Wednesday 18 de January de 2017

Cuando brincarse las trancas no es delito

Tren Parlamentario

     22 Jan 2013 03:20:00

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En los territorios del Congreso de la Unión han comenzado a soplar vientos que provienen de distintas direcciones. Pero los diputados y senadores han tratado, al menos ayer, de soslayarlos y no hablar directo en torno de ellos. Incluso cuando algunos de esos fuertes aires estremecen con rigor la puerta de la función número uno del Poder Legislativo: la del contrapeso.
El viento que sacudió dinteles y alerones en el Congreso, sin que los diputados y senadores al parecer se hayan percatado, al menos de manera pública, ha sido el informe del Instituto Federal Electoral (IFE), en el que ha confirmado que el PRI rebasó por mucho los gastos en la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto.
Tibios y lerdos ante el informe de marras, los coordinadores de los tres grupos parlamentarios más grandes -Beltrones del PRI, Villarreal del PAN y Aureoles del PRD- sólo optaron por informar que se reunieron este lunes, en privado, para comenzar una negociación interparlamentaria sobre lo que dieron en llamar una agenda legislativa paralela al Pacto por México.
No lo expresaron así, pero el conciliábulo de los tres coincide con las cada vez más fuertes versiones que trasminan a los grupos parlamentarios, en el sentido de que docenas de  diputados y senadores han respingado por la negociación que los líderes partidistas acordaron con Enrique Peña Nieto el Pacto por México, y que no consultaron con los legisladores de a pie.  
La reunión que ayer, a matacaballo, sostuvieron Beltrones, Aureoles y Villarreal en algún lugar discreto y privado de la ciudad de México, tuvo como propósito -según informaba al atardecer el perredista Aureoles- establecer “una agenda legislativa propia de la Cámara de Diputados para el próximo periodo ordinario de sesiones”, al margen de la que pergeñaron en el Pacto por México, junto con los líderes mayores de esos partidos y con el presidente Enrique Peña Nieto.
“No podemos dejar en tercer plano las iniciativas de los diputados porque eso nos genera muchos problemas para transitar la votación o el acuerdo en esas materias”, sobaba Aureoles el lomo a sus diputados. Y apostillaba: “no podemos caminar sobre esa lógica; o sea, primero requerimos establecer que sí son importantes las iniciativas del Pacto, pero no están por debajo de esa importancia las iniciativas que presentan los legisladores en las Cámaras”.
Desde la semana pasada, el mismo Manlio Fabio Beltrones salió a decir que las agendas legislativas de las bancadas no están más allá de la importancia del Pacto. Y Luis Alberto  Villarreal, jefe de la bancada de Acción Nacional en San Lázaro, ha dicho literalmente lo mismo. Pero con un agregado: el panista ha afirmado que el Ejecutivo, a pesar de que firmaron el Pacto de marras, arremete contra el panismo, esto en alusión a la cloaca recién destapada de los permisos que daban en Gobernación a los casinos. Una bronca, por cierto, que al parecer abarcará los dos sexenios panistas, el de Fox y el de Calderón.
¿Y cuál sería aquella agenda legislativa propia del Congreso? Fue la pregunta recurrente de ayer, en el mundo legislativo.  
Está visto, y reconocido, que al Ejecutivo Federal le interesa, fundamentalmente, dos reformas: la energética y la hacendaria, en torno de las cuales ha sostenido un fuerte accionar político.  
En lo que va del año, las dos iniciativas ha ocupado ya mucho espacio y tiempo en los medios de información, incluso cuando no han sido presentadas todavía, y cuando, por la trascendencia que tendrán, todo mundo trata de adivinar los trazos sobre los cuales habrán de llegar al Congreso de la Unión.
En la agenda política del PAN y el PRD hay, sin embargo, un tema que por obvias razones el PRI pretenderá soslayarla, sino es que hasta descarrilarla para que no logre tener un buen proceso legislativo. Se trata de la reforma electoral.
Es un asunto candente, porque se trata nada menos que de reformar la ley para evitar que vuelva un partido político a ganar una elección presidencial por la vía de la compra de votos, como sucedió inobjetablemente el pasado 1 de julio de 2012.  
Gustavo Madero, líder nacional del PAN, dijo hace unos días que se evitará que las elecciones vuelvan a ganarse a billetazos o con engaños. Pero lo dijo con el sino fatal que se ha apoltronado estos días a las declaraciones de la oposición.
El informe del IFE era previsible desde julio, cuando todo mundo sabía, menos el IFE, que el PRI se había carranceado la elección presidencial con dinero de orígenes oscuros.  Al margen de las acusaciones de opositores como Andrés Manuel López Obrador, cualquier persona parada sobre la roca firme del sentido común sabía, intuía, que la campaña del PRI se había brincado las trancas más altas, a la hora de gastar.  
Este miércoles, sin duda, el tema será motivo de discusión política en la Comisión Permanente del Congreso de la Unión. Un argumento irrebatible de la oposición toda, que el PRI suele responder con un cinismo superlativo, es el de tener que reformar la ley para incluir la sanción de invalidar la elección presidencial si se comprueba que un candidato gastó más de lo permitido.  
Veremos que tanto dicen hacen estos días, tirios y troyanos.




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