Friday 20 de January de 2017

Don Samuel Ruiz, un imprescindible

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     26 Jan 2011 04:00:00

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“Hay hombres que luchan un día y son buenos; hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”.
La tan célebre cuan conocida frase del dramaturgo Bertolt Brecht, viene a la memoria cuando estamos arrobados ante una persona de gran valía, cuando la recordamos o cuando tristemente nos enteramos de su desaparición.
Ese fue el sentimiento que nos invadió al enterarnos el pasado lunes del fallecimiento del obispo emérito, Don Samuel Ruiz García, sacerdote ejemplar que desde los púlpitos ejerció siempre un cristianismo puro y pleno de amor.
Por tratarse de un hombre de Dios, trajo la memoria recuerdos de otros que igual que Don Samuel, fueron también cristianos comprometidos con Cristo, con su Iglesia y con sus rebaños.
Primero llegó la imagen de Dom Helder Cámara, quien fuera obispo de Olinda y Recife, Brasil y cimiente y motor de la Teología de la Liberación en todo el mundo.
Luego la de otro ilustre sacerdote, éste cercano, maestro querido, agitador de la vocación social de decenas de alumnos de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, José María Rodríguez, el incansable Padre Mao.
En las lides periodísticas también son inolvidables otros clérigos como Ramón de Ertze Garamendi, hombre sabio, de esos que al aplicar inteligencia a la palabra lo mismo podían hacer que estallara el botón de una flor o desatar la ira de algún mal político o funcionario.
Alfonso Aresti Liguori era también de esos hombres que inquietan conciencias, revolucionan pensamientos y activan gente.
El cura de La Romita, o padre Aresti, era un sacerdote amado, respetado y venerado por sus feligreses, líder social del barrio del mismo nombre, en la ciudad de México, y cómplice de sus camaradas de Excélsior.
Hombre que puso su carisma al servicio de Dios y de su pueblo, no como aquellos, que con carisma o sin él, pero con la influencia que les da su magisterio, se solazan en las abundancias obsequiadas por los poderes económico, político y hasta el mediático, además de la cauda de feligreses, buenos tal vez, pero ingenuos seguramente.
Don Samuel Ruiz, como lo planteara Bertolt Brecht, es uno de esos hombres imprescindibles. Tenía que irse, qué remedio, pero en cuánto desamparo deja a quienes de cerca o lejos lo conocieron y creyeron en él.
Así es la vida, se sabe, pero cómo quisiéramos que esos imprescindibles no se fueran. Más ahora, cuando tan urgidos estamos de esa gente que, como dijera el poeta Hamlet Lima Quintana, “…con sólo abrir la boca llega a todos los límites del alma, alimenta una flor, inventa sueños…”

*Periodista
ricgomm@hotmail.com




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