Sunday 22 de January de 2017

El festín de las emociones

     29 Apr 2013 03:30:00

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Pasamos la mayor parte de nuestro tiempo relacionándonos con otras personas dentro de comunidades, instituciones, grupos y sociedades. Son diversas las formas de interacción que entablamos cotidianamente, casi siempre intangibles y azarosas. Van más allá del ámbito estrictamente laboral, pero incluso dentro de éste, muchos vínculos poco tienen que ver con la economía y su manera de cuantitativa de concebir los lazos humanos.
Nuestras escuelas están orientadas mayormente a prepararnos para desplegar saberes útiles y técnicas productivas, ¿acaso las menos miopes destinan una parte importante de sus planes de estudio al aprendizaje estético y el cultivo de los valores cívicos? Por consiguiente, podemos encontrar especialistas de primer mundo que son personas zafias en lo que se refiere a la mala calidad de su conducta personal y social.
¿Quién no ha padecido a algunos de esos eminentes médicos que fastidian a los pacientes con su indiferencia y rústico trato humano? En todas las disciplinas se dan casos paradójicos de “cerebritos” que no poseen la inteligencia necesaria para mantener relaciones humanas respetuosas y fructíferas. Podríamos decir que éstas tienen un déficit importante con relación a la gestión de sus emociones.
El aprendizaje emocional es vital para el desarrollo humano y, desgraciadamente, en nuestras escuelas está ausente no sólo como práctica esencial, sino como bagaje espiritual de los profesores. Los actos de violencia que han emprendido grupos de profesores demuestran la gravedad de la situación. No se trata de deslegitimar las nociones e intereses que los animan, sino el modo desmesuradamente brutal de su protesta, porque esta infame conducta es la antítesis de la inteligencia emocional que todo docente tendría que tener.
El neuropsicólogo estadounidense Richard Davidson, experto en este campo, afirma que la inteligencia emocional incluye habilidades para poder dominar las emociones, en concreto las negativas, para que cuando ocurra una adversidad éstas no persistan más de lo necesario, porque de mantenerse interfieren con la capacidad de aprendizaje de los niños.
Este investigador ha demostrado que en muy poco tiempo el entrenamiento emocional tiene efectos positivos en el desarrollo neuronal, por ejemplo, a través de prácticas altruistas y nexos cooperativos en las escuelas básicas. También Daniel Goleman ha confirmado mediante varios estudios que el aprendizaje emocional estimulado a temprana edad produce personas más cívicas y sofisticadas en el trato social, más solidarias y compasivas con los otros.
Hijos con padres ausentes o poco amorosos son proclives a incubar sentimientos de insegurid    ad, temor y baja estima, dando paso a emociones negativas que sabotean constantemente la estabilidad mental y el sano desarrollo de la personalidad. Por tanto, los profesores y los padres tienen una gran responsabilidad en la crianza emocional de niños y jóvenes.

*Miembro del SNI
consolovin@hotmail.com




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