Wednesday 18 de January de 2017

Conejita de la suerte

ORDENANDO EL CAOS

     7 Feb 2012 04:00:00

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Siempre he deseado tener los dones de algunos personajes famosos. Digamos, por ejemplo, la voz de Cecilia Bartoli, la cara de Drew Barrymore, la inteligencia de Marie Curie y las destas de Ninel Conde.

 Lo adivinaron: me salió la cara de Curie, la voz de Barrymore, las destas de Cecilia y la inteligencia de Ninel.
No le he dado demasiada importancia a esto, porque en realidad, estoy mucho más interesada en la cualidad de Bugs Bunny: una concha descomunal en donde se estrellan las más viles intenciones.
No sé si algún día logre cocinarlo el cazador o el aborigen, pero sé de cierto que nunca padecerá colitis, gastritis ni ptiriasis rosada. Es más, ya en el perol del caldo, seguro tendrá una nueva graciosada qué decirle a su cocinero.
Fíjense cómo esta liebre -porque no es un conejo- supera por mucho a James Bond. Sí, no estoy errada con la referencia. Pasa que el infalible, guapo, apuesto y famoso galán del cine, no tiene el talante de Bugs Bunny ante las adversidades.  Cierto es que las resuelve, pero suele mantener un ceño entre Enrique Elizalde y Harry Potter, esto es, entre el mal carácter y la amargura. ¿Qué me dicen de mi personaje favorito? Siempre anda orondo masticando una zanahoria; saluda a quien desee comerlo con el consabido "¿Qué hay de nuevo, viejo?", no presume de sus habilidades como hace Speedy González y acaba siempre por resultar simpático incluso al batallón listo para fusilarlo. Y es compasivo, además.  Se conduele del soldado cuyos intentos fallidos por arrestarlo le costarán la carrera militar, cambia de personalidad a placer con sólo ponerse un sombrero diferente y no le importa vestirse de mujer, caballero o de niñita.
Sólo una vez lo he visto en apuros: fue cuando un alienígena pequeñito lo trepó a una nave espacial que luego dejó en caída libre con ellos dos a bordo. Pues ni siquiera ahí Serapio -como se llamó originalmente- perdió la galanura, excepto porque estaba amarillo ya que las últimas zanahorias ingeridas amenazaban con volver a su lugar de origen. Pero al final del capítulo, él mismo vuelve a reírse del apuro del televidente y nos aclara que no, es imposible que Bugs Bunny vaya a pasar un trance tan feo como el de acabar estrellado en tierra firme.
Tiene suerte porque alguien lo mantiene siempre enseñándonos los dientes. Ahora entienden por qué esa es la característica que más envidio de un famoso y, además, como dijera El Piporro ¡es un cromo!

dreyesvaldes@hotmail.com




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