Monday 16 de January de 2017

El caos y la nada

     4 Sep 2012 04:00:00

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Desgasta más el no poder -que el poder. En todos los sentidos, pero afecta más los estados de ánimo de quienes no logran, por escasos márgenes algunas veces, lograr sus objetivos. No es la izquierda mexicana la que estará en crisis en los próximos meses por el enorme desgaste de militancia y liderazgo después de las elecciones de julio pasado, sino el sistema de partidos políticos del país porque no han logrado consolidar un sistema de democracia participativa y con certidumbre.
Ahora las dudas se han disipado con el fallo del Tribunal Electoral del Poder Judicial Federal pero los rencores y suspicacias despiertan las sospechas de engaño, de confabulaciones y acuerdos bajo la mesa. Exactamente como ocurrió en el 2006. López Obrador no es capaz -ni lo será, dicen en mi pueblo- de reconocer su derrota ante un país dividido y con maniqueismo rampante.
En ese escenario los partidos políticos mexicanos entran a una recta poselectoral de desgaste, de descalificaciones, de despiadada lucha de buenos contra malos, de ángeles contra demonios para acentuar más la división entre ciudadanos, en vez de lograr acuerdos, debatir en torno de las reformas electorales que el país necesita y fortalecer la militancia.
Pero la situación del país está lejos de brindar condiciones favorables para los partidos políticos, con el fin de fortalecer liderazgos y mecanismos democráticos para la participación política de sus extensas bases. Por ahora, no se permitirán esas nimiedades porque han entrado a la espiral de dimes y diretes que sólo exaspera los ánimos y violenta la relación entre instituciones.
La actividad política se debilita en un país que debería ser necesaria para resolver los problemas a los que se enfrenta, como es el caso de la violencia y criminalidad en México. Continuar con este clima de tensión y división que lleva al país a escenarios de crisis política solamente debilita al Estado y sus instituciones. Es decir, además de la violencia generalizada en el país, ahora los partidos políticos serán incapaces de reconocerse a sí mismos y sentarse a dialogar, con diferencias y confrontaciones, a construir un mejor país.
Las inconformidades existirán en todos los procesos electorales porque hay derrotados y un vencedor, pero quienes no tienen la mayoría, como ocurre en casi todos los países desarrollados, logran pactar acuerdos y reconocer el triunfo del opositor. Un escenario, francamente imposible en México.
Sin embargo, aún estamos a tiempo de lograr que este país entre a una dinámica de democracia partidista y de fortalecimiento del Estado. De otra manera, el país se irá al precipicio del pudo ser, al hoyanco del no reconocerse en el otro y a ser gobernados por un Presidente que, de entrada, tendrá poco margen de negociación y acuerdos.

*Periodista freelance  Director de elhorizontal.com




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