Friday 24 de March de 2017

El Ejército trae de nuevo la calma a una comunidad

La vida en rancherías cambió ante la llegada de grupos armados

     19 Feb 2012 04:00:00

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  • Se quedaron permanentemente. Se quedaron permanentemente.
  • Cuando los soldados llegaron, la gente se sintió tranquila. Cuando los soldados llegaron, la gente se sintió tranquila.
  • La gente pide su presencia. La gente pide su presencia.
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VILLANUEVA, ZAC.- "¡Llegaron los soldados! ¡Bendito sea Dios!", fue la expresión del anciano campesino que hacía unas semanas había vivido largas horas de angustia.
El 7 de septiembre de 2011 en su rancho todos sintieron un temor que nunca antes habían experimentado y aunque desde ese día, por la presencia de militares y federales “los malos se fueron”, saber que el Ejérctito estaría permanentemente en el pueblo aliviaba su angustia.
Hasta junio de ese año la vida había transcurrido en Tenango como los últimos 50 o más años; sólo los sobresaltos cotidianos.
Pero el amanecer de ese 7 de septiembre marcó el fin de una vida de sobresaltos que comenzaron a tener hacía poco más de dos meses.
Los primeros sonidos que escucharon los que madrugaban los más desmañanados fueron ráfagas de armas de fuego. Eran las 5 de la mañana.
“Cuando oí, pensé de pronto que eran cohetes, pero luego dije, pero de qué; fue cuando salí y vi para el cerro los helicópteros que parecía que aventaban lumbre”, dijo una mujer de unos 60 años.
Hacía pocos minutos “que los de la escuela se habían ido, pero apenas supimos que era una balacera lo que pasaba, le hablamos al del taxi pa’que se los trajera de volada”, comentó otra mujer.
Según el testimonio de algunos vecinos todo “empezó por los invernaderos, de ahí se los llevaron como en “rialada” pa’La Hacienda”, dijeron en referencia a la un poblado vecino.

Los primeros síntomas
“Como para julio, más o menos, empezaron a llegar los malos. Todos pensábamos que andaban “halconeando”, pero en realidad vigilaban todo el rancho… luego sacamos la conclusión que querían saber que tan seguro era”, dijo un testigo.
De acuerdo con versiones de hombres y mujeres, dos meses antes del enfrentamiento empezaron a ser muy visibles “los malos”, así se refieren a los presuntos delincuentes que se asentaron en su ranchito.
“Se ponían a la entrada y salida del rancho, lo recorrían en camionetones por las noches y llegando cierta hora, no permitían que uno estuviera en la calle”, dijo un muchacho.
“En ese tiempo vimos muchas cosas que nunca habíamos visto, y la verdad sí teníamos miedo, bueno por lo menos en la casa sí teníamos miedo”, dijo otro hombre.
La vida de los vecinos de Tenango cambió radicalmente, aunque aparentemente nada pasaba, sabían que entre ellos andaba gente armada.
“Ya los hombres no se reunían en la tienda después de cierta hora ni los muchachos iban a la cancha a jugar, bueno, ni siquiera podíamos estar en la carretera esperando camión o un rait porque éramos amenazados”, dijo un joven.
El 7 de septiembre el rancho quedó como paralizado en el tiempo, “nadie salía de sus casas, no se oían ruidos después de la balacera, es que no se imagina, era como la guerra.
“Debía ver, desde los helicópteros aventaban bombas, fue muy gacho”.
La pesadilla acabó cuando llegaron los soldados y los federales. “Sencillamente se fueron”.

“¡Llegaron los soldados!”
Debido a que la intranquilidad de la ciudadanía era generalizada, por gestiones del presidente Iván de Santiago, a finales de noviembre de 2011 llegó, para quedarse por tiempo indefinido, un grupo del Ejército.
En enero pasado, José Luis Paredes Ruiz, secretario de gobierno municipal, en declaraciones para El Centinela del Pueblo, aceptó que con la presencia del Ejército había disminuido la inseguridad.
Aquí, no sólo las rancherías como la Colonia Felipe Ángeles, La Hacienda de la Encarnación o Tenango eran presa de la delincuencia sino también la cabecera municipal.
La gente habla de que con total desenfado los delincuentes se paseaban en vehículos de lujo por el jardín principal y hacían lo que les placía.
Ya para 2008, en noviembre, la población, harta de los abusos de los delincuentes, tomó por horas la carretera federal 54 a la altura de la Colonia Felipe Ángeles. Esa vez denunciaron hostigamiento, secuestros y robos.
Pedían la presencia permanente del Ejército.
El bloqueo de casi seis horas terminó cuando llegó un contingente del Ejército para vigilar la zona.
Meses después, a mediados de enero de 2009, otra vez la misma vía de comunicación fue tomada, sólo que ahora en la cabecera municipal.
Las denuncias y las demandas eran las mismas. Estaban hartos de la impunidad con que eran secuestrados, golpeados y amenazados.
Cientos de automovilistas fueron afectados, pero la gran mayoría, en lugar de despotricar contra los manifestantes, se unieron a ellos.
En medio de la inconformidad social, el Ejército tomó el control, desarmó a la policía municipal, incluido a Rómulo Ovalle Madrid, director de Seguridad Pública, quien murió asesinado en febrero de 2009.
Meses después, el Ejército abandonó la cabecera y la delincuencia otra vez hizo de las suyas, hasta que llegaron los soldados de nueva cuenta.
Con la presencia permanente del Ejército “los malosos se fueron, o por lo menos ya no se dejan ver como antes, creo que todos nos sentimos más seguros”, dijo un muchacho de la cabecera municipal.
“Es que deveras, ellos nos quitaron la tranquilidad, ya ni nuestras familias vienen del norte por el miedo”, remató.
Mientras, en Tenango todavía no olvidan aquel fatídico amanecer, que oficialmente dejó un saldo de siete lesionados, todos de la federal, y un helicóptero averiado de los tres que sobrevolaron el área.
Pero la gente de ahí afirma que hubo muertos, no saben cuántos, pero cuando levantaron las pocas cosechas, dicen que hallaron por lo menos dos cadáveres putrefactos.
Se desconoce si dieron parte a la autoridad del hallazgo.

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