Monday 23 de January de 2017

El compadre Baleriano

Rumbo al 2012

     4 Jul 2012 04:00:00

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Una vez concluida la jornada electoral el pasado domingo 1 de julio, quiero compartir el artículo escrito por el licenciado Filiberto Soto Solís, publicado el 16 de Julio de 1998.
“He recibido una carta de mi compadre Baleriano Castillos, el de allá de Chiquihuistlán de las Ingratas, en la que se queja amargamente de la humorada más reciente que le ha jugado la vida.
Mi compadre, connotado comerciante de la región, actividad a la que ha dedicado toda su existencia productiva, se alcanzó la puntada de dejarse postular en calidad de presidente del municipio de Chiquihuistlán de las Ingratas; llegado el día de días sucedió que ninguno de los ciudadanos empadronados obsequió voto alguno en su favor; la elección recayó en otro ilustre ciudadano de aquel municipio, repetidor sempiterno en el puesto.
Se duele el hombre de haber invertido su fortuna y sus ahorros en las actividades electorales: fletes, combustible, vehículos, acarreos de copartidarios, alimentación, hospedaje, músicas, juegos pirotécnicos, reparto de equipos deportivos, obsequio de algunos materiales para la construcción, publicidad y tantísimos gastos menores que origina una actividad de esta envergadura . Toda la fortuna echada por la ventana sin oportunidad de resarcirla. El compadre Baleriano ha quedado en quiebra; está a punto de liquidar sus negocios, de tomar las de Villadiego e irse a radicar a otro lugarejo alejado de su tierra.
Sucede que don Baleriano echó al olvido la sabiduría popular que se sabe de memoria, con la que se salpica su conversación tan amena y divertida. Olvidó que no hay más amigo que Dios, ni más pariente que un peso. Niño ahogado, pozo tapado.
La carta de mi compadre abunda en quejas: que pensó que la cosa era más fácil; que le tomaron el pelo; que hay mucha competencia partidaria; que lo traicionaron sus compinches; que él no se imaginaba; que los dedazos; que las concertaciones; que los acuerdos; que los convenios de las cúpulas; que las decisiones de los supremos mandos; que tantas zaranjadas.
¡Ah que mi compadre! Cómo pudo olvidar que para que la cuña apriete ha de ser del mismo palo. Hay luchas entre cuñas del mismo palo: Adán, Abel, Caín.  Para los toros de tecuán los caballos de allá mesmo. Tan peor el pinto como el amarillo: son lobos de la misma carnada. Pelado que se ha encumbrado no deja  de ser pelado. Ya lo sabía desde antes que naciera; pero me hice guaje, me hice ilusiones. Antes ya de nacer se paraba de manos, pateaba furiosamente y la madre tan contenta, sin achaque cual ninguno. Como el perro de San Roque: chilla y chilla y con la mazorca en el hocico. Ni verlas cuando jilotes ni esperar cuando mazorcas. Ora sí que la fregamos: picados de gallo y zurrados de guajolote. Yegua mal arreada, ni regalada. La cabra tira al monte y el capón al muladar. No tiene la culpa la mula, sino el que le hace el favor. ¡Qué joda le pusieron los judíos a Jesucristo!
Esta es la sabiduría popular que usted echó por la borda, compadre, al tomar tan peregrina decisión de meterse en lo que no le importaba. Tan a gusto que se encontraba atendiendo sus florecientes negocios. Quién le mandó meterse en los avatares de la política. ¿No mira que entre la mulada nomás las patadas se oyen? Espero que la lección recibida le sirva de escarmiento.
Dedíquese a otra cosa: siembre maíz y frijol, cultive árboles frutales, atienda su parcela, instale un criadero de conejos, viaje mucho, ame mucho más a su mujer y a la naturaleza, integre otra familia, no, eso no porque implica un desorden social; pague sus impuestos, cumpla con sus obligaciones; en fin, haga cualquier otra cosa sin meterse en líos de la política lugareña que lo han dejado tan mal parado.
Para el futuro tenga presente la sabiduría de estos aforismos populares saturados de maldituría. La culpa no es del gallo, sino del arrimador. No es buen garañón el que no aguanta patadas. Muerto el perico para qué quiero la jaula. Vale más que digan aquí corrió y no aquí tronó. Nunca jamás olvide, señor compadre, que para que la cuña apriete tiene que ser del mismo palo”.

*Doctora en Derecho y consejera presidenta del IEEZ
soto@itesm.es




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