Saturday 21 de January de 2017

Drogas de "la felicidad"

     2 Apr 2013 04:00:00

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El consumo de drogas y sus consecuencias representan un grave problema social y sanitario que afecta especialmente a los jóvenes. Las estadísticas que publican los organismos especializados de las Naciones Unidas y de la Unión Europea corroboran que un número importante de la población de jóvenes-adolescentes consume sustancias como el alcohol, el tabaco, la marihuana y, en menor medida, la cocaína, la heroína y otras drogas de síntesis (pastillas) con efectos demoledores.
Seguramente, muchos padres se mostraron sobreprotectores, permisivos, miedosos, alarmistas, “encogidos”, sin fuelle y sin arrestos para educar, quitándoles, de esta forma, la capacidad para afrontar los problemas con valentía y libertad, sin tener que agarrarse a las drogas y a la destrucción para seguir viviendo. Inestables, inmaduros, cambiantes, culpabilizadores, chantajistas, rígidos, severos, seguramente han generado en sus hijos sentimientos reprimidos de rabia y rencor, sin capacidad de obrar por sí mismos.
Si hubiesen tenido unos padres equitativos y democráticos, firmes, pero abiertos y dialogantes, los chicos hubiesen crecido con otros hábitos de conducta, con otras metas más nobles, con unos ideales dignos y excelentes. Estos padres, según la psicopedagoga Marisa Magaña, “son poco proteccionistas, y animan siempre a sus hijos a afrontar las dificultades de la vida con fortaleza, a cumplir las normas y leyes de forma autónoma y libre, quedándose siempre cerca de sus hijos, por si los necesitan, pero sin imponer irracionalmente nada”.
La carencia de vínculos afectivos puede influir decisivamente en la adicción a las drogas. Algunos estudios afirman que los hijos de padres alcohólicos y drogadictos tienen mayor probabilidad de desarrollar esas dependencias que quienes no tienen esos antecedentes familiares.
También se producen en la escuela, cuando se repiten los fracasos escolares, cuando el alumno carece de motivación o estímulo y se convierte en un radical “objeto escolar” que no quiere saber nada de estudio ni de esfuerzo; cuando se dan amistades con otros chicos que tienen comportamientos al borde de la ley y las normas, cuando se minimiza el riesgo de consumir las llamadas “drogas blandas”, o se aplaude el “uso responsable de drogas” sin conocer los riesgos, cuando aumenta el consumo de alcohol y tabaco.
Algunos investigadores hacen hincapié en que las drogodependencias, la delincuencia, el seguimiento de sectas, las actitudes patológicas, en general, son producto del sistema social en que estamos estructurados, efecto indeseable de las relaciones traumáticas del individuo con su entorno. Algunos jóvenes se “vienen abajo” y se refugian en el “paraíso artificial de la droga”, renunciando de esa forma a la búsqueda de su propia integridad psicológica y personal, a la valiente construcción de sí mismos. Influye la “despersonalización” de la existencia humana, la trivialidad, la frialdad y el vacío que encuentran los jóvenes a su alrededor, el querer hacer “lo que hacen los demás”, el “estar en la onda”, el aburrimiento y la curiosidad (“a ver qué se siente”), la cultura consumista del “use y tire”, la no identificación con el papel que les ha tocado en suerte, la muerte del espíritu y el materialismo envolvente, su falta de identificación con el medio y la cultura de su tiempo, la desigualdad e injusticias reinantes, el tedio del presente, la oscuridad del futuro, la carencia de una voluntad fuerte y creadora.

*Centro de Colaboraciones Solidarias




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