Tuesday 24 de January de 2017

¿Creer en Dios?

     30 Jan 2013 04:00:00

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Si el siglo 20 conoció sistemas totalitarios, guerras mundiales con millones de muertos, genocidios y asesinatos en masa, campos de concentración y gulags, el siglo 21 ha comenzado marcado por la amenaza de un terrorismo despiadado, injusticias, niños víctimas de toda clase de abusos y condenados al hambre y a la inanición , millones de desplazados y refugiados, persecuciones por motivos religiosos y, además, las devastadorascatástrofes naturales como terremotos, erupciones volcánicas, tsunamis, inundaciones, sequías, etcétera.
Con cuánta razón a muchos seduce la idea del fin del mundo y el anhelo de la llegada de una nueva era.
Ante tal situación, la existencia de Dios resulta problemática, más si habla de un Dios bueno, justo, misericordioso. ¿Dónde está Dios cuando todo eso sucede? ¿Por qué Dios permite tanto mal, tanta injusticia? ¿Por qué no interviene en favor de tantos seres humanos que sufren, que son víctimas de un mundo violento? Todo este sufrimiento injusto, se preguntan algunos, ¿no es, acaso, el argumento más serio en contra de la existencia de un Dios omnipotente y misericordioso?
Es cierto que con bastante frecuencia resulta difícil hablar de Dios, incluso a aquellos que son creyentes. También éstos se encuentran en una noche oscura de fe en medio de la cual, a la vista del inmenso mal y el injusto sufrimiento, les faltan las palabras. El sufrimiento de los inocentes, como los hacía ver Dostoievsky, es probablemente uno de los argumentos de mayor peso del ateísmo actual.
Hoy muchos viven como si Dios no existiera, o sienten que viven mejor sin él, al menos no viven peor que muchos de los que se dicen creyentes, de hecho, la vida les funciona bastante bien.
Si Dios existe o no, es una cuestión que ha dejado de tener importancia, por tanto, protestar contra él no tiene sentido. Las preguntas sobre la violencia y sus víctimas inocentes llevan a quedarse sin palabras, a no buscar una respuesta en el ámbito religioso.
Esta realidad que se percibe así no sólo propia de aquellas personas que podemos calificar de superficiales, poco dados a la reflexión, sino que también se percibe en el campo del pensamiento filosófico: “Cuando se secan los oasis utópicos, se extiende un desierto de banalidad y desconcierto” (J. Habermas). Así junto a diversas aflicciones corporales, existe también en muchos la aflicción espiritual, la desorientación y la sensación de falta de sentido y de vacío.
Muchos aprenden a sobrevivir en medio del vació, se sostienen a pesar de todo lo adverso; otros, en cambio, se ven empujados a la desesperación, al desánimo y a la ausencia de esperanza y temor ante el futuro.
En el siglo 21, en el pleno apogeo de la victoria de la visión científico-técnica del mundo, ¿vale la pena plantearse nuevamente la cuestión de Dios? ¿Puede todavía la fe darle un valor agregado a la vida, llenarla de significado? ¿Abrirse a lo trascendente, vivir de esperanza, puede lanzarnos a un futuro más luminoso y lleno de sentido?

padrefelix98@hotmail.com




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