Monday 16 de January de 2017

Dos México y una misma ley

Tren Parlamentario

     6 Feb 2013 03:20:00

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En el aniversario 96 de la Constitución, el parlamentarismo en la Cámara de Senadores se bifurcó en dos discursos: el de quienes aseguraron que la justicia y la equidad social -principios esenciales con que nació la Constitución de 1917- “ya fueron borrados a punta de mentiras y traiciones como la que pretenden perpetrar con la privatización petrolera”. Y de quienes consideraron que la Carta Magna “hoy más que nunca demuestra tener vida, y que prueba de ello lo constituyen las importantes reformas constitucionales aprobadas en los años recientes”.
Hablar de la Constitución vigente, en 5 de febrero, era rigurosamente abordar un tema que interesa a la República: el de la reforma energética. Pero unos lo hacían de modo directo, con tono de denuncia; y otros de soslayo, sin mención explícita de la reforma de marras,   respondiendo con el silencio, que es la otra manera de contestar en el debate parlamentario.
Directo, sin ambages, Manuel Bartlett Díaz, senador del PT, al Pleno senatorial centró: “la Constitución de 1917 es el pacto que une a los mexicanos. Se dice en la teoría constitucional. Y cuando llegamos aquí lo primero que hicimos fue protestar cumplir y hacer cumplirla”.
Era el arranque. Bartlett siguió: “que no se nos olvide esta protesta; porque las protestas son compromisos personales, morales, políticos, que luego se olvidan. Protestar cumplir con la Constitución es, primero, conocer esa Constitución, sus objetivos, su filosofía, lo que contiene y comprometernos con ella; y como trabajamos todos los días con nuevas leyes, decretos, tenemos que vigilar, siempre, que lo que votemos esté de acuerdo con la Constitución”.
Lo que decía Bartlett era algo así como el ablandador, para que mejor se cociera. “Violada en su esencia”, añadía, “estamos viviendo un régimen neoliberal que va concretando un reglamento aquí, una ley allá, maceándola, cuando la Constitución es producto de una revolución que costó un millón de muertos y es un conjunto de principios, de ideas, de luchas, que se plasman en un documento. Un documento que por primera vez en el mundo contuvo garantías sociales y compromisos sociales profundos, derechos novedosos”.
Entonces fue cuando el poblano soltó: “la Constitución establece un régimen, en donde el Estado tiene una responsabilidad social; en donde hay el mandato de una participación del Estado en la economía; en donde se establecen una serie de principios, para proteger algo fundamental que es la justicia social en el país, y eso ya se borró”.
Y apostilló: “porque la esencia de la Constitución está traicionada y tenemos por encima de ella un régimen neoliberal que se maneja desde el poder para cambiar leyes, establecer principios que son contrarios a ella”.
Punto nodal de su discurso, el de la reforma energética, que después soslayarían el resto de oradores, incluido el del PRD. “Y ya estamos planeando hacer una reforma energética para invitar al capital extranjero a sumarse a la explotación del petróleo en México”, dijo. “No. Pero el artículo 27 no dice eso”.
Nadie optó por el camino de Bartlett. Juan Flores, senador del PVEM: “nuestra Carta Magna hoy más que nunca demuestra tener vida. Y prueba de ello lo constituyen las importantes reformas constitucionales aprobadas en los años recientes, gracias al trabajo, colaboración y voluntad demostrados por las distintas fuerzas políticas”.
También, sin mirar hacia la reforma energética, el senador Raúl Morón Orozco, del PRD: “los invito a que sigamos haciendo de nuestra Constitución el faro político, la referencia ideológica sobre la que debe de caminar el futuro de la nación. Nuestra Constitución debe seguir siendo el camino y la meta, medio y fin para hacer posible retomar el nacionalismo histórico que nos legaron nuestros héroes, que estamos comprometidos a legar a nuestras futuras generaciones”.
Javier Corral Jurado, del PAN, fue quien dijo que la Constitución tenía, de 1917 a la fecha, 424 reformas. Y afirmó: “la del 17 ha sido una Constitución en reforma permanente, pero nunca con la intensidad y profundidad de las últimas dos décadas”. Pero decía lamentar que esa intensidad reformista no es la misma en los reglamentos. “Están pendientes más del 50%de las leyes reglamentarias”, dijo.
El panista expresó también: “hoy se cumple el aniversario 96. ¿Cómo lo vamos a celebrar? Pues con una nueva Constitución articulada, armónica, que responda a una interpretación realmente sistemática para garantizar de manera responsable, moderna, la función de los nuevos derechos”.
Entonces el panista planteó la “preparación del debate nacional para un proyecto de nueva Constitución o de reforma integral a la Constitución”.
Cerró la oratoria la senadora priísta Lisbeth Hernández Lecona. De reojo miró a Bartlett. Y afirmó: la Constitución de 1917 “dio pleno dominio a la nación sobre el subsuelo y sus recursos naturales y sometió a la propiedad a las modalidades que dicte el interés público”. Y remachaba: “hoy enaltecemos la promulgación de tan importante documento, que es la norma suprema de la nación, la piedra angular que rige a nuestro país”.
Eran los retratos de dos Méxicos, a final de cuentas: el real y el de los discursos abigarrados del México oficial.

vicentebello1@hotmail.com




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