Saturday 21 de January de 2017

Dan de alta a niño que le extirparon tumor de 15 kilos

     11 Oct 2012 21:36:54

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MÉXICO, DF. El 27 de mayo del 2012, es la fecha que permanecerá grabada en la memoria de la Familia Rodríguez Fernández. Es tarde y en una maleta de viaje, Edelia sólo lleva lo indispensable, fue en esa fecha en que ella y su esposo llegaron de Gómez Palacio, Durango a la Ciudad de México para que su hijo acuda a una consulta en el Hospital General del CM, La Raza. Es un viaje forzoso y su retorno dependerá de la salud de Jesús Gabriel su pequeño hijo que  ha sido diagnosticado con un hemolinfangioma, o lo que es igual, un tumor que fue identificado dentro del vientre de su madre en la semana 29 de gestación. Ahora 2 años después – según los médicos- era tiempo de extirparlo.

Durante este tipo de viajes el corazón de cualquiera se acongoja, la vulnerabilidad está a flor de piel, los miedos tienen miedo y  la fortaleza para enfrentar el hospital, se esté solo o acompañado, depende, sí,  de uno mismo, pero también de la voluntad de un ser supremo, de la sensibilidad y la atención del personal médico desde la recepcionista hasta el cirujano sin olvidar que también en los hospitales la muerte y la vida negocian las almas.

La malformación de Jesús es congénita, benigna, sin embargo, su tamaño jamás había visto por los médicos de este país. La flecha de la báscula del hospital marcó que Jesús Gabriel pesaba 27 kilogramos y según cálculos médicos 15 kilos correspondían al tumor que no lo dejaba ni a sol ni a sombra y que parecía aferrarse a él en un abrazo enorme, ya que, mientras Jesús crecía el tumor también y mientras crecía el líquido linfático y vascular le provocaba anemia.

Siempre acompañado por sus padres Jesús creció sin poder siquiera tomar el biberón por si mismo ya que no podía bajar su brazo derecho, pues justo ahí en esa zona estaba esa bola enorme y así algo tan normal como pararse o sentarse para Jesús era un verdadero calvario.

El pequeño, fue sometido a una serie de estudios clínicos y de imagen, con los cuales el equipo de médicos logró determinar que era posible realizar la cirugía, sobre todo, determinar con certeza el riesgo para Jesús, ya que su sangre estaba contenida en el tumor.

Con el paso primero de las horas, luego de los días y finalmente de los meses, aquellos exámenes practicados paso a paso mostraron que el tumor no afectaba ningún órgano y que estaba pegado a los músculos de tórax y abdomen. Ahora el reto para los cirujanos de La Raza sería cortar y resecar los cinco vasos sanguíneos más grandes que alimentaban el tumor.

El tumor además le generaba a Jesús Gabriel problemas respiratorios. Su caso fue analizado por el Comité bioético conformado por un filántropo, sacerdote, filosofo y representantes de la sociedad civil así como especialistas de la UMAE del Centro Médico Nacional La Raza.

Así, los médicos sometieron a Jesús a dos operaciones de alto riesgo para lograr la remoción en un 99% del tumor ubicado desde la axila derecha hasta la cadera.

 “La lesión abarcaba al niño pesaba mucho más que el peso total que Jesús Gabriel y le había impedido que pudiera bastarse por sí mismo, gracias a la posibilidad y los recursos médicos que hay en el seguro social pudimos identificar las arterias del tumor de lado izquierdo y lado derecho, es decir le quitamos otro cuerpo que pesaba más que Chuy”, explica el doctor Jaime Saldívar, director de la Raza.

 Los riesgos potenciales eran que dejáramos sin irrigación al brazo y que lo dejáramos sin movimiento y sin sensibilidad, dice, Héctor Lorenzana, Jefe del servicio de Cirugía pediátrica.

 Hoy después de 2 cirugías, Jesús Gabriel se ha recuperado visualmente y por dentro no hay daño vascular ni nervioso. Además de que su peso corresponde a su edad.

Ayer, Jesús Gabriel fue dado de alta y sus médicos afirman que el menor no tendrá secuelas, aunque deberá regresar al Hospital de La Raza para consulta externa. Por lo pronto Jesús Gabriel sonríe y hasta baila, dice adiós mientras con su brazo derecho abraza una pelota.

Atrás quedan las interminables horas de angustia, ayunos, insomnio, para los padres de Jesús Gabriel, su madre lo toma de la mano mientras el camina hacia aquella puerta donde hay una luz cegadora, los pasillos ahora se ven en retrospectiva y los médicos orgullosos acompañan a “Chuy” para dejarlo en una camioneta blanca que lo llevará de regreso a su casa. Pero esta vez, el viaje de retorno es distinto ya que la vida le ganó a la muerte y además la ciencia le ha devuelto a Jesús Gabriel la independencia, la posibilidad de ser un niño que descubra el mundo por sí mismo.




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