Monday 23 de January de 2017

Contra el monumento

Periferia: Arte contemporáneo

     1 Mar 2013 04:00:00

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Durham fue experto en aplastar objetos con piedras.
Durham fue experto en aplastar objetos con piedras.

Jimmie Durham (USA, 1940) dejó la escuela a los 16 años para enlistarse en la Marina de los Estados Unidos. En sus veinte comenzó a figurar como poeta y artista. Estudió artes en Europa en 1969.
Hacia 1973 volvió a América, donde participó activamente en el Movimiento Indio Americano, y también fue representante ante la ONU del International Indian Treaty Council.
Dejó el activismo para regresar a las artes y la escritura a finales de los 70. Vivió por una temporada en Cuernavaca, entre 1987 y 1994, y después se trasladó a Europa, donde actualmente trabaja.
La carrera de Durham, ha sido muy diversa. Su trabajo artístico puede clasificarse como escultura, en el sentido más amplio es el resultado de la manipulación de materiales en el espacio, pero también incluye textos y acción.
En sus propias palabras, el trabajo de Durham está en contra de los dos pilares de la tradición europea: la fe y la arquitectura. Se opone a la conexión del arte con la arquitectura cuando se la primera se reduce a ser “la estatua”, “el monumento”.
Esa oposición al uso del arte como monumento está presente en obras como Arco del Triunfo para Uso Personal (1996-2007). En sus distintas versiones el arco está hecho de metal o madera. Es una pieza transportable, ligera, por la cuál uno puede pasar cada vez que algo se celebra.
Estos arcos subvierten la función del monumento: arrebatan el concepto de gloria y trascendencia que usualmente está reservado al estado, para democratizarlo y ponerlo al alcance de cualquier persona.
Hacia mediados de los años 90, Durham se dedicó a perfeccionar su práctica de lapidar o aplastar diversos objetos con piedras. televisores, refrigeradores, autos: objetos que  simbolizan el éxito y confort del capitalismo, monumentos a su manera, deformados al lanzarles piedras o aplastarlos con rocas.
Pero su oposición al monumento y la arquitectura no es sólo referente a su función simbólica, sino por la manera en que la arquitectura define quiénes somos y cómo nos comportamos.
En la ciudad, los edificios no tienen grandes variaciones, los recorridos son casi siempre los mismos, uno se detiene en la luz roja, y sigue su camino con la verde.
Al contrario de la ciudad, donde todo es siempre igual, en la naturaleza todo cambia: los habitantes del bosque o la selva deben estar siempre atentos a lo que pasa a su alrededor.
Durham espera que su obra sea una interrupción de la monotonía. No se trata de traer el caos, sino romper con las rutinas, con lo esperado. Algo que suele ocurrir con su propia obra.
Para él, la interrupción provoca que nuestra conciencia se concentre en el momento. Cuando hacemos algo rutinario, pensamos en el pasado o el futuro, pero no el presente: la interrupción provoca nuestra atención, nos hace sentir vivos.

*Coordinador del Muno




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