Tuesday 17 de January de 2017

¿Dónde estaban los camiones de la basura?

     6 May 2011 04:00:00

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A veces Don Alzheimer hace de las suyas y, por más esfuerzos que hago, resulta imposible recordar el nombre de una persona, el número telefónico de un familiar o el lugar donde se encuentran las llaves de la casa.
En  esos casos recurro a una técnica que suele funcionar. Cuando olvido el nombre de una persona, película o canción, recorro las letras del alfabeto con el fin de recordar si el nombre en cuestión empieza con jota, con ele o con eme, por poner unos ejemplos.
El socorrido método falló en esta ocasión, Por más intentos realizados, no he podido acordarme cuál es el nombre del cuento japonés que deseo traer a colación. Tampoco recuerdo cómo se llama el escritor del mismo, pero el tema es bastante interesante.
La historia se lleva a cabo en una pequeña comunidad del sur del Japón, caracterizada por la pulcritud de sus calles, la funcionalidad de su diseño arquitectónico y la estética New Age de las fachadas de las casas.
Es más, tanta importancia se le da a la imagen visual que hasta los carteles publicitarios deben cumplir con algunas normas estéticas para ser aprobados por la autoridad correspondiente.
Sin embargo, por motivos desconocidos, un día no pasa el camión que recoge la basura. Tampoco lo hace el día siguiente, ni el otro ni el otro. La gente se aterroriza y hasta el alcalde mismo tiene una crisis de ansiedad por no saber qué está sucediendo ni poder tomar cartas en el asunto.
Con la acumulación de la basura desaparecen las cualidades que mantenían orgullosa a la población. La suciedad y la fealdad se adueñan de las calles. A los tres días, el olor fétido empieza a penetrar en cada uno de aquellos hogares con antaño aroma a lavanda.
Los gusanos se apropian de los enseres domésticos, la ropa, la comida y hasta de las camas y los cuartos de baño. La invasión de animales, olores y fealdad repercute en el estado de ánimo de las personas. Surgen peleas, odios, recriminaciones. Poco a poco, empiezan a aparecer cadáveres que aumentan los males padecidos.  
El final es apocalíptico: la ciudad se evapora del mapa, víctima de su propia basura. Al lector, el asco le dura un buen tiempo; también el deseo de  reducir los niveles de contaminación de todo tipo.
Con seguridad, el responsable de recoger la basura en Zacatecas no leyó este cuento, pues dejó a las colonias de la ciudad sin este indispensable servicio durante Semana Santa. Está muy bien atender al turista, pero no se puede dejar en el olvido a la comunidad zacatecana.

*Miembro del Sistema
Nacional de Investigadores




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