Monday 23 de January de 2017

Del estalinismo a nuestros días

     11 Nov 2011 03:30:00

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Hurgaba en mi biblioteca, en busca de materiales para una de mis clases de doctorado y, sin quererlo, me topé con un libro que había leído hace ya mucho tiempo, el cual se encontraba perdido entre novelas, cuentos y ensayos literarios.
Me refiero a “El pensamiento cautivo” del escritor de origen lituano, pero considerado polaco, Czeslaw Milosz, quien nació en 1911 y murió en Cracovia en 2004, cuatro años después de haber recibido el Premio Nobel de Literatura.
El texto es un ensayo, doloroso pero indispensable, de alguien que padeció la invasión de Hitler a Polonia y observó la entrada del primer destacamento del Ejército Rojo al país, considerado este último como la tabla de salvación del terror nazi, mas sólo momentáneamente, pues pronto el estalinismo mostró su rostro más feroz.
Dedicado a la poesía, Milosz jamás fue miembro del Partido Comunista, aunque sí trabajó como diplomático al servicio de Polonia Popular. Según narra en el libro, pensaba que era posible acatar las normas impuestas por la Unión Soviética y, al mismo tiempo, preservar su independencia como escritor. Esto, como ya sabemos, es algo imposible. Aceptar las reglas de las dictaduras, llámense como se llamen, tiene un costo muy alto; la autonomía de pensamiento es, siempre, lo primero que se paga. Por eso Milosz terminó exiliándose en Francia.
A través de las reflexiones del autor, se puede llegar a la conclusión de que si bien el estalinismo ha pasado a la historia, no sucede lo mismo con los afanes dictatoriales de personas, de poca o mucha monta, que intentan imponer su proyecto de forma tajante. Así, la menor desviación de la línea trazada es considerada como fermento de perturbaciones políticas que requiere respuesta inmediata; es decir, la coacción o represión.
El cuento es muy sencillo: “quien no está con nosotros está contra nosotros”. Como dice el poeta al narrar su experiencia: quien no estaba de acuerdo hasta en el menor detalle se convertía en enemigo y se veía arrojado a “las tinieblas exteriores”. Ningún fermento intelectual y político nuevo podía surgir fuera del régimen.
Además, el control absoluto debía aparecer como unanimidad espontánea. De esta forma, por ejemplo, el régimen presentaba como acto voluntario el voto obligatorio con una lista única, lo que constituía “un punto oscuro y desagradable hasta para los adeptos más fervientes”.  
¿Acaso estas últimas palabras no nos recuerdan muchas circunstancias de nuestro presente? El gesto del autócrata, por pequeño que sea, suele tener consecuencias nefastas. Primero tira del hijo y después se adueña de la madeja. El libro de Milosz constituye una inteligente llamada de atención. Ojalá puedan leerlo.

*Miembro del Sistema Nacional de Investigadores.


 




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