Tuesday 24 de January de 2017

El control interno y político del Congreso

Tren Parlamentario

     21 Feb 2013 03:20:00

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Llegó como esos ventarrones que mecen apenas dinteles y alerones; pero con el fuelle suficiente para alertar a la oposición y ponerla en guardia. El anuncio de que construirán una nueva Ley Orgánica del Congreso General de inmediato desató las alertas, por la sencilla razón de que esta tiene mucho que ver con el control interno y el control político en las dos Cámaras del Poder Legislativo mexicano.  
La Cámara de Diputados ha anunciado que antes de que concluya el actual periodo ordinario (30 de abril) construirá una nueva Ley Orgánica del Congreso General -justificó Marcos Aguilar, diputado del PAN presidente de la Comisión de Régimen, Reglamentos y Prácticas Parlamentarias- para “mejorar el debate parlamentario, implementar un modelo de transparencia y rendición de cuentas para funcionarios del Ejecutivo y para los legisladores y, por supuesto, eficientar el funcionamiento y organización del Legislativo mexicano”.
Pero, ¿hacia dónde realmente apuntarán los capitanes del Congreso de la Unión? Mordía la pregunta los calcañales en los territorios del Poder Legislativo federal.
La más reciente ocasión en que la Ley Orgánica de marras fue reconstruida en su totalidad, fue el 31 de agosto de 1999, en un periodo extraordinario y tras 18 meses de tremebundo cabildeo, dentro del cual el PRI -entonces partido en el poder, como lo es ahora de nueva cuenta- hizo todo lo que pudo para combatirla y desflemarla y no se constituyera en un obstáculo para el control administrativo y político que detentó, durante decenios, en las dos Cámaras.
Cierto: las modificaciones que entonces prohijaron tirios y troyanos -en el cuerpo de la Ley Orgánica- condujeron hacia nuevas figuras de gobierno y a la desaparición de otras que tenían francamente un cordón umbilical con el presidencialismo priísta. Pero, ¿fue lo que querían los hacedores de la ley de entonces? O mejor aún: ¿lo que el Congreso necesitaba para erigirse en una auténtica representación del pueblo y contrapeso eficaz de quienes ejercen el poder público?
En la reforma de 1999 (no se había reformado la Ley Orgánica del Congreso desde 1933, cuando Plutarco Elías Calles, en una reforma constitucional, predispuso jurídicamente a todas las instituciones para fortalecer al PRI de entonces, el PNR, y al Presidente de la República siendo el comienzo de una presidencia priísta que duró más de 70 años) los cambios más importantes consistieron en lo siguiente:
1.- Desapareció la Gran Comisión, un órgano de gobierno que sólo podía presidir el coordinador parlamentario del partido mayoritario. Y éste siempre había sido el PRI hasta la 56 Legislatura, porque en la siguiente, la 57,  bajó a condición de primera minoría. Es decir, el priísmo, por sí mismo, no alcanzaba la mayoría absoluta, de la mitad mas uno, y por tanto necesitaban los priístas por primera vez en la historia contemporánea del país aliarse con otros partidos para aprobar leyes, cosa que, por cierto, aprendieron rapidísimo.
2.- Dieron realce a la Mesa Directiva, que de un mes pasó a duración de un año, y sería presidida anualmente por un miembro de los tres grupos parlamentarios más grandes.  
3.- Crearon dos figuras de gobierno: la Junta de Coordinación Política y la Conferencia para la Dirección y Programación de los Trabajos Legislativos.
4.- Redujeron el número de comisiones ordinarias.
En el cabildeo de 18 meses siempre gravitó la fuerza del PRI, que sin él la oposición no podía reformar la Ley Orgánica, porque antes tenía que sustentarla en reformas constitucionales. Y una constitucional sólo era posible incluyendo al PRI.
Y logró, por supuesto, desflemar las facultades y funciones del Congreso mediante el debilitamiento de las figuras de gobierno en cierne. Verbigracia: consiguió el PRI que no incluyeran a todos los grupos parlamentarios en el derecho de presidir la mesa directiva, dejando fuera al PT, Convergencia, PVEM y resto de bancadas pequeñas. Y dejó recovecos legales para que pueda él, en alianza con otro grupo grande, permitir o no que un tercer grupo presida la mesa en determinado año político. Así se las hizo tablas al PRD más de dos veces, en alianza con el PAN, cuando los perredistas eran todavía cosa seria.  
Desde entonces, con chicanerías jurídicas cimentadas en interpretaciones que dejó abiertas en la Ley Orgánica, el PRI se ha hecho del control casi total del Congreso, apoyado evidentemente por una burocracia añosa, dueña de los ámbitos administrativos, que no pocas veces ha hecho mirar su suerte a los presidentes de mesa directiva emanados del PAN y PRD.
En todos estos años de su vigencia (1999-2013), la Ley Orgánica del Congreso ha sido objeto de reclamos opositores, que han pugnado por reformarla para dejarla como originalmente querían construirla los panistas, petistas y perredistas de la 57 Legislatura.
Después de 14 años será difícil prever el sentido de la nueva Ley Orgánica. Acaso el más consecuente será el PAN, porque vuelto a la oposición, quizá jale más hacia la democratización del Congreso. Del PRD de ahora, en cambio, no se sabe a ciencia exacta hacia dónde jalará. De entrada, no tiene, digamos, a un Pablo Gómez, como sí lo tuvo en la 54, que, confiable para la causa de la izquierda, enfrentó y confrontó sin ambages al PRI.

vicentebello1@hotmail.com




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