Wednesday 22 de March de 2017

Discapacitados deben vencer obstáculos todos los días

Tlaltenango, inaccesible para los discapacitados

     6 Feb 2011 04:00:00

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  • Soraya necesita ayuda para desplazarse dentro de la presidencia. Soraya necesita ayuda para desplazarse dentro de la presidencia.
  • Las autoridades son las primeras en violar las reglas. Las autoridades son las primeras en violar las reglas.
  • Los riesgos son mayores para las personas en sillas de ruedas. Los riesgos son mayores para las personas en sillas de ruedas.
  • Ésta es la llamada Ésta es la llamada "bajada de la muerte".
  • A falta de rampas en las banquetas, los discapacitados usan las mismas vías que los vehículos. A falta de rampas en las banquetas, los discapacitados usan las mismas vías que los vehículos.
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TLALTENANGO.- Todos los días, Soraya Ortega Díaz tiene que enfrentarse a una ciudad que no fue pensada para personas como ella.
Pocas calles y edificios tienen accesos para personas con alguna discapacidad, por lo que en la mayoría impera la exclusión.
“Hay muy pocas rampas en la ciudad, la mayoría sólo en el centro, y muchas están mal hechas, porque están muy inclinadas”, dice la joven de 29 años.
Los accesos imposibles ya no son sorpresa en su vida.
“El puente de la calle Obregón tiene sólo una rampa de un lado, por la calle Acapulco, pero no tiene del otro lado, donde hay escalones o la calle, mis amigos le llaman el paso de la muerte”, cuenta.
La plataforma fue reconstruida en 2009 y se encuentra en una de las vialidades con mayor circulación vehicular.
La joven comenta que lo mismo ocurre en otros lugares públicos como la presidencia municipal.
En la entrada hay una rampa, pero 2 metros adelante se encuentra un escalón que obliga a los discapacitados a regresar, o bien, a pedir ayuda para poder avanzar.
El ascensor no funciona, de modo que ir al segundo piso, donde se encuentran el salón de cabildo y la oficina del alcalde Marco Antonio López, es “un show”.
“Ir con el presidente municipal es toda una odisea, empezando por la entrada, luego con las escaleras, y el escalón para entrar a recepción”, recuerda Soraya.
En el resto de edificios públicos la situación no cambia. El Instituto Municipal de Cultura, pese a que fue inaugurado en septiembre, tiene un rampa muy empinada, y carece de acceso hacia el patio principal.
En el segundo piso sólo hay escaleras y son demasiado estrechas, incluso para subir a pie.
A menudo, Soraya tiene que pasar todos esos obstáculos para entrar porque dirige el grupo de teatro juvenil Apus, que ha realizado distintas presentaciones en el municipio.
Si requiere hacer algún trámite en el DIF municipal, el riesgo no es menor, pues a pesar de que hay una rampa, está muy inclinada.

Sin rampas
El auditorio municipal, ubicado en el centro de la ciudad y sede de numerosos eventos, carece de accesos para personas en sillas de ruedas, a pesar de haber sido remodelado en 2008.
Las instalaciones del sistema de agua potable, la Comisión Federal de Electricidad, la unidad deportiva y el mercado de Veracruz tampoco fueron diseñados para personas con alguna discapacidad.
“Yo quisiera que un funcionario, ¡cualquier funcionario!, se subiera a una silla de ruedas e intentara andar por las calles de la ciudad… es más, con que intentaran moverse, porque no es nada fácil, a ver si así comprenden nuestra situación”, dice la joven.
Transitar por el pasaje comercial Libertad, en el centro, es otra de las grandes experiencias que Soraya ha enfrentado.
A pesar de que tiene rampas, aunque mal diseñadas, es imposible entrar a los locales.
El único negocio en la ciudad que tiene rampa es una menudería que está junto al mercado de Veracruz. Soraya tuvo mucho que ver en su instalación:
“Yo fui a la menudería porque está cerca de mi casa, no tiene rampa, pero encontré la manera para subir. Cuando la señora me vio adentro, me preguntó cómo entré. Le expliqué todo lo que tuve que hacer y a los pocos días ella puso la rampa. Ha sido la única”, comenta.
Ir a la Iglesia es otro reto. Cuando la misa termina, la gente prefiere salir por la rampa, en vez de seguir las otras opciones.
“No me dejan pasar, en ocasiones he tenido que meterme a fuerzas porque de otro modo no se podía”.

