Monday 23 de January de 2017

El encuentro con Jesús y su seguimiento

El Día del Señor

     15 Jan 2012 03:40:00

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Jesús llama a la puerta de quien quiere recibirlo y servirle. (Cortesía)
Jesús llama a la puerta de quien quiere recibirlo y servirle. (Cortesía)

INTRODUCCIÓN
Los  ciclos de nuestra liturgia católica, nos hacen vivir la palabra de Dios dentro de nuestras celebraciones eucarísticas durante todo el año.
De esta manera, y de acuerdo a la Liturgia de las Horas como oración oficial de nuestra Iglesia, vamos ilustrándonos, asimilando y profundizando con el impulso de la gracia, la presencia salvadora de Cristo a lo largo de la historia de salvación, en el tramo que a cada generación y sus individuos, toca.
Cristo está perennemente en su Iglesia todos los días hasta la consumación de los siglos y cuando Dios sea en todas las cosas y en el alma de cada uno de sus creyentes, quienes por el conocimiento y trato con él, adquieren la vocación que hace y la luz del seguimiento como experiencia vital intransferible y ordenada a trasmitir lo que Dios pide a cada uno para servirlo y para la edificación de nuestros prójimos, según el querer divino.


EL ENCUENTRO PERSONAL DE CADA CREYENTE CON LA PERSONA DE JESUCRISTO
Hoy, las lecturas bíblicas, la primera y el evangelio, hablan de la vocación que Dios hace a los hombres para que participen de su vida y llenos de su íntima amistad con él, sean destinados a cumplir una misión que se refiere a difundir su luz en el mundo y proclamar la salvación que ofrece a todos los hombres.
Efectivamente, la primera lectura, tomada del primer libro de Samuel, nos describe con detalle la vocación, la  consagración y la misión que llevó a cabo en la persona de este profeta, quien vivió a finales del tiempo de los Jueces en Israel y al inicio de la realeza con el rey Saúl a quien consagró por mandato divino (año 1050 antes de Cristo).
Desde niño Samuel fue entregado al Sacerdote Elí, quien estaba a cargo del Santuario de Siló. Allí, una noche Dios llamó al joven Samuel por su nombre por tres veces. El creía al ser despertado de su sueño nocturno que quien lo llamaba, era el Sacerdote Elí. Este comprendió al fin que el Altísimo llamaba a Samuel. Por esto, le indicó: si vuelves a oír que alguien te llama, le responderás:  ”Habla, Señor, tu siervo, te escucha”. Cuando por cuarta vez Dios llamó a Samuel, éste hizo lo que le indicó Elí y con su respuesta se realizó el encuentro con Dios y la misión que le confirió para ser en un tiempo en que no había reyes en Israel, el gran profeta conductor del pueblo y salvaguarda y comunicador de la revelación divina.
El evangelio de hoy, por su parte, nos describe el llamamiento de dos discípulos de Juan, el Bautista, quienes estaban con él, cuando pasó Cristo delante de ellos y fue entonces cuando el Bautista reveló: “Este es el Cordero de Dios”. Los dos discípulos al oír las palabras de Juan, siguieron inmediatamente a Jesús.  El se volvió hacia ellos y viendo que lo seguían, les preguntó: “¿Qué buscan?. Ellos le contestaron: ¿Dónde vives, Rabí?.
El les dijo, vengan a ver”.
Desde ese momento y para el resto de sus vidas. Este encuentro con Cristo marcó definitivamente sus vidas cambiándolas en pos de un seguimiento que los comprometió para colaborar en su misión salvadora.
Ellos recordarían ese día dichoso y la hora precisa en la cual fueron llamados por Jesús.
Uno de esos primeros discípulos, fue Andrés, que a su vez comunicó a Simón su hermano, el encuentro con el Mesías esperado y ya ante la presencia de Jesús, recibir de él, la vocación para ser Pedro, “roca” o “piedra”, en la cual  Cristo edificaría su Iglesia.

 
NOSOTROS EN NUESTRO LUGAR Y TIEMPO, SOMOS LLAMADOS TAMBIÉN
El Santo Padre, Benedicto XVI, exhorta vivamente a los cristianos, para que vayamos al encuentro y el seguimiento de Cristo.
Especialmente habla a los jóvenes para que sin miedo y con gran generosidad mantengan viva su fe y la alimenten con la oración y la guía del Espíritu Santo, para ser heraldos y testigos de la buena nueva de su evangelio en la Iglesia y para el mundo.
Para nosotros, los seguidores de Cristo, somos llamados para hacerlo presente, vivo y operante, todos los días, de generación en generación, hasta la consumación de los siglos.
 Es preciso escuchar su voz con fe sólida, en el silencio de nuestra oración, alimentarnos con su Palabra, hacerla vida y testimonio auténticos, recibir constantemente sus Sacramentos, de manera especial la reconciliación y la Eucaristía. Cada uno en su estado de vida habrá de responder al Señor, encontrándose con él y estando siempre dispuestos para seguirlo en las penas, las alegrías y los retos que de manera permanente se presentan a lo largo de nuestra existencia en este mundo, hasta llegar al encuentro definitivo y gozoso con él en la vida eterna.

 
ORACIÓN CONCLUSIVA
“Te damos gracias, Dios Padre, porque, como a los apóstoles, Cristo nos ha llamado por nuestro nombre a su fiel seguimiento. Por el bautismo tú nos has hecho miembros del cuerpo de Cristo y templos vivos del Espíritu Santo para alabanza de tu gloria. Es vocación hermosa nuestra vocación cristiana. ¡Gracias, Señor!.
Guíanos, Señor, mediante el Espíritu de tu verdad para que entendamos qué es ser discípulo auténtico de Jesús, en el hogar, en el trabajo, en el ejercicio de las profesiones y al servicio de los hombres en la construcción de la civilización del amor en la paz, la concordia, la unidad y la fraternidad, como arras y prenda de la gloria que con Cristo queremos alcanzar en este vida y para siempre!”.

*Obispo Emérito de Zacatecas




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