Sunday 22 de January de 2017

Corralito español se ensaña con los humildes

     16 Dec 2012 17:12:22

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De izquierda a derecha, Félix Valls, inversionista del banco español Bankia; Ricard Torres presidente de la asociación ApacBank que representa a cientos de clientes del banco q
De izquierda a derecha, Félix Valls, inversionista del banco español Bankia; Ricard Torres presidente de la asociación ApacBank que representa a cientos de clientes del banco q
LA VALL D'UIXO, ESPAÑA.-  Cuando Félix Valls confió su dinero a aquel extraño producto financiero, lo hizo con los ojos cerrados.   Era una simple cuestión de confianza.   No conocía la bolsa ni sabía cómo funcionan los mercados. Pero no podía dudar de la entidad que le abrió una cuenta corriente cuando estaba recién nacido en 1935, con un regalo de 5 pesetas (0,03 centavos al cambio actual, pero una pequeña fortuna para la época) como deferencia hacia sus padres, clientes de toda la vida.   Por eso se siente traicionado. No entiende por qué el dinero de años de trabajo está bloqueado en un limbo que no comprende.   "Sólo quiero recuperar el dinero", repite una y otra vez.   Valls, de 77 años, es uno de los casi 1 millón de ahorradores en toda España que según cálculos oficiales viven la pesadilla de un corralito financiero tras invertir en las llamadas participaciones preferentes.   Junto al desempleo del 25% y los desahucios por impagos hipotecarios, es uno de los capítulos más sangrantes de la serie de múltiples dramas sociales al que se enfrentan miles de familias en mitad de la tempestad económica que azota el país desde hace ya cuatro años.   El producto, absolutamente legal, es lo más parecido a una acción sin voto que cotiza en los mercados secundarios. Ofrece una alta rentabilidad, generalmente cercana al 7%, pero no tiene vencimiento y para vender una participación hace falta que aparezca otro comprador.   Y en la actual coyuntura, los mercados son un páramo sin inversionistas a la vista y las preferentes un papel mojado de escaso valor. La Unión Europea anunció la semana pasada que los bancos españoles nacionalizados que requieren fondos de Bruselas para sanearse deberán convertir las preferentes en acciones ordinarias líquidas con una quita que ronda el 40%, lo que supondrá perdidas millonarias para miles de personas que no están dispuestas a perder sus ahorros.   "Yo no entiendo qué pasa. Lo único que quiero es que me devuelvan lo que es mío", dijo Valls.   Las participaciones preferentes no son exclusivas de España, pero las peculiaridades de la crisis ibérica han favorecido la actual situación, única en Europa por la pésima salud del sistema financiero, la cantidad de afectados y el perfil de los mismos.   No se trata solo de grandes fortunas acostumbradas a mover capitales en los mercados, sino principalmente trabajadores con ahorros muy modestos que jamás habían invertido en bolsa.   El mapa de las preferentes es disperso, pero la radiografía coincidente. La mayoría de afectados supera los 60 años, encaja en el perfil de pequeños inversores en busca de una mínima rentabilidad sin riesgo y se concentra en pueblos de España. En estos municipios hay pocas oficinas bancarias y prácticamente todas pertenecen a cajas de ahorro, con las que los clientes establecen una relación familiar.   Es el caso de La Vall d'Uixo, que en su día albergó una conocida fábrica de calzado que suministraba botas militares al ejército español y hoy sobrevive de una agricultura mínima y la pequeña industria cerámica de la zona. Hasta 1.500 de sus 34.000 habitantes han visto congelados sus ahorros.   Vicente Porcar, de 41 años, recuerda cómo su madre confió a la sucursal de siempre los 70.000 euros (90.830 dólares) de la herencia que dejó su padre al morir.   "En aquel momento, no le dimos importancia. Cuando compró preferentes en 2007, ella hablaba de un nuevo producto con mucha rentabilidad, que era ganar o ganar porque así se los habían dicho en el banco", recordó.   La indignación de muchas de estas personas se ha dirigido rápidamente contra aquellos empleados de sucursal con los que solían tomar café y asistir juntos a las funciones de teatro del colegio. La tensión ha rozado la tragedia en algunos pueblos cercanos a La Vall d'Uixo, con amenazas de muerte escopeta en mano y la policía intentando calmar los ánimos.   "El cliente confía en la marca, pero más en el empleado", explicó José Romero, de 53 años, que lleva 38 trabajando en Bancaja, la más importante de las cajas de ahorro valencianas hoy integrada en Bankia.   "Pero cuando les tocan el dinero, la gente cambia radicalmente. Llegan las amenazas de muerte, los insultos, gente que aparece con escopetas a las oficinas... Muchos empleados tienen miedo de salir a la calle", agregó.   