¿Y la ciudadanía?
Los ciudadanos que muestran respeto hacia a las personas con discapacidad son pocos:
“Una vez quise pasar hacia la presidencia municipal desde el pasaje Libertad, pero estaba una camioneta atravesada. Le dije al copiloto que moviera el carro porque no podía pasar, y él me dijo que me bajara por otro lado”.
Un adulto mayor que vio la escena, se ofreció a ayudarle a bajar, pero Soraya no aceptó, pues quería ejercer su derecho.
Varios habitantes presenciaron el hecho y le preguntaron qué pasaba. Ella les explicó lo que ocurría.
Ante la mirada de las personas, el conductor cedió: “ah, aquí están las llaves, dijo como excusa, pero era claro que no se quería mover”, lamenta la joven.
La actitud de la mayoría de los ciudadanos no es distinta a la de las autoridades, ya que son las primeras en violar sus leyes.
Afuera de la presidencia municipal hay un cajón de estacionamiento exclusivo para personas con discapacidad, que en realidad es usado como área de carga y descarga por los empleados de la alcaldía.
También es el estacionamiento preferido de los funcionarios de primer nivel, incluidos regidores, directores de área, policías y agentes de Tránsito del Estado.
“Cuando uno los ve y les reclama, ellos sólo se disculpan y siguen con su comportamiento, nunca retiran el vehículo”, asegura Soraya.
“Para ir del jardín Hidalgo a los portales del banco (HSBC), hay que atravesar una calle que tiene muy malos accesos, la gente en vez de esperar, me quiere echar el carro, quieren que me quite para que ellos pasen”, lamenta la joven.
Este problema, que dice es tan común, ocurre a pesar de encontrarse afuera de instituciones públicas que se supone deben velar por su beneficio, como el Sistema Municipal para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF).
“Estando afuera del DIF municipal me ha tocado que llegue gente en carros y me presionan pisando el freno y acercándose mucho para que me quite y ellos se puedan estacionar. Yo no me muevo”.
La realización de un evento público masivo significa que no podrán asistir las personas con discapacidad, pues las calles son cerradas y las rampas, bloqueadas.
Pasa en todo tipo actos cívicos y fue común durante las campañas políticas, incluyendo las de los candidatos a gobernador.

Desde arriba
Si la autoridad causa diversos inconvenientes, también los tiene el quejarse de ella, o al menos intentarlo, pues la oficina de la Visitaduría Regional de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos se encuentra en un tercer piso.
“Dime, por dónde me voy a subir, si no tiene rampa, antes había una en la esquina, ahora no hay nada, la quitaron sin explicar el motivo”, dice Soraya.
Sacar una credencial de elector, para tener voz y voto, es otra odisea, pues las banquetas que conducen a las instalaciones, y el local, carecen rampas.
“Me tuve que bajar de la camioneta de mis papás directo al cuarto que está a un lado del IFE, y de ahí me pasé hacia la oficina, y tuvieron que quitar varias cajas para que pudiera pasar y que tomaran mis datos”, relata.

“Somos de aire”
Comer fuera de casa es una manera de romper la rutina y probar nuevos platillos.
Sin embargo, para las personas que se desplazan en silla de ruedas esto no representa una opción.
“Parece que somos de aire, que no comemos, cuando somos humanos y tenemos las mismas necesidades que cualquiera”, dice al joven.
En el mercado Juárez el área de comida está ubicada en el segundo piso, sí tiene una rampa, pero está tan inclinada, que aunque otra persona empuje la silla, es casi imposible subir.
La accesibilidad no sólo implica que la persona con discapacidad pueda acceder a los edificios y espacios públicos, sino que lo haga sin depender de alguien más.
Sin embargo, en Tlaltenango necesita la ayuda de una persona.
“Entre más fácil te puedas mover, y lo hagas solo, eres más independiente y eso cuenta mucho”, sentencia Soraya, quien se desplaza en una silla automática.
Los obstáculos resultan doblemente difíciles para quienes carecen de un aparato como ése.
“Somos el grupo al que más se le violan sus derechos, y nadie dice nada, la gente no piensa que el mundo da muchas vueltas, y a ellos les puede pasar lo mismo”, asegura Soraya Ortega Díaz.




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