Saturday 21 de January de 2017

El arte como mercancía

Periferia: Arte contemporáneo

     9 Nov 2012 04:00:00

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Subasta de El Grito.
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La idea de comerciar con arte puede resultar chocante para algunas personas. Hay una tendencia a considerar que es invaluable, y por lo tanto está fuera de cualquier forma de intercambio mercantil.
Los objetos de arte, en tanto objetos, están cargados de cualidades o valores definidos culturalmente que son difíciles de medir. Por esto persiste la idea de que un objeto de arte no tiene precio.
¿Pero de verdad podemos considerar que las obras pierden su valor al ser objeto de transacciones? ¿Cuando asignamos un precio a una pintura o escultura pierde su valor como arte?
No, el comercio de objetos de arte siempre ha existido. Desde la antigua Roma hasta nuestros días, la figura del vendedor de arte persiste, y esto no mató al arte.
¿El arte es una mercancía? Sí. Pero no es una mercancía cualquiera.
En principio, una obra de arte está siempre ligada a su autor: es producto de la maestría y creatividad de un individuo. El artista es una suerte de marca de la que, como en el caso de otras mercancías, se esperan ciertas características.
Una obra de arte es un objeto único, en tanto que la belleza, la perfección, es tan difícil de conseguir que se vuelve irrepetible. Y aunque fuera posible, ¿No esperamos que el arte, los artistas, propongan siempre nuevas cosas?
También se valora por otras cualidades como su belleza, la capacidad para trasmitir una idea, una pregunta al espectador, o su trascendencia cultural e histórica.
Basta con que un objeto sea designado como un objeto de arte para que esperemos encontrar estas cualidades en él, como si se tratara de una certificación.
Pero estas cualidades son asignadas por nosotros, no son parte del objeto en sí. Tampoco son medibles: no podemos asignar un valor específico a la trascendencia, belleza o maestría técnica de una obra.
Entonces, el valor monetario de una obra está ligado a estos valores culturales. No hay una fórmula para evaluar la calidad de una obra y definir su precio, pero sí están íntimamente relacionados.
La cualidad de irrepetibles (que en realidad no es del todo precisa) es quizá lo que mayormente contribuye a incrementar el precio de los objetos de arte, a grado tal, que en tiempos de crisis financieras, algunos inversionistas los prefieren, de la misma forma que alguien invertiría en oro para salvaguardar el valor de su dinero.
La “obras maestras” de artistas como Picasso o Matisse se consideran activos sólidos, capaces de sobrevivir, como valores monetarios, a sus propietarios y a cualquier turbulencia económica.
¿Entonces una obra de arte es tan valiosa como su precio? No. El valor real del arte es cultural: aunque esté hecha de materiales comunes (tela, pigmentos, piedra...), y sea un objeto inanimado, una obra de arte vale por su capacidad de evocar la vida, de evocar emociones y sensaciones en el espectador.

*Coordinador del Muno
Twitter: @sevendepinole




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