Thursday 23 de March de 2017

Educar para el progreso y la evaluación

     9 Sep 2011 04:00:00

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¿Después de más de tres años de crisis global se tiene la sensación cada vez más fuerte de estar asistiendo al final de una era que puede durar todavía unas cuantas décadas de inestabilidad, cambios traumáticos y sufrimiento para finalmente ir alumbrando el que deberá ser un nuevo modelo de civilización, intuyo que superpoblada y global, con un modelo de gobernanza mundial, interconectada e interdependiente.
¿Cómo afrontaremos este largo proceso de creación y rediseño de nuestra civilización?
Desde que se inició la crisis financiera hasta ahora, hemos podido comprobar cómo las economías del mundo están sometidas a la especulación de los grandes inversores y bancos internacionales; que las políticas de incremento de las demandas internas a base de emitir deuda y más deuda son insostenibles.
El problema de la gestión de los recursos naturales no puede ser tratado desde voluntades privadas en mercados no regulados.
La historia que nos ha conducido hasta aquí ha sido la historia del poder, del dinero y del "éxito”. Hemos heredado un mundo frívolo y evanescente en el que venimos cultivando denodadamente la ilusión de la predictibilidad de la vida hasta haber adquirido una obsesión patológica por la seguridad.
Pero no todo es un desastre, también hemos asistido a una expansión de la conciencia de los ciudadanos: un incremento de la demanda de democracias más participativas en un momento en el que los embates de los mercados nos han mostrado las incoherencias de combinar una economía global sin una gobernanza igualmente global. Pero, ¿por dónde se equilibrarán los vasos comunicantes con esta forma de gobierno global?
Si la humanidad ha sido y es un reflejo del estado de consciencia en el que se encuentra uno de los retos urgentes es la expansión de esta para reaccionar con igual determinación ante un asunto local la falta de consenso en la reciente Cumbre de la ONU en Roma para regular el mercado internacional de alimentos ante la crisis alimenticia que va a matar de hambre a más de diez millones de africanos durante este año.
Debemos esforzarnos para dejar de vivir en el fragmento, recomponer este mundo hecho migajas y encontrar una referencia a la totalidad que nos dé sentido.
El historiador y filósofo británico A. J. Toynbee, alertó que el auge o decadencia de las civilizaciones depende de la capacidad de responder creativamente ante los desafíos sociales y naturales a los que se enfrenta.
Nuestra civilización ha delegado en la ciencia y, más particularmente, en el avance tecnológico la solución a un progreso que es necesario revisar.
El materialismo científico está llamado a transformarse para adoptar definitivamente una perspectiva de la totalidad y una visión integral del mundo más necesaria que nunca.
Es urgente comenzar a educar para alumbrar una sociedad mundial en el corazón de cada persona si queremos rediseñar para las futuras generaciones una civilización realmente humana.

*Colaboraciones solidarias




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