Tuesday 24 de January de 2017

El Cubo Blanco

     12 Apr 2013 04:00:00

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William Anastasi, Pared Oeste, 1967. Una pintura que reproduce la pared sobra la que fue colocada.
William Anastasi, Pared Oeste, 1967. Una pintura que reproduce la pared sobra la que fue colocada.

En una serie de tres ensayos publicados en 1976 en la revista Artforum, el artista y crítico de arte Brian O’Doherty (Irlanda, 1928) analizó las condiciones en que se exhibía el arte en espacios comerciales y en museos.
Hacia 1986, fueron reunidos en el libro El cubo blanco: la ideología del espacio de exhibición.
En ellos planteaba que la historia del arte moderno está definida o puede ser correlacionada con la evolución de la galería de arte como espacio físico y por la forma en que los espectadores reaccionan frente a éste.
La galería se construye con reglas precisas. El exterior, aunque parezca una obviedad, debe quedarse fuera: las ventanas son selladas, no hay muebles, las paredes se pintan de blanco, el techo es la fuente de iluminación.
Se crea una atmósfera similar a la de una iglesia. En la galería de arte no se come, no se duerme, se habla en voz baja. Aquí el tiempo no pasa, como si las obras de arte estuvieran en una exhibición eterna.
En este lugar aséptico la forma en que se cuelgan o muestran las obras tampoco es resultado de la casualidad. La cantidad de piezas, el espacio entre ellas, o la altura son determinados según el gusto de la época.
Pero en la forma de presentar la obra también hay una editorialización. La forma y el orden que se presentan los objetos terminan por establecer una jerarquía: cuál obra es mejor, cuál más importante. La distancia crea o elimina relaciones entre ellas.
Parecería que en la galería, un espacio diseñado al servicio de la estética, el espectador no tiene lugar. Su cuerpo es una intrusión, como lo demuestran, según O’Doherty, las fotografías que documentan una exposición. En ellas nunca se ve al público, son casi una composición abstracta; una mirada sin cuerpo.
Como si fuera necesario no estar en la galería. La experiencia del arte sería lo que queda una vez que se ha eliminado el cuerpo y las condiciones en que se ve, para quedamos solo con la imagen percibida a través de nuestros ojos.
Detrás de esta construcción conceptual de la galería, hay una idea que nació con el romanticismo del siglo 19, la presunción de que el espectador padece de una cierta incompetencia, de que es un mero receptor de la obra.
Sin embargo, con la aparición de el collage o formas de arte como la ambientación o la instalación, precursores del arte contemporáneo, los artistas comenzaron a considerar el espacio no como un espacio que pasa desapercibido y sirve solo como una envoltura que separa al arte de la realidad.
Ahora el arte se interpreta según el contexto en que se presenta. Esto implica que deja atrás la neutralidad del espacio de exhibición. El lugar importa, tanto por sus condiciones arquitectónicas, como simbólicas, porque determina la forma en que el público (activo, presente en cuerpo y espíritu) interpretará y se relacionará con la obra.

*Cordinador del Munó




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