Thursday 19 de January de 2017

Despolitizar la educación

     3 Dec 2012 03:30:00

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Más vale establecer una distancia escéptica en estos momento de furor político, porque nada bueno traería arrojarse ingenuamente a los cantos de sirena del discurso presidencial. De buenas intenciones está plagado el camino al infierno, y por el momento no existen indicios que permitan verificar la contundencia de los paraísos prometidos por el nuevo gobierno de Enrique Peña Nieto.
Tampoco sería saludable hundirse prematuramente en el pantano de las profecías apocalípticas. Ya tenemos demasiados merolicos en las calles y los medios vendiendo mercas del desastre o pócimas rejuvenecedoras a precios módicos. Prefiero pensar, es decir, meditar serenamente sobre lo dicho, antes que embelesarme por la esperanza de un futuro, ahora sí, deslumbrante. Si de creer se trata, me inclino por Santa Claus y los Reyes Magos, siempre cumplidores de palabra y obra.
No obstante, es imposible pasar por alto uno de los mensajes del nuevo timonel. Me refiero a la pretensión de llevar a cabo una reforma educativa donde la señora Gordillo, los sindicatos voraces y los profes barcos sean jubilados con prontitud. Peña Nieto ha dado a un político de sangre fría la misión de terminar con el reino feudal de la in-docencia magisterial. Buena noticia, pero a primera vista insuficiente y, quizá, inverosímil.
Salinas de Gortari llevó a cabo un acto de similar naturaleza, espectacular y estratégico, pero sólo para dejarnos una nueva líder vitalicia y un nuevo coto de poder: una fuente de chantaje y presión política. Destronó al cacique Jongitud Barrios, pero entronizó a la señora Elba Esther Gordillo, mientras tanto la modernización educativa fue aplazada a un porvenir sin fecha de caducidad.
De ser sincera la propuesta, habría que ampliarla a los territorios de la educación superior donde feudos y señoríos de la estulticia cunden sin escrúpulos ni límites. Es insuficiente el juego del enroque personal: sacar al cacique en turno para poner a otro a modo. Se requiere una voluntad de cambio que comprenda lo dañoso del inveterado proceso de politización del sistema de educación.
Se requiere diseñar un sistema dinámico, abierto a la evaluación, transparente, eficaz, crítico, imaginativo y eficiente.  Una estructura que obviamente debiese ser conducida por líderes académicos y no por agitadores de masas o compadres partidarios. Esto no implica que se abandonen las habilidades de la negociación política, pero antes que cualquier cosas deben brillar por sus méritos académicos y experiencia profesional.
Las administraciones gubernamentales anteriores soñaban con equiparar nuestras instituciones educativas con las mejores del mundo, pero sólo sueño era, porque en los hechos mantuvieron la insana actitud de negociar con las mafias políticas.

*Miembro del SNI
consolovin@hotmail.com




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