Monday 23 de January de 2017

Cristo resucitado en medio de sus discípulos

El Día del Señor

     15 Apr 2012 03:40:00

A- A A+

Compartir:
  • Resurrección de Jesús. Resurrección de Jesús.
  • Resurrección de Jesús. Resurrección de Jesús.
Imagen de


INTRODUCCIÓN
Hace ocho días hemos dado comienzo al tiempo litúrgico de la Pascua y hemos hecho nuestra contemplación y asimilación de este misterio de nuestra fe, con la octava de días de la semana que ahora hemos ya completado.
En este domingo, el relato del evangelio, nos da cuenta de cómo, Cristo resucitado, por la tarde del día de la resurrección, apareció en medio de sus discípulos para darles su Espíritu que perdona los pecados y dándoles al mismo tiempo, el poder de perdonar los pecados y llenarlos de su paz. Dentro del recinto donde se reunían los diez discípulos y apóstoles del Señor, sin estar presentes Judas Iscariote “que se fue  a su lugar” después de haber traicionado a Jesús, entregándolo en manos de sus enemigos y sin estar también Tomás, el gemelo, Cristo resucitado les hace ver la realidad de su nuevo estado con toda la fuerza y la alegría de su gloriosa resurrección de entre los muertos.
Tomás, no quiso aceptar de inmediato el testimonio de sus compañeros acerca de que Cristo vivía y que había estado con ellos en la casa en la cual estaban refugiados a puerta cerrada por miedo a los judíos. Ocho días después, también en domingo, Jesús se apareció de nuevo e inmediatamente se dirigió al apóstol Tomás, para echarle en cara su incredulidad y las condiciones que había manifestado a sus compañeros, de tocar las llagas de Jesús y meter su dedo en la herida de su costado. Tomás al ver y constatar que Cristo era el mismo que había conocido y tratado, exclamó su profesión de fe que es una de las más completas y hermosas de todo el evangelio: “¡Señor mío y Dios mío!”. 

JESÚS EN MEDIO DE TODOS LOS CENÁCULOS DE LA IGLESIA Y EN EL MUNDO
Hace ya más de dos mil años cuando acontecieron los hechos que nos narran las Sagradas Escrituras con relación a Cristo resucitado y el testimonio que dieron en su momento histórico, los discípulos y apóstoles, elegidos por Dios, para que dieran testimonio cualificado de Cristo muerto y resucitado. Ahora, en el desarrollo de la historia de salvación, las generaciones que han recibido este testimonio maravilloso, extienden misionalmente la presencia de Jesucristo actuando a través de su Iglesia como prolongación de su persona.
Esta es la razón por la cual, desde entonces y hasta ahora, Jesús se hace presente con la fuerza de su resurrección y su palabra, en los templos pequeños y grandes en toda la redondez de la tierra. Cada domingo celebramos a Cristo resucitado, esperanza de nuestra gloria, vivida en los días de nuestra existencia en la tierra, como prenda y arras de nuestra gloria futura, como participación de la vida trascendente de Cristo, en compañía de María y todos los santos que viven y moran en el cielo.
En nuestras celebraciones eucarísticas dominicales, Cristo nos da su paz, nos perdona con la fuerza del Espíritu Santo nuestros pecados y por la gracia que obtenemos al participar en la doble mesa de la Palabra y de la Eucaristía, nos fortalecemos iluminados con el amor de Jesús, para ser testigos garantes de su Pascua, a partir de nuestro Bautismo que nos configura con Jesús en el misterio de su pasión, muerte, resurrección y ascensión gloriosa a los cielos.
Cada domingo se lleva a efecto la gracia misma que recibieron los primeros discípulos y apóstoles del Señor. Cristo dijo a Tomás, el gemelo, que él creía porque lo veía y palpaba sus llagas gloriosas.

AHORA NOSOTROS SOMOS LOS TESTIGOS DE CRISTO RESUCITADO EN LA IGLESIA Y PARA EL MUNDO
Nuestra fe cristiana en Cristo muerto y resucitado, nos hace vivir con el compromiso de llevar a Cristo luminoso y resucitado a todos los confines del planeta.
Nuestros pensamientos, palabras y obras, deben estar impregnados con la fuerza, la alegría y la eficacia que Cristo nos participa por medio de su profetismo, santificación sacramental y su pastoreo de conducción por los caminos de la historia y escuchando y poniendo en práctica la voz del Señor, como el Buen Pastor que ha dado la vida por sus ovejas para llevarlas al aprisco del cielo en la vida eterna.
 Ser hombres y mujeres resucitados, promoviendo sin cesar la justicia entre los hombres, sin distinción de personas; viviendo con la luz y la armonía de buenos cristianos, a ejemplo de las primeras comunidades de la primera Iglesia, cuando todos se reunían para escuchar la Palabra de Dios y participar en la Eucaristía que los hacía generosos participando de los bienes materiales que se distribuían entre los necesitados.
Pero sobre todo llevando a efecto el amor hecho servicio y haciendo que Cristo fuera servido en los hermanos más pobres, enfermos y en desamparo con la urgencia de ser confortados y ayudados siempre.
 
CONCLUSIÓN
¡Abramos nuestras mentes, nuestra libertad y nuestra generosidad, para que Jesucristo resucitado esté no sólo en medio de nosotros, sino en nuestras personas en todos los aspectos de nuestras actividades en la Iglesia y en nuestros pueblos y culturas! ¡Que el gozo, la paz y la comunión irrompible con Cristo y los hermanos, nos sostengan alabando a Dios y con el compromiso y servicio que deben caracterizar nuestro ser y acción de excelentes cristianos, ahora y para siempre!.

*Obispo Emérito de Zacatecas




Lo más leído
Aplicaciones


Servicios
$ Dolar
Compra 21.39
Venta 21.89
€uro
Compra 22.93
Venta 23.43

Multimedia



©Todos los derechos reservados
GRUPO EDITORIAL ZACATECAS, S.A. DE C.V.- De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la Publicación,
retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos de este portal.




Aviso de privacidad