Friday 20 de January de 2017

El espíritu extraviado

CARTAS DESDE EL EXILIO

     21 Feb 2011 04:00:00

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Finalmente, una mañana de septiembre utilicé toda mi energía disponible para vencer el peso de la plúmbea depresión que dejaste caer en mí durante el año entero. Me levanté de la cama a trompicones, atrofiado por la seca inmovilidad a la que fui sometido mes tras mes, mientras tanto seguías aferrado a las delicias de la nada.
Nadabas con placer en tus ríos de lloriqueos y suspiros, degustabas las delicias de la amargura y el acre humor de la melancolía; anhelabas alcanzar la tonificante supresión.
No sólo me condenaste a sufrir el frío de la rigidez, también buscabas eliminar cualquier chispa de felicidad cósmica. Con tu suspensión idealista pretendías borrar mis lances pasionales. Cuando éstos amenazaban tu solaz desánimo, pensabas en las cosas más oscuras, tristes y nihilistas.
Mandaste a las tropas eidéticas a vapulear los brotes de optimismo y voluntad que no sucumbieron a las mortificaciones cotidianas tuyas.
Ahora las cosas están cambiando, pero tú mantienes un fervor insano por la muerte. Lo comprendo, tu dolor es inmenso, no cabe en tu espacio personal y lo quieres exportar más allá de los confines del mundo, al universo entero.
Espero que fracases en esta empresa, aunque respeto los motivos de la desventura tuya. He logrado salir de los recovecos de la mórbida quietud que aún habitas.
Como si fuese niño, volví a dar mis primeros pasos, ayudado por la memoria de los músculos, los ligamentos y las articulaciones. Padecí un leve estado de vértigo cuando pude marchar con más soltura en los parques y las calles. De nuevo, disfruté del aire y del sol, de la vegetación y los vecinos, de los perros y los gatos, del crepitar mundano y de las risas de Jano.
Sobre todo, gocé el aroma del café cuando se mezcla con la jabonosa leche. Me cociné unos sabrosos huevos rancheros y, debo decirte, que los colores del platillo brillaban con mayor intensidad que la acostumbrada.
Y ¡la música! Sí, la guitarra mística de Pat, la portentosa voz de Esperanza Spalding, los pianazos sincopados de Monk, el “tumbao” de Jaco y la poli-ritmia desaforada de Trilok.
Por fin, iba conquistando la independencia. Tus ideas fúnebres ya no menguaban el ánimo mío. Me reencontraba con la vida sin hacer caso a tus elucubraciones idealistas, ni al torbellino melancólico que poco dejaba a su paso.  
Para fortuna nuestra, sentiste pánico cuando descubriste el radicalismo de mi libertad. Me necesitabas más a mí que yo a ti para discurrir en la vida.
Recuerdo aquel día que despertamos al mismo tiempo, sólo para darnos cuenta que estábamos juntos otra vez. Cuerpo y espíritu, nuevamente unidos.

*Miembro del SNI
 




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