Desde la Confederación Española de Cajas de Ahorro declinaron comentar estos incidentes, pero insisten en que facilitaron un informe "breve y en un lenguaje no técnico" con los riesgos del producto a los clientes que suscribieron preferentes y que la situación actual se debe fundamentalmente a la negativa evolución del mercado.   Pero de poco nada sirven estas explicaciones a los afectados.   "Estoy dispuesto a ir a la cárcel. Con los dineros de mi familia no juega nadie", confesó Porcar, quien admite estar desesperado.   Asociaciones de afectados como Apacbank califican lo ocurrido como una estafa masiva. Porque muchas de estas personas firmaron los documentos legales exigidos, pensando que no había riesgo alguno y porque, simplemente, creían en la palabra de su banco de siempre.   "La mayoría de los que suscribieron preferentes jamás pensaron que se trataba de un producto financiero con este riesgo", afirmó Salvador Sastre, portavoz de Apacbank, que agrupa a centenares de perjudicados por la entidad nacionalizada Bankia. "Son víctimas y por parte de los bancos eran conscientes de que se estaba montando una auténtica estafa".   Las primeras emisiones de preferentes comenzaron a finales de los años 90, en plena explosión económica, y mucha gente se benefició de sus atractivas condiciones. Los problemas llegaron con las campañas realizadas entre 2007 y 2009, cuando la burbuja estaba a punto de estallar.   El colapso inmobiliario arrastró al abismo a más de la mitad del sector bancario español, las cajas de ahorro, que en los años de bonanza gastaron fuertes sumas en créditos promotores al ladrillo y se financiaron en gran medida con productos como preferentes.   En 2009, existían 45 cajas de ahorro en España. Tres años después, solo sobreviven dos grupos con liquidez para hacer frente a un escenario económico extremadamente adverso. El resto se fusionaron y transformaron sus negocios en banca tradicional poco antes de que Madrid pidiera una asistencia de hasta 125.000 millones de dólares a Bruselas para el sanear el sistema financiero.   "No ha existido país en el mundo en el que la mitad de su sistema financiero, que eran las cajas, se haya ido abajo", subrayó Ricard Torres, presidente de Apacbank, sobre las extraordinarias circunstancias del caso. "Ha habido burbujas inmobiliarias en países como Irlanda, pero nada que ver con este círculo virtuoso de burbuja inmobiliaria financiada externamente por cajas que requerían este tipo de productos (preferentes)".   "Ha sido una tormenta perfecta", añadió.   Apacbank defiende la solución judicial, que todavía no tiene una jurisprudencia clara. Existen casos de sentencias favorables a ahorradores que han recuperado su inversión al considerar el juez que el consentimiento firmado con el banco se basó en información sesgada.   En la última reforma del sector financiero aprobada por el gobierno conservador, se endureció el criterio de compra de participaciones preferentes, exigiendo un mínimo de 125.000 dólares de inversión, entre otras medidas.   Además, la Comisión Europea dijo que entidades nacionalizadas como Bankia, que recibirán buena parte del préstamo europeo, deberán canjear estos productos por otros mecanismos que den liquidez inmediata. Pero fuerza al cliente a renunciar al 40% de su inversión.   "No cambia nada respecto a los derechos de inversores minoristas, que fueron asaltados en su buena fe y contrataron un producto de riesgo, cuando la mayoría solo querían productos de riesgo cero", comentó. "Esta ilegalidad que cometieron las entidades no queda invalidada por este canje".   Mientras se busca una solución global, afectados como Valls no quieren ni oír hablar de pérdidas. Hijo y nieto de labradores, asegura que dispone de documentos que demuestran que su familia trabajaba la misma parcela desde al menos el siglo XIX.   Al finalizar la guerra civil española en 1939, el terrateniente les vendió aquellas tierras. Años después, el ayuntamiento expropió el terreno para construir un parque e indemnizaron a la familia con una generosa cantidad.   Un total de 248.000 euros (321.810 dólares), que Valls, sin saber muy bien lo que eran, confió en participaciones preferentes. No ha vuelto a ver un céntimo, pero recuerda perfectamente los nombres y apellidos de los comerciales de su banco que le vendieron aquel producto y esquilmaron la misma libreta abierta en 1935.   "Sólo quiero recuperar mi dinero. No es mucho pedir", dijo Valls, que no tiene hijos y vive de un plan de pensiones. "Todavía no me explico cómo se puede permitir una estafa así".                    


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