Tuesday 17 de January de 2017

El colonizante Obrador

     17 Jul 2012 04:00:00

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El editorial de El País, de ayer domingo 15 de julio, pregunta si conviene como líder a la izquierda mexicana un hombre dos veces derrotado “con tendencia al victimismo conspiratorio y cuyo estilo abrasivo y anquilosado le ha enajenado una parte de su voto natural. Obrador es un lastre”. Una crítica muy fuerte a Andrés Manuel López Obrador, sin duda, pero con una alta dosis de realismo. Por supuesto, no gustó ese editorial del influyente diario español a López Obrador, quien de inmediato calificó al tabloide ibérico como “colonizante”. ¿Qué significara eso? Sólo Obrador lo sabe. Si viviéramos en un mundo sin comunicación, como aquel mundo de principios del siglo pasado, tal vez colonizante sea sinónimo de invasión, de entrometerse en asuntos internos de otro país, pero en estos años de globalización utilizar ese calificativo refleja atraso. El País es un periódico que se edita en España pero de contexto e influencia en los países de habla hispana. Lo menos que pudo haber dicho López Obrador para defenderse, antes de caer en la descalificación ramplona, seria argumentar lo que cita el diario en el editorial, con la crítica y el debate que debe caracterizar a los militantes de la izquierda mexicana. Principalmente el si conviene o no que siga como líder un hombre dos veces derrotado. Habría que preguntarle, por ejemplo, al socialista Francois Hollande, presidente de Francia, quien fue derrotado no dos, sino varias veces antes de ganar las elecciones como Presidente. El mismo actual presidente de España, aunque de la derecha del Partido Popular, Mariano Rajoy se fraguó en la derrota. Si a eso se refiere el diario español, creo que se equivoca. El asunto, sin duda, no es la cantidad ni el hecho en sí,  sino cómo asimilaron la derrota. Hollande y Rajoy, por ejemplo, no se dedicaron a lo que llama El País: “tendencia al victimismo conspiratorio y cuyo estilo abrasivo y anquilosado le ha enajenado una parte de su voto natural”. Ese es el asunto central, por supuesto y esa es la diferencia de López Obrador a otros líderes que han sido derrotados. Obrador se ha dedicado a hacer berrinches, en una palabra. Y ahora López Obrador se dice sorprendido de todo. Pero, mientras estuvo en campaña, como ocurrió en el segundo debate en el que ni siquiera se refirió a su primer rival ni volteó a la cámara (error garrafal en TV) para hacer contacto visual con los televidentes, López Obrador se mostró exageradamente pasivo. Con su experiencia en comicios electorales una posición así no se explica ni tiene un hilo de lógica. Es decir, dejo de hacer para hacer después, ya tarde, después del 2 de julio. Si esa es su estrategia, mal. López Obrador le debe a El País, a sus seguidores y a quienes votaron por él, una explicación inteligente, convincente, realista, con agallas, con valentía y honestidad, para entender por qué se dedica a descalificar y despotricar en la etapa tardía de los procesos. Sin duda, sufre de tendencia al victimismo conspiratorio.   *Periodista


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