Saturday 21 de January de 2017

¿Conservacionistas contra desarrollistas?

     7 Sep 2011 04:00:00

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Tratar con el debido cuidado los monumentos históricos y el contexto en el que se encuentran no es un asunto resuelto, todos los días los sitios “protegidos” por la UNESCO o en vías de alcanzar esa declaratoria se exponen a constantes ultrajes. Además, afloran las posiciones encontradas sobre cómo intervenir monumentos ante restauraciones o reparaciones, y si esa -oportunidad- podría parecer una buena noticia se vuelve una importante fuente de conflictos.

Los primeros quieren colocar los sitios bajo un capelo, respetar íntegramente los edificios, sus fachadas, sus azoteas y sus interiores conforme a los diseños y los materiales de la época contractiva, o al menos que imperen los elementos clásicos que dominan el carácter del inmueble histórico (con sus señas de identidad, en muchos casos son fachadas eclécticas que concentran el reflejo híbrido de las variaciones de los monumentos desde su inicio hasta que se detuvo su evolución por causas de lo que concebimos como la modernidad del Siglo 20 y 21).
Los desarrollistas se vuelven incomprensibles para sus rivales, los acusan de traicionar la esencia de la causa defensora de la integridad patrimonial.
Los desarrollistas son partidarios de soluciones de contraste para identificar los signos que el tiempo le imprime a cada etapa de la vida monumental, por ello no sólo aceptan, sino que proponen incrustaciones modernistas en los viejos palacios y espacios como la pirámide de cristal en la plaza del Museo de Louvre o Charles Pompidou en París (soluciones francamente polémicas) que no dejan de suscitar el dolor de la interrupción visual de componentes inesperados en un sitio que precisamente tiene valor por la homogeneidad que guarda a pesar del tiempo.
Mientras los conservacionistas temen por fidelidad al concepto de la estampa monumental detenida en el tiempo y sufren la mera posibilidad  de circunstancias extraordinarias que den paso franco a los desarrollistas y sus intenciones de pasar a la historia mediante “sus aportaciones”, los desarrollista son ágiles y aguardan el advenimiento de desastres o contingencias urbanísticas (ampliación de avenidas, periféricos) que pongan en vilo los cascos antiguos para insertar soluciones de ruptura visual bajo una supuesta máxima de “contemporizar” con los arquitectos y alarifes de las viejas moradas de la humanidad.
 Los exponentes del desarrollismo se frotan las manos de la oportunidad de “reparar” cualquier desperfecto o daño causado por el tiempo o la naturaleza (terremotos, huracanes, inundaciones, incendios, etcétera), los conservacionistas exigen que esas, regresando el aspecto que tenían las fincas y el paisaje urbano considerado patrimonio de la humanidad antes del perjuicio o del siniestro.
 Un acierto del desarrollismo adecuado e inteligente fue el rescate de la ruina del templo La Muela de Berlín en medio de la moderna Avenida Kurfürstendamm, ese templo neorrománico Kaiser-Wilhelm en su tiempo no fue un edificio notable y ahora es el símbolo más descriptivo del Berlín contemporáneo, a una construcción casi derruida por las bombas se le dio el destino heráldico de una lamentable experiencia de la humanidad (la Segunda Guerra Mundial) que a la vez reviste un particular encanto estético por los contornos de la modernidad de rascacielos cristalizados que lo rodean y  en los que se refleja.
Finalmente, la sede del conflicto entre unos y otros está en que por la victoria de los desarrollistas en muy poco tiempo tendremos cascos viejos preñados de cristales y esculturas modernas, cuando además abundan los sitios que ya no merecen una declaratoria porque la unidad arquitectónica del pasado se perdió (Chihuahua o Guadalajara en México)  un sinfín de centros en los que sólo hay vagos recuerdos de épocas idas aniquiladas visualmente por edificaciones “modernistas”.  
Los conservacionistas señalan a caso con razón: ¿por qué robar a los contados sitios que conservan esas características homogéneas su valor referencial del ayer?, para evitarlo exigen que mejor se alcen suburbios modernistas en los que los artistas de hoy expresen lo que sienten son los mensajes de la era actual para la posteridad, y así, nuestra generación habrá legado una referencia fiel de cómo conocimos y reconocimos nuestras ciudades emblemáticas (sus Centros Históricos) y afuera del perímetro antiguo de las mismas las fascinantes demostraciones de la modernidad funcional y vertical que es a la vez interesante y estética en su propio género.
 
*fjacuqa@hotmail.com
twitter @f_javier_acuna
 




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