Saturday 21 de January de 2017

Cristo ha resucitado y nos llama a resucitar con Él

     24 Apr 2011 03:40:00

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"Resurrección de Cristo", de Gerard Seghers.

INTRODUCCIÓN
Hoy celebramos la gran Solemnidad de la Resurrección de Cristo, sostén de nuestra fe, aliento de nuestra esperanza y fuego de nuestro amor a Él y a todos los hombres redimidos con su preciosa sangre. Esta es la fiesta central y absoluta de nuestro ser de cristianos.
Ante las penas, sufrimientos y angustias de todos los hombres sujetos a la muerte, en el camino de nuestra presencia en este mundo que nos ve nacer, crecer y desarrollar la vida fugaz de nuestro presente, la luz brillante de la Resurrección de Cristo nos inunda de gozo.
Celebremos con grandísima gratitud a Dios, la Resurrección de su Hijo hecho hombre, quien con la fuerza del Espíritu Santo, reina sereno y radiante para todo aquel que cree en Él como salvador y redentor.

CRISTO HA RESUCITADO
La Resurrección de Jesús rebasa todo cálculo y expectativa humanos. Es un hecho que escapa a las constataciones del saber y la capacidad de los hombres para percibir la realidad e interpretarla correctamente.
Fuimos creados por Dios para contemplar las maravillas de su creación y descubrirlo como fuente de ser y de vida.
San Agustín siempre nos recordará que el Señor de la gloria nos ha hecho para Él y que por eso nuestros corazones están inquietos hasta que reposen definitivamente en Él y para toda una eternidad, después del paso por este planeta y dentro del espacio y el tiempo que se rompen para que descubramos con fe y amor a Cristo resucitado.
San Pablo también nos revela y nos recuerda que si Cristo no hubiese resucitado, vana sería nuestra fe; seríamos los más desdichados de la tierra al creer en una ilusión y en una mentira que defrauda.
Cristo es verdadero Dios y hombre. Ha venido a esta creación, obra de sus manos, para rescatarla de las tinieblas del pecado y de la muerte, que están presentes en los hombres tan necesitados de una vida nueva, totalmente inédita, resplandeciente e inagotable.
Afirmamos con fe sólida y robusta que la resurrección final del cristiano está en estrecha dependencia de la de Cristo como se afirma en la doctrina de San Pablo apóstol.
El Padre eterno ha resucitado a su Hijo Jesucristo hecho hombre mortal. Con Él, los redimidos del pecado y la muerte eterna poseemos el mismo Espíritu Santo que resucitó a Jesús de entre los muertos.
Configurados con Cristo, muerto y resucitado por nuestro bautismo sacramental, debemos dejarnos guiar por el Espíritu siendo hijos de Dios a imagen de su Hijo Cristo Jesús.
De esta manera por Cristo, que es el Hijo por naturaleza, somos pues hijos adoptivos de Dios Padre.
Cristo es nuestra vida y condición nuevas, con dos dimensiones: la adopción filial por el bautismo y presente en este caminar terreno, y la otra, futura, que es la resurrección final.
Esta resurrección final depende de la situación presente que vivimos, pero simultáneamente es ya prenda y arras de la vida perfecta e indefectible que esperamos.

LOS CRISTIANOS DEBEMOS HACER  PRESENTE A CRISTO RESUCITADO EN LA IGLESIA Y EN EL MUNDO
Los apóstoles de Cristo han sido testigos de su muerte y resurrección. A partir de ellos se ha formado la Iglesia como convocación de creyentes en Cristo Resurrección.
Su testimonio ha llegado hasta nosotros de generación en generación hasta ahora.
Por el arrepentimiento de nuestros pecados y con el perdón divino que Cristo nos conquistó, somos con su gracia hombres nuevos, felices y superando en todo momento las penas, sufrimientos y retos de la hora presente.
Con nuestra vida auténticamente cristiana debemos también testimoniar a Cristo para que el mundo crea y se salve y nosotros con Él.
Nuestro mundo de hoy necesita tener, por la fe, la luz del Resucitado. Sin Él, nada se puede justificar.
Todos aspiramos a la paz, la fraternidad, la concordia y la felicidad, desterrando los crímenes y la inseguridad producidos por las actitudes pecaminosas de muerte y extermino nacidas de la debilidad, ofuscación y pasiones desordenadas de hombres sin Dios y sin esperanza de resurrección.
Anunciemos al mundo con gozo y esperanza y contra toda adversidad construyendo siempre la civilización del amor: ¡Cristo ha resucitado, con Él, por Él y en Él somos hombres de vida nueva, más allá de los sufrimientos, pruebas y lágrimas, que llevan en su entraña la certeza de nuestra feliz resurrección de entre los muertos!...

*Obispo Emérito de Zacatecas




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