Tuesday 17 de January de 2017

Derechos y privilegios

     24 Jan 2013 04:00:00

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En Internet, usted puede consultar un extraordinario video que lleva por título: Hans Rosling y la lavadora mágica.  Rosling es un médico sueco, con conocimientos de economía y estadística que dirige la Fundación Gapminder.
En el video, Rosling explica el cambio esencial que supone en la vida de una familia contar con una máquina de lavado y la desigualdad que persiste en el mundo: más de 5 mil millones de personas lavan a mano y el 66% de la energía disponible (carbón, petróleo) en el mundo lo utiliza una cuarta parte de la población.
En una parte de la conversación (que no dura más de 10 minutos en total), Rosling sentencia: “los 2 mil millones de personas que tienen una máquina de lavado no tienen el derecho de decirle al resto que deben lavar a mano”, “quienes utilizan la mayor parte de la energía en el mundo y ponen en riesgo el miedo ambiente no tienen derecho a decirle a los pobres qué hacer frente al cambio climático”.
Y es que, efectivamente, la desigualdad es un problema de solidaridad. No hay derecho sin justicia, y no se puede defender, en el nombre del derecho, la injusticia.
La reforma educativa, recientemente aprobada en México, propone que a los maestros se les evalúe, se eliminen las dobles plazas, que no sean hereditarias y que haya un servicio profesional docente.
No ha faltado quien señale que esa reforma “atenta” contra los “derechos”  laborales de los maestros ¿Tener plaza vitalicia es un derecho? ¿Heredar una fuente de trabajo?
Hay una confusión brutal entre los mexicanos más afortunados de lo que significa un derecho. Para mí, si no está al alcance de todos no se trata de un derecho.
Es natural que a nadie le guste pagar impuestos. En el nombre llevan la definición; son una imposición del Estado a los individuos. Pero si queremos educación pública, seguridad y salud, los impuestos deben existir.
Claro está que debemos exigir que se gasten con transparencia y eficiencia; que se acaben los derroches y los excesos. Pero aun así, sabemos que para combatir la pobreza y desigualdad se deben cobrar impuestos y ejecutar políticas públicas.
México es uno de los países en los que menos impuestos se recaudan. La mitad que en Nicaragua y Honduras; una tercera parte que en Argentina; una cuarta parte que en Suecia. Aún así, los más privilegiados, los que pagan menos impuestos, quieren dejar de pagar.
Solo uno de cada 3 mexicanos tiene un automóvil propio. Y de esos, el 90% son automóviles con valor de factura menor a 200 mil pesos (no pagan tenencia en la mayoría de los estados).
Pues aun así,  los partidos políticos (incluyendo a los que se dicen de izquierda, como el PT) siguen queriendo lucrar con el tema de la tenencia.
Si no se cobrara la tenencia (en la que quien compra un automóvil más caro paga más), ¿Qué mejor alternativa hay para obtener esos recursos?
Pero además de eso, en México se sigue defendiendo (también como un “derecho”) el subsidio a la gasolina, que también beneficia a los más ricos. Una señora que conduce una Suburban recibe un subsidio mayor al de una familia entera, y en pobreza extrema, inscrita en el Programa Oportunidades.
Por eso, cuando los turistas mexicanos tienen la oportunidad de viajar a París, a Londres o Estocolmo, les sorprende que prácticamente no se vean vehículos grandes y que aun la gente con altos ingresos utilice el transporte público o automóviles pequeños.
La razón es simple: en esos países no hay subsidios a la gasolina y se cobra una tenencia mucho mayor a los automóviles de lujo y contaminantes. Con esos recursos, el gobierno ofrece un transporte público eficiente y, además, mejor calidad en la educación, en la salud y en la seguridad.
Esos, son los verdaderos derechos de los seres humanos. No contaminar, ni tener plaza por herencia ni trabajar sin ser evaluado.

*jorge.alvarez.maynez@gmail.com
 




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