Friday 20 de January de 2017

Cristo nos llama a ser testigos de su resurrección

El Día del Señor

     22 Apr 2012 03:40:00

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  • Jesús venció triunfal el sepulcro y la muerte. Jesús venció triunfal el sepulcro y la muerte.
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INTRODUCCIÓN
La presencia de Cristo resucitado llena todos los días de la Cincuentena Pascual. En este domingo, Tercero de Pascua, nuestra liturgia de la palabra, nos presenta otra aparición de Jesús resucitado en medio de sus discípulos, en el sitio donde  estaban reunidos, escuchando a los dos discípulos de Emaús, quienes les contaron lo que les había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.
Mientras hablaban de estas cosas, de repente, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”.
Jesús habla a sus discípulos atónitos, desconcertados y llenos de temor, creían ver a un “fantasma”, pero Jesús los alienta, aleja de ellos el temor y les infunde confianza y alegría al verlo y constatar evidentemente su presencia maravillosa.

CRISTO NOS LLAMA A SER TESTIGOS DE SU EVANGELIO Y DE SU RESURRECCIÓN
Un testigo trasmite a otros lo que ha visto y oído. Aquí se trata de ver, oír, palpar y trasmitir las verdades que deben trasmitirse para que otros se adhieran a ellas, las asimilen y luego sean testificadas también. Se trata de una tradición, en este caso religiosa, acerca del hecho de la Resurrección de Cristo, como base sólida e imprescindible de la fe cristiana de generación  en generación,  hasta nuestros días y teniendo por delante el futuro de esta tradición viva para los que han de venir después de nosotros.
Todo lo anterior lo entendemos a la luz de las palabras de Cristo: “Lo que ha sucedido es aquello de que les hablaba yo, cuando aún estaba con ustedes, que tenía que cumplirse lo que estaba escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos”.
A partir de entonces, se abrieron las mentes y los corazones de los discípulos que empezaron a ser los testigos privilegiados del hecho de la Resurrección.
El Mesías tenía que padecer, morir y resucitar para la redención de todos los hombres de acuerdo al designio del Padre eterno. Por eso, “en su nombre se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de esto”...
 
CON LA GRACIA DE DIOS, PODEMOS Y DEBEMOS SER TESTIGOS DE CRISTO RESUCITADO EN LA IGLESIA Y EN EL MUNDO
“La fe es la seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve” (Hb 11: 1). El conocimiento humano a través de los sentidos y de la inteligencia espiritual, discurre en su actuación con dos caminos: el de la fe y el de la razón. Son también como “dos alas” (Juan Pablo II) que tiene el hombre para elevarse y poseer la verdad natural y la verdad revelada por Dios y por medio de su Hijo encarnado y con la asistencia del Espíritu Santo .
La razón formula el conocimiento que se tiene del mundo que nos rodea y a esto le llamamos el conocimiento de las ciencias y el de la historia.
“La fe tiene un matiz muy especial que le es exclusivo, y que constituye su paradoja del claroscuro: por una parte es inseguridad y riesgo, aunque compensados por otra con una certeza absoluta, indefinible pero cierta y superior incluso a la verdad experimental científica o lógica”.
Nuestra fe cristiana no se basa en argumentos lógicos, si bien se lleva de la mano con ellos cuando es necesario y conveniente hacerlo para hacer ver con más claridad lo que la fe propone por revelación divina, sin ir en contra de lo que la inteligencia del hombre descubre por sí misma en la contemplación y asimilación de las verdades naturales.
La fe es un don que Dios regala al hombre en el bautismo, como adhesión de confianza personal en Dios. A este propósito nos dice el filósofo francés Blas Pascal.
“El corazón tiene sus razones que la razón no comprende... es el corazón el que siente a Dios, no la razón. Y eso es precisamente la fe cristiana: Dios sensible al corazón, no a la razón”. Pero una vez que se acepta a Dios por la fe, entonces se hace más sólida la verdad que la mente humana alcanza por sí misma.
He aquí una visión integral de la fe y la razón que llevan al hombre a la verdadera felicidad, como peregrino en este mundo y como ciudadano del cielo después de esta vida.

ORACIÓN CONCLUSIVA
No permitas, Señor, que nos resistamos a creer en ti.
Danos tu Espíritu que nos haga, ante nuestros hermanos, testigos valientes de tu salvación y de tu amor.

*Obispo emérito de Zacatecas




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