Thursday 23 de March de 2017

Crónicas de violencia

     14 Aug 2012 04:00:00

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“Es una tontería publicar que hubo un sobreviviente en la camioneta que encontraron llena de cadáveres en San Luis Potosí”, dice un temeroso amigo mientras lee las noticias del hallazgo, la semana pasada.
-¿Por qué? Le pregunto para ver su lógica del crimen perfecto.
-Porque van a saber los malosos y lo van a buscar para matarlo.
-¿Y cómo sabrán quién es o cómo encontrarlo?
-Ellos lo saben todo.
Lo dice tan tranquilo y seguro que se me hiela la sangre al escucharlo por esa condición de todopoderosos que han adquirido los delincuentes.
***
Estamos frente al Jardín de Guadalupe, sobre la entrada del exconvento, del mítico templo. Al frente se ve un campo desolado.
Acabaron con todos los históricos árboles.
Como si alguien desde aquí aventara una bomba y destruyera todos nuestros recuerdos de infancia y juventud.
¿Quién no tiene una historia qué contar de este lugar cuando estaba arbolado? Barrieron con todo.
Un monumento a la estupidez del alcalde.
-Esto también es una masacre.
Murmura quien me acompaña; alguien que no conoció este lugar en el pasado.
-¿Y tú qué sabes si es la primera vez en tu vida que lo ves?
-No se necesita conocer para saber cuando un lugar ha sido devastado. Quien lo hizo debe ser un sicario de clóset. No se necesita disparar para ser violento. La violencia es mas sutil, es esto.
***
En la Plaza Bicentenario varios niños se mojan con la fuente de chorros imprevistos que han colocado en su piso.
En algún momento nos contagiamos de la alegría de dos niños que se divierten a carcajada limpia. Están empapados, mojados de alegría y sol.
Los chacuacos de la plaza que se erigen como estadística de la corrupción del amaliato podrían ser buenos contenedores de toda la basura que hay en esta plaza.
Los niños gritan de contentos mientras siguen con su danza de agua y cielo azul.
De pronto, una mujer encolerizada allana como comando el lugar, irrumpe con una bofetada al niño, y otra, y otra, y al otro. Mienta madres, insulta, ella es toda violencia, toda cólera.
Los niños lloran a grito abierto y la bicentenario queda desolada otra vez, con su basura que la posee todos los días.
Estrujones en el cuerpo, tirones de cabello, siguen a las bofetadas. La fuente se torna fría y el cielo ya luce gris aunque este despejado.
Todos callan, callamos, ante el secuestro de nuestra alegría momentánea de hace rato.
En algún momento la violencia se adueña, todos los días, de nuestras vidas. Poseerá, si seguimos dejándola, hasta la sonrisa de nuestros hijos.

*Periodista
 




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