y la citación del partido la más precaria. El PRD es ya un organismo claramente dividido en dos partes irreconciliables, heterogéneas e inestables.

En tal circunstancia, el todo quedó fraccionado: de un lado los llamados “chuchos”, quienes siguen en la presidencia mostrando una continuidad aberrante, de familia amafiada, sin proyecto ni perspectiva ni legitimidad.
Del otro el lopezobradorismo, con la señora Padierna como representante; ni más ni menos que el lumpen de René Bejarano, el clientelismo bárbaro y el liderazgo megalómano del jefe López.
Bien, en otras palabras, juego de suma cero. Cuando esto ocurre en una organización, queda claro que su futuro esta cercado, no tiene más destino que pelear por conservar lo que dominan, imposible pensar en proyectos de mayor alcance, toda la energía se gasta en sobrevivir.
Es esa, efectivamente, la lógica tribal, la pasada elección la confirmó. Por ello, aunque estén en trayectoria de enemigos mortales, Jesús Zambrano y Dolores Padierna tienen que pactar y convivir; de otra manera, de imponerse uno romperían la organización, perderían todos.
Por ello, esa elección marca algo más definitorio: el fin del ciclo de la democratización pervertida que abrió, hacia 1988, la Corriente Democrática: Ese esfuerzo, en sus limitaciones, sin embargo vigoroso, no pudo ir más allá de sus condicionamientos de origen. Los principales de ellos, los límites del proyecto, el objetivo inmediatista de derrotar al PRI, ahí siguen.
El segundo, el liderazgo personal, producto de la heterogeneidad de fuerzas y, por último, la necesidad de acuerdos con centros de poder público y sus recursos para mejor sustentarse.
Sin proyecto y posibilidad de armarlo, no puede pasar inadvertida la incultura, la formación palurda, callejera de los dirigentes. El señor Zambrano muestra un currículo que produce sorna y desconfianza.
Lo inicia en los noventa del siglo pasado, tiene que ocultar el pasado bárbaro y violento. Se dice con licenciatura en sociología, la obtuvo en tres años -¿dónde?- de 2001 a 2003; solo que sea producto de un fraude o de artilugios tan novedosos que habría que develarlos.
Agrega que tiene formación técnica, y aclara que de físico matemático, ni más ni menos; la obtuvo, otra vez, en tres años: 1970-1972. La única formación que se observa es la del aventurerismo. La señora Padierna ni a currículo llega, no lo necesita ni le importa: su especialidad es la del empresariado de la pobreza.
El mayor problema está en que la ciudadanía financia a tal organización y con tales dirigentes; gracias a que monopolizan esos recursos se perpetúan en el poder, frente a lo que la población nada puede. Menos todavía cuando el presidente Calderón se alía con ellos.
De ahí que la necesidad de que el líder personal sea insuperable. Sólo que, en tanto cofradías en complicidad, el liderazgo personal es mediocre y apenas puede cubrir segmentos como el de López Obrador. La dependencia de alianzas, ocultas o semiocultas con el poder público, es evidente ahora.
Y lo que se observa es que ha seguido una trayectoria que del encubrimiento desciende a su punto más bajo, anunciando la anulación del partido como organización con vida independiente.
Esa dependencia del PRD empezó desde antes de su inauguración; se estableció desde el gobierno de Salinas de Gortari con Manuel Camacho, que poco a poco fue ganando control sobre el partido al conectarlo con los recursos del gobierno de la Ciudad de México.   
También gozó del favor del presidente Zedillo. Siguen ahí, en desgaste. Marcelo Ebrard inyecta recursos desesperadamente con pocos resultados, apenas una pequeña fracción de poder para él.
En tanto, “los chuchos” tienen que ir a abrevar a otra fuente de poder público: La Presidencia de la República, como el viejo PRI.
Por eso se juegan todo en la alianza con el PAN en el estado de México. Nacido del impulso democratizador, su absoluta incapacidad para servir a la democracia y su profunda genética de bajo priismo le ha impedido le ha impedido servirla.
Ahora sirve al absolutismo de Felipe Calderón, cerrando el ciclo de la democratización. Lo más grave es que no sólo la cancela, sino que la pudre, con la complacencia de importantes esferas de gobierno.

*Periodista




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